No habían acabado de estallar los cohetillos, cuando ya se había opacado el lustre de la operación militar que liberó sin disparar un solo tiro a 15 rehenes de las FARC, entre ellos a la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt.
María Olga Paiz - mopaiz@elperiodico.com.gt
Un día después del espectacular rescate una radio suiza reportó que el Gobierno de Uribe había pagado a dos guerrilleros US$20 millones en calidad de rescate por la liberación de los secuestrados. El medio informativo no reveló su fuente y sólo consignó una versión, según la cual una combatiente prisionera del Ejército habría actuado como enlace para convencer a su marido también miembro de las FARC de colaborar con las Fuerzas Armadas a cambio de bolsillos llenos y la promesa de asilo en Francia o España. La sugerencia no confirmada bastó para que los espanta brujas gritaran “montaje”.
Es curiosa la facilidad con que levanta vuelo el soplo de la sospecha y la rapidez con que esta caldea los ánimos de mentes calenturientas, abundantes en nuestro hemisferio. Los tiros que no se dispararon en el Guaviare, se los han dado y a mansalva políticos, espectadores y, con más libertad editorial, cibernautas escudados en el anonimato. Y bueno, no hay que ser simpatizante de las FARC para ver lo absurdo de algunas versiones que colocan a Betancourt sorbiendo daiquiris en la selva colombiana y disfrutando de un largísimo y exótico sabático. Como tampoco hay que ser un lamebotas para dudar que Uribe haya escenificado a lo Hollywood el rescate, con los judíos como directores y los gringos como productores ejecutivos del cortometraje.
Para esas mentalidades retorcidas los hechos y las personas reales son tan solo materia bruta para elaborar sus fantasías desmesuradas y paranoicas. Yo me atengo, como Santo Tomás, a las imágenes conmovedoras de una mujer abrazando a sus hijos tras la larga separación.
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1 comentarios:
Juanpa Escobar: (2008-07-07 08:35:47 horas)
Un fin tan noble, justifica todos los medios. Sin embargo, nos importa saber la verdad y no ser engañados por cuentacuentos. Que no nos engañen al estilo del cínico Bush con las bombas biológicas o del Ministro del Interior español con que los vascos habían volado los trenes, etc. En el rescate de la Sra. Betancourt, uno se pregunta si los guerrinches viajan en grandes helicópteros como para que tan tranquilamente hayan caminado hacia el que les llegó y si con simples playeras chegueravistas se les puede engañar ¿realmente son tan tontitos?; pero lo más curioso es que no se haya disparado ni un solo tiro, aunque el jefe a cargo de los rehenes se dejó desnudar y maniatar, podría haber sido parte de un guión teatral; bonito hubiera sido y hubiera mejorado la credibilidad, que lo hubieran tirado del helicóptero, defecado del miedo, desde unos 2 km de altura. De todos modos, el nobilísimo fin del rescate, justifica cualquier medio.
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