¿Qué tal si mejor le metemos fuego de una vez al Congreso y a los partidos políticos? ¿Y si al andar en eso, también nos volamos ministerios, secretarías de Gobierno, “superfluas” o no tanto, y de paso el Organismo Judicial (total no es tan grande), cortes, Ejército, Policía? ¿Por qué parar ahí y no lanzarse contra financistas estructurales y ocasionales, lícitos e ilícitos, aglutinados o no en cámaras?
¿Por qué no, en justicia, hacer lo mismo con las organizaciones sociales; ONG de todo calado, nacionales o extranjeras; y de paso la cooperación internacional, incluyendo, claro, la embajada? Y aprovechando el ánimo incendiario, ¿por qué no de una vez entrarle a medios, iglesias, universidades, bancos, maquilas y el largo etcétera de cualquier entidad que no pueda acreditar estar libre de algún delito social?
Uno de los mayores triunfos de la sempiterna crisis social y política que nos agita habrá sido el abandono, no sólo de la lógica básica para entender correlaciones entre efectos, procesos y factores, sino también del ánimo para discernir la amplitud de la crisis y sus dimensiones fundamentales. Parte integral de semejante desánimo son la animadversión a la política y las burdas representaciones de ésta como cabildeo de intereses o tráfico de influencias; como acción puramente coyuntural para arreglar litigios o ganar elecciones; como actividad reservada a personalidades excepcionales o a ciertas clases o grupos sociales; como práctica, técnica o profesión especializada; como mera gobernanza; o como simple administración del poder y los servicios públicos.
La política abarca algunos de estos aspectos, quizá todos, pero es mucho más. Atañe al régimen de lo social, lo económico, lo cultural y, en general, a las condiciones básicas de la existencia humana. Por medio de la política, una colectividad busca ponerse de acuerdo sobre instituciones, prácticas y límites para alcanzar su bienestar general o bien común. Lo político nombraría el vínculo, la vida en común de una comunidad humana. No referiría tan sólo al espacio de las relaciones de poder, sino en primera instancia a la dimensión de la comunidad y a la manera en que ésta busca desarrollarse.
Nada más lejos de nuestra experiencia de dos, tres generaciones. Nada más contrario al ánimo y mentalidad prevalecientes. Sin embargo, la alternativa (que ya estamos viendo y viviendo) es ese caos nihilista que tanto favorece a los sectores de siempre y sus intereses.
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3 comentarios:
Cesar Rivera: (2008-07-02 13:38:48 horas)
Cierto, sólo porque a un grupo de interés ya no le convenga la democracia, no quiere decir que la tiremos por la borda. ¿Tenemos alternativa?
GIL ZU (SakerTi): (2008-07-02 08:39:45 horas)
Pretender destruir las instituciones educa
tivas y religiosas por la crisis seria tanto
como que renaciera El Comite de Defensa contra el Comunismo con liber-
tad de denunciar a quien nos caiga mal
para que lo eliminen.
Lo que acontece es consecuencia de 54
años de podredumbre gubernativa desde
gobernantes militares, civiles hasta llegar
a los empresarios.
No es con una revolucion violenta como se debe encontrar salida al problema.
Con la misma ley en la mano pueden rea
lizarse dos acciones :
1. La oganizacion del pueblo en un Frente
de lucha en contra de las desigualdades,
la explotacion, el analfabetismo y desde
luego la corrupcion.
2. Cambiar las Leyes por medios legales
y en esto hay dos opciones :
La depuracion en el Congreso o la Con
vocatoria a una Constituyente.
Para lo anterior es necesario la Consulta
Ciudadana o el establecimiento de un Fo
ro con participacion de todos, incluyendo
las familias que viven en los basureros.
y a los cultivadores de flores en San Juan
rene posadas: (2008-07-02 07:48:12 horas)
Por que no en lugar solo de criticar somos mas positivos y tratamos de ayudar con ideas positivas no negativas.Por ejem.El numero de diputados debe de ser de 2 por depto.pero lo mejor seria disoverlo.Los salarios se deben de reducir un 50% pues no producen absolutamente nada.y haci y haci .........
3 comentarios: