Creo impertinente la reforma del Impuesto Sobre la Renta que pretende endosar una función fiscal ad-honórem al Contador Público y Auditor. El oficio de la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT) es la recaudación y control, con sus recursos, de impuestos, y es irresponsable que carguen a los CPA tales obligaciones. La función profesional independiente se ciñe a la revisión y dictamen convenido entre el cliente y auditor. Las fases de estos trabajos incluyen presupuestos y su ejecución, sistemas y su organización, principios contables, situación financiera y económica de la empresa. A la conclusión del trabajo el Contador-Auditor presenta su dictamen claro, imparcial y justo. No por ello adquiere compromiso alguno con los impuestos, que son de la empresa.
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