El derecho al retorno de los palestinos al Eretz Israel o la Gran Palestina.
Jorge Castañeda
En el kibbutz de Kefar Menahem, al sureste de Tel Aviv, hay un edificio donde los fundadores que llegaron a Palestina en los 30 erigieron un muro con placas con los nombres de sus padres fallecidos en el Holocausto. Por fin tuve la oportunidad de visitar el lugar donde crecieron mis primos y donde está la placa dedicada a mis abuelos, Sara y Benjamín Gutman, asesinados en 1942. Menciono la anécdota porque para muchos indirectamente vinculados al Holocausto, como yo, la postura frente al conflicto de Medio Oriente es objeto de sentimientos encontrados. Hasta mis 55 años he podido resistir el “chantaje” étnico-cultural y ya estoy viejo para sucumbir ante él. Pero debo reconocer, sería deshonesto no hacerlo, que mi primer estancia en Israel sí matiza la postura que cualquiera pueda tener frente al dilema que ha puesto en peligro la paz mundial en varias ocasiones desde la partición de 1947.
Habría tantos temas por tocar que resulta imposible hablar de todos. Abordo dos: el derecho de retorno palestino que según mi primo, un veterano y mutilado de la guerra del 73, equivale en los hechos a poner en fin a la existencia del Estado de Israel como Estado judío; y el tema demográfico de lo que los judíos llamaron siempre Eretz Israel, y que podría también llamarse la Gran Palestina.
Las negociaciones entre Arafat y Barak en 2000 llevadas por Clinton –según me platicó en Grecia en 2004– se atoraron por el llamado derecho de retorno palestino. Se trata de la exigencia de que los expulsados de los territorios, ahora ocupados, puedan volver no a un Estado Palestino con nuevas fronteras, sino al Israel histórico propiamente dicho. Y no sólo los cerca de 800 mil expulsados –muchos ya viejos–, sino también sus descendientes que pueden ser entre 3 y 4 millones refugiados en Gaza, Líbano, Jordania y hasta en Chipre. Para los palestinos es de vida o muerte el que los expulsados de aquélla época no puedan volver a su tierra, viola el compromiso sagrado que cada familia asume con un recién nacido al entregarle una llave simbólica de su casa en Israel. En las paredes de Ramala se ven los grafitis de guerreros palestinos alzando en una mano la espada y en la otra la llave. Tienen razón. Les quitaron sus casas y su arraigo para corregir la gigantesca injusticia del Holocausto, pero de la que ellos no fueron culpables.
A su vez los judíos responden, también con razón, que aceptar el derecho de retorno de los palestinos a Israel –insisto, no a un nuevo Estado con nuevas fronteras– equivale a mediano plazo a acabar con Israel como Estado judío porque, a pesar de la alta tasa de fertilidad de los judíos ultra ortodoxos, la demografía los va a alcanzar y transformará al Estado de Israel en un estado multicultural. Desde el punto de vista demográfico es la solución idónea; desde el punto de vista sionista y de todos los judíos que llevan en la frente el recuerdo del Holocausto, para todos los niños y visitantes al país en Yad Vashem, eso es inaceptable. El sentido de crear el Estado de Israel en 1947 cuando las Naciones Unidas votaron “la partición” (votación en la que México se abstuvo junto con sólo otros dos países), y cuando Ben-Gurión declaró la independencia en 1948, fue que crear un Estado judío y no un Estado secular o multicultural. Efectivamente era, y en alguna medida se sigue tratando, de una teocracia, aunque no en las playas de Tel Aviv.
Ahora bien, si Israel, compresiblemente, rechaza la creación de un Estado Palestino para negar el derecho de retorno (como sucedió en 2000) se acentuará entre muchos palestinos y árabes en general la idea de que conviene esperar el desenlace demográfico de la región. ¿A qué se refiere? Muy sencillo. Israel tiene entre 5 y 6 millones de habitantes, de los cuales cerca del 80 porciento son judíos: ashkenazis, etíopes, sefarditas y de todo tipo. Pero si se suma la población árabe de Israel, a la de Gaza y a la de la Rivera Occidental del Río Jordán (en realidad un arroyito), hay un virtual empate de población árabe y judía en el Gran Israel o la Gran Palestina. Pero como el crecimiento demográfico de los palestinos es mayor que la de los judíos (salvo los ultra ortodoxos), en dos o tres decenios habrá dentro de las fronteras del Estado de Israel mayoría no judía. Si Israel sigue siendo una democracia como ahora –sui generis sí, pero menos imperfecta que la que de cualquier país árabe– inevitablemente esa democracia desembocaría en un gobierno goy, es decir árabe, musulmán, o ambos. Esto es inaceptable para los judíos, pero es cada vez más llamativo para los palestinos.
Llevan 2 mil años, o 60, tratando de cuadrar el círculo y no han podido. Termino con la versión israelí del dicho atribuido a Díaz: pobre Israel, tan cerca de Dios y tan lejos de Estados Unidos.
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3 comentarios:
Luis Estuardo Espinoza: (2008-07-04 13:37:04 horas)
El mundo siempre ha callado las repugnantes violaciones a los Derechos Humanos que los sionistas hacen a diario con la poblacion civil de palestina. Les robaron sus tierras, los expulsaron contra su voluntad, se adueñaron del poco agua potable que hay en esa zona desiertica de oriente medio, a los palestinos que quedaron, los oprimen en gaza a un nivel pero que guetos (gaza es el territorio fisico mas densamente poblado del mundo), el cisjordania los encierran en cantones separados por las autopistas israelies, y el muro que ya fue declarado ilegal por la ONU.
En fin se puede hablar mucho de este tema, libros se han escrito decenas, en particular recomiendo este par de joyas: "la limpieza etnica de palestina" de Ian Pappe, editorial critica; y "Sionismo: el real enemigo de los judios", de Alan Hart.
Felicidades al columnista por escribir este tema importantisimo, del cual no se habla mucho.
Roberto Ximenej: (2008-07-04 11:20:19 horas)
Mas halla del derecho Palestino, una de las con tradiciones, sin explicación es como un estado judío, puede crear un Gueto de Palestina, tal como los que los alemanes hicieron para los judíos en Alemania, Polonia y Austria. No hay razón, excusa, o justificación y el mundo vuelve a callar...
GIL ZU: (2008-07-04 09:18:29 horas)
En mi Apologia de la Historia Universal
en Verso he incluido el poema a la Ciudad
de Nablus. Ubicada en un lugar estrategi
co entre Palestina e Israel.
En Israel son reconocidos utilizando en los autos chapas amarillas mientras que
en el Senado Palestino tienen representa-
cion. Es un lugar historico llamado por al
gunos lugar Santo, de Samaritanos.
Cuando lei la historia de Nablus me imagine a una mujer Samaritana sujetan
do en cada una de sus manos a un niño
Palestino en una mano y en la otra a un
niño Israeli.
Cercano a Nablus se encuentra el Monte
Jarzim en donde se cuenta que Moises
recibio las Tablas de la Ley.
Palestina tiene el derecho que tuvo Israel
para contar con su propio Estado. No deben de continuar como Parias en su propia tierra. Desde Mexico. SakerTi
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