Esa comunidad de hermanos que me dejó grande vivencias.
José Rodolfo Pérez Lara
El domingo pasado, Juan El Gringo Aguirre cerró una agenda de vida con el brillo de un campeón. Su partida estimula mi memoria y, con ello, seguramente irradiaré con mis palabras la nostalgia de hijos y nietos de hombres que Dios bendijo, como a mi papá, Chito Pérez, dándoles la oportunidad de poder ser parte de la familia del Club Hércules. Este es un mensaje de honor para herederos y guatemaltecos que hoy me leen. El ejemplo es de valor inapreciable y dura ya 99 años. Supera con mucho la excelencia deportiva, porque se han magnificado como hombres íntegros, protagónicos en la vida nacional, líderes en todo terreno. Como empresarios o profesionales, pero por sobre todo como amigos. Me constan las cosechas del fruto de la solidaridad y la identidad que mostraban aquellos “herculinos” a lo largo de sus vidas. Esa comunidad de hermanos me dejó vivencias que inundan mis pensamientos.
A partir de 1909, esta organización contribuyó con atletas de valores éticos, que ocuparon y hoy ocupan espacios que trascienden a la historia en Guatemala. Mi deseo de escribir estas líneas se origina en un ambiente cálido, en la práctica de un deporte sano. Mi recuerdo de niño, en aquel edificio antañón de la 13 calle entre 11 y 12 avenidas, transpiraba armonía y cordialidad, simplemente fue encantador y era el lugar donde desfilaban las mujeres más lindas de la ciudad.
¿Cómo no recordar a Francisco El Viejo Montes, Ricardo y Quique Godoy, Gonzalo Palarea, Chente Soto, Carlos Aguirre, Héctor El Nigua Mansilla o Guillermo Luján? Todos ellos son ejemplos muy apropiados para definir la amistad. La simpatía de René El Trompudo Mena, Renato Chucho Lorenesi. Maestros del tenis como Tacuazín Ortiz y Chepe García no se pueden quedar en el olvido. De mis tíos postizos, Luis El Chato Díaz Gaitán y Jorge Braham, Julio Castillo S. Del cariño para mis hijos del pediatra de todos los tiempos, el doctor Carlos El Canche Lara.
Si de galardones deportivos hablamos, en la época de oro del deporte amateur, el Club Hércules las ganó todas: fútbol, básquetbol, atletismo y tenis. Estos triunfos llenan de trofeos las vitrinas de su edificio y, a nivel nacional, el aporte al país está cubierto de glorias.
Hoy dejo constancia de estos momentos imperecederos en mi vida, que me provocan sentimientos encontrados de alegría, porque al fin y al cabo, ¿quién le puede quitar a uno los disfrutes de la vida, pero también de tristeza? ¿Quién puede repetir siquiera por un instante ese gozo?
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