Raras veces me arriesgo a decir que identifiqué al Ser con sólo
atisbarlo, más allá de su tiempo y circunstancias. Pero a veces ocurre
que su energía es tan nítida que es imposible ignorar a un Maestro.
Claro, nadie está inmune a correr tras el falso brillo del oropel. Pero
al final no existe engaño. Somos lo que somos a pesar de máscaras y
jeroglíficos.
Me ocurrió con William Lemus hace más de diez años, cuando lo conocí.
No fui un lector ordenado de su obra, quizá porque brotaba por todos
lados: antologías de cuento y teatro, ensayos y poemas, y en las
crónicas de los premios literarios que tantas veces ganó. Al verlo la
primera vez pensé: “parece un Maestro”. Después aprendí que estaba ante
un Ser excepcional.
A finales de los 90 me llevó a su programa en Radio Universidad.
Nuestra materia era estrictamente poesía, e hicimos el pacto de no
tratar sobre política, por lo que William me corrigió repetidas veces
con paciencia de arriero. No sé por qué acepté leer poemas, si estuve
siempre más atento a leer sus gestos de aprobación o rechazo. Pero me
lancé una serie de poemas breves trabajados en un viaje reciente y que,
según yo, tenían cierto ritmo. ¡Para qué contar! Terminé citando, a
manera de excusa, una expresión que le oí, en una de esas raras
ocasiones –fue en el apartamento de su traductora al francés, en
Condesa, Ciudad de México- en que Augusto Monterroso hablaba dejando
inermes a los comensales: “Todos, en algún momento, cometemos algún
poema”. William se destornillaba de la risa frente al micrófono.
Años después, Mario Monteforte nos volvió a reunir con cierta
periodicidad en su apartamento de La Hondonada, en Vista Hermosa.
Platicábamos, ahora sí, de política, pero entonces conocí otra faceta
de William, la del médico. Era un médico no tradicional: ni se asumía
guardián del conocimiento, y siempre estaba abierto a escuchar las
creencias de los neófitos. Como buen fabulista, de todos rescataba
moralejas. Pero, además, desarrolló tratamientos, que según una amiga
mutua, la diplomática mexicana Carmen Moreno, eran infalibles, pues
ella era prueba andante. Para Carmen, William era algo así como la
encarnación del título de uno de sus celebrados libros de cuentos: El
hombre que curaba la muerte. La mañana del 26 de junio, cuando abrí el
diario y encontré su esquela, un frío metálico se transportó por mi
espalda. Pero automáticamente me sentí curado al verlo sonreír mientras
caminaba alzando su bastón.
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5 comentarios:
CHEMA RUBIO : (2008-12-26 05:11:05 horas)
He tardado mucho en saber del fallecimiento, de mi doctor, y amigo William L.
Aun tengo ese libro
HISTORIA DE UN PUEBLO MUERTO desde el 92, y la última vez que hable con él en guate, en el 2006, junto a Mx, y la "sobrina" creo, de willian.
Vaya para todos ellos, un sincero saludo.
Ariel Montoya: (2008-07-27 04:36:04 horas)
William, donde estás? En la cantina cerca del aeropuerto o en el Bar de la Zona uno de Guatemala, desde donde siempre estarás, hermano, cerrando horarios y abriendo auras desde tu sonrisa de niño y anciano, de hombre eterno!
Mi papa Max y yo, desde Managua, te vendremos a buscar siempre, no importa que no nos recibas en tu mansión de silencio, pues nos tendrás en el palacio de tu sonrisa!
Carlos Castro-Furlan: (2008-07-14 12:00:48 horas)
Otro buen amigo que se lo lleva la muerte.
Muchas gracias a Edgar "Gato" Gutierrez por su articulo sobre William Lemus.
A como decia mi querido "chero" Roque Dalton "...tengo tantos amigos muertos, que cuando me miro al espejo creo que soy inmortal.
Un dia de estos te alcanzamos mi querido William y entonces si podremos conversar de guitarras, canciones y poemas sin que el tiempo finito de la vida nos lo impida.
Salud William.
Manuel Aler: (2008-07-14 10:38:54 horas)
Buena semblanza del maestro Lemus.
No sé si el error es del columnista o de los (des)correctores, pero uno no se "destornilla" de la risa; a menos que por eso enloquezca. Uno, al reír sin poder contenerse, se desternilla.
Ernesto Sandino: (2008-07-14 08:22:06 horas)
Anteriormente yo creia y expresaba, que todo tenia remedio o arreglo, que solo la muerte no lo tenia.
Ahora con William Lemus, aunque no lo conoci, pero por el presente articulo, puedo reconocer que incluso la muerte tiene remedio, es mas, William Lemus curo su propia muerte.
Y El no es el unico, aunque no existen muchos, y esto es por que no queremos encontrar la verdad y buscamos la vida donde no existe.
El pueblo al poder!
Solo el pueblo salva al pueblo!
Adelante Guatemaya!
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