El 12 de este mes apareció en Prensa Libre un editorial que me dejó la sensación de acabarme de fumar, desposeído de vestimentas y de cerebro, un cigarro de marihuana en la cúpula de la catedral metropolitana.
Por: Raúl de la Horra/Follarismos
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Se trata de una de esas joyas del pensamiento que seguramente figurarán algún día en el frontispicio que conduce a la beatitud absoluta. Para que también usted pueda disfrutar de la perplejidad euforizante que tuve el horror de experimentar, transcribo a continuación algunos de los párrafos más iluminados de esa epístola: “Nigeria y Guatemala encabezan la lista de las naciones con el mayor número de jóvenes con profundos sentimientos religiosos, pues el porcentaje de quienes rezan todos los días se sitúa en el 90 por ciento. “A la luz de esa medición, Guatemala tiene una juventud temerosa de Dios y, se supone, obediente de sus mandamientos, entre los cuales sobresalen el respeto por la vida humana, el amor al prójimo, y la prohibición del hurto, la fornicación y el adulterio, el falso testimonio y la codicia de los bienes ajenos (…). “(…) Según el censo del 2004, el 64 por ciento de la población se confiesa católica, y más del 30 por ciento, evangélica. Pero resulta oportuna (esta estadística) para reflexionar acerca de una pregunta frecuente respecto del nivel de conflictividad del país: ¿por qué razón, con tantas personas con principios cristianos, hay tanta violencia, criminalidad e irrespeto de la vida?” La pregunta es razonable. ¿Cómo la responde el autor? Con una idea que obtendría el premio Nobel: ya que en el país hay más o menos 10 por ciento de gente mala, hay que meterlos presos, así el 90 por ciento restante viviría en paz. Genial. Francamente genial. Con reflexiones así, ¿quién necesita marihuana ni periodistas? |
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