Uno de los problemas más graves que enfrenta Guatemala es la creciente fuga de cerebros, es decir la emigración al extranjero de científicos, académicos, profesionistas, técnicos, artistas y, en general, del recurso humano mejor calificado, en detrimento, por supuesto, del interés nacional.
Entre las causas de esta pérdida de capital humano estratégico se cuentan las siguientes:
1) Falta de oportunidades de desarrollo personal y profesional;
2) Falta de inversión en investigación y desarrollo tecnológico;
3) Creciente inseguridad y riesgo personal;
4) Inestabilidad política y económica;
5) Falta de programas de actualización profesional, que aseguren el acceso a nuevas tecnologías, así como una competitividad de clase mundial;
6) Aumento del índice de desempleo y subempleo de graduados universitarios que egresan anualmente; y
7) Mejores opciones de retribución económica en el extranjero.
La fuga de cerebros es uno de los principales síntomas de la decadencia social, o sea del agotamiento, deterioro o desgaste de una sociedad. En todo caso, una sociedad que pierde su mejor recurso humano, además de estancarse, se torna desorientada, confundida y mediocre.
Lo común en una sociedad rica en oportunidades de superación y desarrollo personal es que la gente talentosa vaya al extranjero a enriquecer sus conocimientos y a perfeccionar sus destrezas y habilidades, y que después retorne a su país a dar de sí, a triunfar en la vida e irradiar ese éxito a la comunidad a la que pertenece. Luego, la regla es que los talentos regresen al lugar de origen después de concluir los respectivos procesos de capacitación o especialización, y la excepción es que se queden en el extranjero. Por el contrario, una sociedad decadente no ofrece esperanza y, por ende, alienta a sus talentos a emigrar y ubicarse permanentemente en el extranjero.
El estado de ánimo de los jóvenes en este país es un signo claro de la frustración que los embarga. Una inmensa mayoría de ellos está inconforme con la realidad que les ha tocado vivir, caracterizada por la violencia, la inmoralidad, la corrupción, la ingobernabilidad y la mediocridad. Muchos opinan, con absoluta franqueza, que si tuvieran la oportunidad de emigrar al extranjero lo harían sin inmutarse.
Inequívocamente, han perdido la fe en un futuro promisorio para Guatemala. Les indigna, por ejemplo, que cada grupo político que se turna en el ejercicio del poder público no trabaje con lealtad para el país, sino que se limite a resolver los problemas económicos de sus correligionarios, amigos y familiares. Concluyen, pues, que los políticos son consecuentes con sus intereses particulares y desleales con la noción de bien común. En suma, la fuga de cerebros está poniendo en riesgo nuestro proyecto de nación, por lo que debe contrarrestarse con inmediatez, suficiencia y pertinencia.
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