Este fin de semana, una madre encontró al hijo que andaba buscando. Lo halló en el cementerio de San Juan Sacatepéquez, enterrado como XX. El muchacho, de 20 años, había sido secuestrado el jueves a medio día, afuera de FPK, donde trabajaba. Aunque sus compañeros vieron cuando cuatro hombres armados lo introdujeron por la fuerza en un vehículo verde, nadie dio parte a las autoridades – ¿para qué? si aquí nadie nunca hacenada –. La madre fue, diligente, a presentar la denuncia a la Comisaría 13, y señaló que el joven había recibido amenazas de muerte por parte del padre de su novia, que estaba embarazada. Como la Policía le dijo que no actuaría sino hasta el lunes, se fue a pegar volantes con la foto de su hijo desaparecido en cuanto poste de luz se cruzó en su camino, y a pedir ayuda a Notisiete y a Radio Estrella –así tal vez a alguien se le ablandaba el corazón –. El fin de semana puso en venta un terrenito –“porque aquí nada camina sin dinero”– y se dedicó a recorrer hospitales en busca del desaparecido.
Ahora la madre, ocupada en exhumar el cadáver de su hijo para luego volver a sepultarlo, ya no tiene cabeza para enjuiciar a los asesinos –y ¿para qué?–. El padre de la joven embarazada, que no pensó en entablar una demanda que obligara al muchacho a responsabilizarse de la paternidad –¿en este país?– y prefirió, presuntamente, pagar a los sicarios para ajusticiar al muchacho, podrá seguir con sus aspiraciones a ocupar un cargo público. “Allá ellos, los que voten por él”, sentencia la madre. Los mercenarios esperarán un próximo encargo.
Aquí podrá ir mal la economía y la gente dejará de comer Pollo Campero, pero siempre habrá para los servicios básicos como los que ellos prestan. Un país sin justicia es un país de venganzas: para los que resuelven de oficio pequeñas rencillas y zanjan diferencias hay chamba de sobra.
1 comentarios: