El 10 de julio hice un viaje a El Salvador. Antes de pasar las fronteras quería cambiar unos quetzales por dólares, por cualquier eventualidad. Al momento de solicitar a uno de los cambistas el servicio, y a otro que me hiciera el trámite para pasar la aduana, me acorralaron unos ocho individuos en la puerta del carro. Me acosaron tanto y me puse tan nervioso que llegué a no saber qué hacer, volviéndose una experiencia desagradable. Al salir de Valle Nuevo, sin darme cuenta, me saquearon Q850. Al llegar a la frontera de Chinamas, las autoridades solo me pidieron mi cédula, y con una sonrisa me dijeron que pasara adelante, deseándome buen viaje. Esto, tanto de ida como de regreso. Qué diferencia.
Al momento de pasar Valle Nuevo de regreso, observé que los mismos que me acosaron y saquearon estaban sentados en una loma en lo alto de donde está Migración, probablemente esperando a su próxima víctima. Es impresionante que uno tenga que pasar por esto. Yo soy guatemalteco; ya me imagino lo que le han de hacer a los turistas.