No me toma por sorpresa que Marivi Véliz escriba un artículo de reclamo hacia los curadores de la XVI edición de la Bienal de Arte Paiz.
Rosina Cazali/No lugar rosinacazali@gmail.com
No me toma por sorpresa que Marivi Véliz escriba un artículo de reclamo hacia los curadores de la XVI edición de la Bienal de Arte Paiz. A la salida del encuentro que menciona me topé con un grupo de ofendidas asistentes espetando, el conversatorio con los curadores no había llenado sus expectativas teóricas. Por razones en las que no ahondaré, sólo menciono que el espacio para el encuentro teórico sí fue propuesto pero no tuvo eco. Y que todas las conferencias y la invitación de jurados fueron decididas por la Fundación que patrocina la Bienal.
Entre colegas existe cercanía, para preguntar por qué sucedió esto y no aquello. Cualquier investigador, o teórico, que se precie de serlo, inicia por motivar un diálogo y no actuar desde el manido esquema de satanizar a los curadores como puro deporte, y menos enjuiciarles desde el desconocimiento. Apoyarse en la pregunta de un escritor tan respetado como Francisco Nájera, para sugerir que se estaban formulando preguntas trascendentes, es bastante cómodo. Si la expectativa era encontrar una explicación sobre el tópico del individuo y sus circunstancias jamás escuché, durante el mencionado conversatorio, una pregunta que propiciara alguna reflexión. El tema base se desarrolló y se entregó en forma de documento a cada uno de los artistas invitados. Una aproximación fue desarrollada en mi columna pasada. Decir que el tema propuesto es un eufemismo del realismo mágico revela inexperiencia en el oficio de la curaduría y su manejo de conceptos.
Desde hace varias décadas, curadores de exposiciones y bienales han formulado títulos originales o desde la apropiación de formas ya existentes. Generalmente toman como punto de partida la levedad del epígrafe como impulso e, inmediatamente después, desarrollar contenidos. Por ejemplo: La antropofagia nos une, sustraído del manifiesto de Oswald de Andrade por Paulo Herkenhoff para la 24a. Bienal de Sao Paulo. El tercer margen del río, como título de la Sexta Bienal de Mercosur dirigida por Pérez Barreiro, Cocido/Crudo tomado de las teorías de Lévi-Strauss para una exposición de Dan Cameron en 1994, etcétera.
Coincido con la autora en que las circunstancias que definen a los individuos son infinitas. Pero, si hubiera hecho su tarea, podría reconocer que interesa aquel que se refleja a través de las obras. Hasta elemental es el ejercicio de ubicar a ese individuo en el tuk tuk de Riedel, el que se rinde ante el payaso de Santizo o discute la intimidad desde Córdoba, Argentina. Pero la mirada siempre es egocéntrica y, al no encontrar lo que desea y exige, Marivi nos ha señalado de incompetentes. Aún así, asumimos el riesgo de las limitaciones que supone una estructura preexistente, en la cual no tuvimos mayor injerencia que la mediada por el director general. Aprovechamos la invitación de manera responsable. Quedaron flecos por resolver pero salimos a dar la cara por los artistas y por ese grupo de personas que batalla por el posicionamiento del arte contemporáneo y sus oficios; donde se incluye Marivi. Eso, que yo sepa, no es precisamente darle la espalda a la sociedad.
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2 comentarios:
Patricia Cifuentes: (2008-07-27 15:59:14 horas)
¿¿¿¿¿¿¿??????? Creo que en el primer párrafo de esta columna, se resúme lo que puede ser el interés común: "...el conversatorio con los curadores no había llenado sus expectativas teóricas. Por razones en las que no ahondaré, sólo menciono que el espacio para el encuentro teórico sí fue propuesto pero no tuvo eco. Y que todas las conferencias y la invitación de jurados fueron decididas por la Fundación que patrocina la Bienal"... A este punto, creo que está claro que nadie está cuestionando la participación de los individuos directamente, más bien, me parece que con la estructura actual, cualquier grupo de profesionales no va a ser ni eficaz, ni eficiente, al márgen de las destrezas, habilidades, conocimiento y experiencia que llegue a tener en su conjunto. Además, cualquiera de los que nos hemos acercado a alguna puerta, ventana o pequeño agujero de esta actividad, es porque nos interesa el tema, seamos expertos en alguna especialidad o público. Pero esta Bienal, ya está siendo historia a la luz de la inauguración y desarrollo de FILGUA y pasará posiblemente a verse más nublada, en cuanto se inaugure el Festival del Centro Histórico en Agosto y Foto 30 en Septiembre, etc. Posiblemente exista cercanía entre colegas, pero fuera de este círculo que no conozco bien, también es válido que existan espacios permanentes de evaluación de todas las actividades, para que se incorporen los aportes valiosos que ayuden a superar las dificultades y a avanzar en el desarrollo de acuerdo a las metas que se pretendan alcanzar en cada plazo.
María Victoria Véliz Flores: (2008-07-23 12:16:34 horas)
Nunca he ejercido como curadora, salvo como parte de una clase en la Universidad, pero creo que eso no me exime de emitir una opinión, ni me aleja de los conceptos de la curaduría, puesto que están muy apegados a los del arte y el pensamiento. El hábito no hace al monje. Miguel Flores, por ejemplo, fue curador para esta XVI edición de la Bienal y antes no había curado ninguna obra de arte contemporáneo. Curiosamente, 4 de las obras reconocidas por el jurado habían sido curadas por él.
En ninguna parte de mi texto se dice que los curadores sean incompetentes, ni intento satanizarlos. Se dice que tuvimos curadores incapaces de asumir el papel intelectual, de cuestionar su propia experiencia. Y para mí ese es el punto clave. No creo que haya que esperar a ningún evento teórico para decir lo que uno piensa, mucho menos después de tanto trabajo. Lo que pasó el día de la conferencia del comité curatorial es que no hicieron una reflexión del proceso, ni de una obra, ni de sus propias experiencias. Desde el público cambiar el giro de la conversación allí era muy difícil, habría que haber hecho una performance o algo por estilo, que rompiera los canales de comunicación que se estaban manejando. Abordaron los problemas de los montajes de las obras, la comunicación entre ustedes, cómo se hacen las bienales del mundo, suponiendo una fórmula...etc
Se ha hablado del curador como un nuevo tipo de intelectual y eso presupone un compromiso crítico con toda la sociedad, que no está solamente sujeto a los ensayos y a los eventos. La crítica de un intelectual también es la opinión más espontánea en cualquier momento, y creo que aunque no sea la más acertada siempre ayuda, desencadena otras ideas. Buscándolas fuimos muchos, porque son las únicas que podrían trasmitir el conocimiento alcanzado por ustedes.
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