Una ciudad del regimen colonial, donde vivir sin trabajar
EDUARDO VELÁSQUEZ
He terminado de leer, hace apenas algunos días, la novela histórica de Francisco Pérez de Antón, titulada Los hijos del incienso y de la pólvora. Gracias a mis profesores de la secundaria, que nos enseñaron literatura hispanoamericana, entre los que se incluyeron a los entonces estudiantes universitarios Dante Liano y Edgar Palma Lau y los sacerdotes salesianos Hugo Estrada y Gervasio Accomazzi, fui desarrollando el gusto de la lectura, de cuentos, novelas y de ensayos.
En mi tesis doctoral titulada Ciudad de Guatemala 1920-1954: Sociedad y Economía propuse una periodización histórica que no deja de lado el rol que la ciudad ha jugado en el desarrollo de nuestra economía y sociedad, a lo largo de su historia. Por ello, un período trata de Santiago de Guatemala a la Nueva Guatemala de la Asunción, 1524-1776. Y uno más, que versa sobre la fundación, constitución y desarrollo de la Nueva Guatemala de la Asunción de 1776 a 1920, en un primer momento, y posteriormente de 1920 a 1954, en un segundo.
Desde los años de mis estudios de maestría en Teoría Económica, con especialidad en Economía Urbana y Regional realizados en la Universidad de Sao Paulo, Brasil, me quedó la inquietad académica de conocer mejor el desarrollo de las ciudades guatemaltecas. Por ello y para completar mis estudios doctorales en la Universidad Pontificia de Salamanca, hace un par de años tuve que leer de nuevo algunos libros clásicos de literatura guatemalteca que utilizaban la “ciudad” como escenario o ambiente en la que se desarrollaban hechos de la vida guatemalteca, real o ficticia. Por ello, disfruté de nuevo la lectura de La Hija del Adelantado de José Milla y Vidaurre en lo que fuera la “Ciudad Vieja” (Santiago de Guatemala en Almolonga) arrasada por los ríos de agua y lodo provenientes del cráter y laderas del volcán de Agua. En aquella ciudad quedó soterrada Doña Beatriz de la Cueva y su séquito, junto al Palacio de la sin Ventura, todavía pintado de negro. Así fue el destino de la esposa del Conquistador y Adelantado de Guatemala, Don Pedro de Alvarado.
También leí La Historia de un Pepe ambientada por el mismo Milla y Vidaurre en la ciudad de Santiago, ya localizada en el valle de Panchoy. De la magistral pluma de nuestro maestro Severo Martínez Peláez, pudimos comprender en La Patria del Criollo la significación del carácter del régimen colonial español y la definición de la ciudad colonial, blanca y española. Una ciudad para usufructuar el régimen colonial, es decir, una ciudad en donde vivir bien sin trabajar. De los historiadores norteamericanos de la ciudad, conocí los trabajos de Stephen Webre y de Christopher Lutz.
Los interesados en conocer los ambientes de la naciente Nueva Guatemala de la Asunción no pueden prescindir de leer a Pepe Batres Montúfar, tanto en Don Pablo como en El Relox.
Posteriormente, leí de nuevo El Señor Presidente y Viernes de Dolores de nuestro premio Nobel de Literatura, Miguel Ángel Asturias, que tienen una ambientalización en la Nueva Guatemala de la Asunción de principios de siglo XX hasta la segunda década del mismo. El libro de Pérez de Antón tiene en nuestra literatura antecedentes como los libros de Pepe Milla y Vidaurre.
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1 comentarios:
José Esteban Mejía Muñoz: (2008-07-03 00:20:11 horas)
El escritor colombiano Rafael Gutiérrez Girardot publicó una recopilación de ensayos denominada "Jorge Luis Borges, el gusto de ser modesto" (1998). Una atenta lectura de los siete ensayos nos revela la inutilidad de pregonar méritos ajenos cuando lo que se persigue es llamar la atención sobre los propios méritos
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La modestia en Borges es gratitud: "Yo, que me figuraba el Paraíso / bajo la especie de una biblioteca". Es una modestia que sólo puede tener vínculos con la lucidez. Modestia significa también, tal como anota el diccionario de Grimm, scientia, comprensión de ser oportuno.
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