Esta es la azarosa vida de los cobradores de deudas de un banco.
Marta Sandoval
Andrés toca fuerte el portal de la vivienda marcada con el número 5, pero nadie atiende. Tras varios minutos, nota cómo la puerta negra y delgada comienza a descascarillarse y una línea de óxido se apodera del metal. Cuando está por desistir, alguien responde: una señora de bata floreada y pantuflas, que apenas lo ve, le indica que entre y espere. Andrés la sigue con pasos asustados y miradas investigadoras en cada dirección. Ella corre, él duda. Entra como si temiera una emboscada.
Andrés trabaja desde hace 6 años como cobrador para un banco nacional y ya tiene un amplio catálogo de artimañas para conseguir que le paguen. Repartir volantes anunciando un moroso, amenazar con demandas, llevarse objetos de valor o prometer que la foto del deudor saldrá en los periódicos, son algunas de ellas. Pero a cambio, él recibe insultos y agresiones. “Tenemos mala fama, sí, pero a nosotros también nos tratan mal, eso hace que estemos a la defensiva casi siempre. Es un círculo”, confiesa. También es un círculo el de los morosos y los cobradores, estar de un lado o del otro es cuestión de suerte. Andrés y sus compañeros saben bien que si no cobran, su cheque de fin de mes será flaco, tan flaco que no alcanzará para pagar sus propias deudas y entonces se convertirán en unos morosos más, como esos que todos los días los maldicen o se les esconden.
Dentro de la casa, Andrés descubre que no hay emboscada. Solo un televisor transmitiendo la novela de moda y una mujer petrificada frente a la pantalla. Un vistazo rápido le hace concluir que la señora no tiene dinero y que el único objeto de valor es ese televisor. “Me lo tengo que llevar”, amenaza, y la abuela baja la mirada y suelta un “ni modo” entre sus dientes postizos, “pero hasta que termine la novela”. A Andrés le parece un trato justo y acepta el café que ella amablemente le ofrece, se sienta a su lado y se entretiene con las penas de las mujeres de la pantalla. Al menos, esas no son reales.
Llevarse objetos a cuenta de la deuda es una práctica poco ética, a criterio de Santiago, otro de los cobradores, “tenemos que quitarle a la gente lo que legalmente le pertenece”, dice. La ley prohíbe incautar objetos si no hay una orden judicial, pero los cobradores se las arreglan para que la gente acceda a entregar “voluntariamente” sus pertenencias.
“A veces extorsionamos y amenazamos con demandas que no son ciertas, o incluso llegamos a difamar a los clientes con los vecinos”, confiesa. Como en Guatemala ese tipo de acoso no es un delito, pueden llamar cien veces al día, plantarse frente a su casa o telefonear a todos sus parientes sin caer en ilegalidades.
El trabajo del cobrador es incómodo, no hay duda, nunca son bienvenidos y viven en una carrera por conseguir pagos, que significan también el ingreso propio. Es un negocio donde sólo aquel que consigue cobrar gana. Y hay mucho por ganar, si toma en cuenta que la cartera de morosos en los bancos del sistema asciende a Q2 mil 771 millones.
“Son como terroristas”, dice Antonio, un joven de 23 años, que se siente acosado por una empresa de cobros. “Yo pagué mi tarjeta, pero nunca tomaron nota del pago. Llamaban a diario, enviaban cartas amenazando con demandarme, contactaron a toda mi familia y a mi novia para decirles que yo era un moroso, cuando ya había pagado”. Para conseguir la dirección de la casa telefonearon a una tía de Antonio, diciéndole que eran de King Express y tenían un paquete para él, pero que habían perdido la dirección y que necesitaban que ella la diera o destruirían el envío.
¿Quién defiende a los deudores?, “Si se llegara a extremos, amenazas fuertes o intimidación, se puede denunciar por coacción”, dice el abogado Luis Pedro Álvarez. La Diaco (Dirección de Atención y Asistencia al Consumidor) en este sentido, no puede hacer mayor cosa, “Sabemos que los cobradores intimidan a los consumidores, pero la Diaco está limitada en su acción, porque los consumidores igual que tienen derechos tienen obligaciones y si no cumplen con su obligación de pago, no podemos hacer mayor cosa”, dice Estuardo Estupinián, vocero de esa institución.
El sistema de los cobradores se basa en infundir miedo, le hacen creer a los deudores que le demandarán y que incluso terminarán presos. La gente desconoce que en Guatemala no hay prisión por deuda, y que si llegaran a tribunales podrían pasar años antes de una sentencia. “Los cobros son muy difíciles, porque los juicios son muy largos. El sistema beneficia al deudor, porque un banco o una empresa no puede pasarse tres años en un proceso, pierde en honorarios del abogado y en tiempo, y a veces prefieren condonarles”, explica Álvarez.
Para dar un préstamo, el banco debe tener un capital para solventar la pérdida, en caso de que su cliente no pague. Lo ideal es que sea del 100 por ciento de lo prestado, pero en Guatemala el sistema de bancos tiene solo un 56.7 por ciento de respaldo.
Carlos y Santiago trabajan en el mismo banco y ganan Q1,450 mensual de sueldo base. Sus comisiones van de los Q2 mil a los Q5 mil, todo depende de cuánto cobren. Si no llegan, al menos al 60 por ciento de pagos, no recibirán comisión alguna. Por eso se valen de cualquier estrategia, o más bien se valían, porque desde hace un mes el banco fue vendido y los nuevos dueños prohíben malos tratos a sus clientes. Aquí un diario de las aventuras y desventuras de estos cobradores.
Sololá, enero de 2008.
“Vos agarralo de las patas de adelante y yo de las de atrás”, le dice Santiago a su compañero, la pesada carga es un cerdo rechoncho y rosado que chilla ante la intromisión de los extraños. Lo acomodan a empujones en la palangana de un picop y van por otro. El segundo cerdo también se resiste, pero termina convertido en pago por la deuda que su dueña tenía con el banco, de cualquier forma serán chicharrón. Ni Santiago ni su compañero se imaginaron que la amenaza de “si no paga, nos llevamos sus coches” terminaría cumpliéndose. Era una presión para que la señora buscara la cartera, pero no sucedió, con la cabeza gacha y no poca desilusión aceptó que le quitaran sus animales. “La dejamos sin su fuente de ingresos”, se lamenta Santiago, pero no había alternativa. Los llevaron al banco, donde sus compañeros no hacían más que partirse de la risa al ver a los pobres animales en el sótano de un edificio, asustados y desubicados. Los vendieron de prisa, a Q600 cada uno, los Q1,200 amortiguaron la deuda de la dueña, solo en parte. Si los hubiese conservado le hubieran dado mucho más, claro está.
Ciudad de Guatemala, Mezquital. Febrero 2008
Frente a la puerta, en esos breves minutos de espera, Santiago ensayaba su mejor cara de enfado, ese gesto de cobrador aguerrido, que tan buenos resultados le da siempre. Pero sus facciones de malo se fueron convirtiendo poco a poco en un rostro sudoroso y escuálido. “Soy yo a quién busca. Qué quiere”, le dijo la voz altiva de un hombre alto y gordo, sin camisa y con ya poco espacio libre de tatuajes en el cuerpo. El repertorio de frases amenazantes de Santiago desapareció de su memoria, su boca tembló cuando se atrevió a decir: “por favor, disculpe, no será mucha molestia que me pague, si puede y qué pena que lo venga a molestar”. El joven muy amablemente le dijo que dinero no tenía, pero que pasara mañana y talvez ya lo había conseguido. “Seguro se fue a cobrar impuesto”, supone Santiago.
Bárcenas, Guatemala, Mayo de 2007
Carlos decidió poner en práctica una idea brillante, la que ya muchas veces había dado frutos a sus compañeros. Imprimió volantes donde aparecía el rostro de un hombre, bajo el título de “Moroso”, escribió la cantidad que debía e hizo énfasis en los seis meses que llevaba de retraso en su deuda. Con un fardo bajo el brazo entró en la colonia, dejó su cédula en la garita y empezó su labor. Casa tras casa, fue dejando el feliz anuncio. Pero cometió un grave error: no visitó antes al deudor, que ya tenía preparado el pago. Le alcanzó un familiar del implicado, pistola en mano, “recogés todos los papeles o te lleno de balazos. Cuidate que ya tenemos todos tus datos que dejaste en la entrada”. La culpa mezclada con paranoia puede ser un cóctel peligrosísimo, capaz de quitar el sueño por meses.
“Si al firmar el contrato con la tarjeta de crédito o el préstamo dio su consentimiento para que sus datos se entreguen a terceros, los cobradores están en su derecho de repartir volantes”, cuenta Álvarez. Así que demandar porque su nombre aparezca en papeles pegados en los postes no es nada fácil, habría que revisar primero el contrato y casi siempre incluyen ese tipo de cláusulas. Ahora bien, si la información distribuida en los panfletos es falsa, se puede querellar por difamación.
Aldea Cruz Blanca, marzo 2007
Las calles adoquinadas estaban repletas de gente, era día de mercado y todo mundo estaba afuera. Carlos iba en busca de su deudora, una mujer que hacía seis meses había ido a la capital a pedir un préstamo en el banco y nunca más la volvieron a ver. Sin una dirección exacta, Carlos buscaba a tientas a su víctima. Los vecinos le indicaron un camino estrecho que terminó en la nada. Preguntó de nuevo y le dijeron que debía caminar más, tras varios minutos dio con la casa, que no era una casa, sino una especie de refugio en mitad de la vegetación. Paredes ajustadas con tablas, ramas y láminas. “Ese techo seguro se ha ido volando más de una vez”, pensó Carlos. Lo recibió un ejército de niños delgados y en calzoncillo. Su clienta era una mujer mayor, que probablemente había pedido el dinero para darle de comer a sus hijos y era obvio que no había sido suficiente. Carlos la saludó, cruzó dos o tres palabras y se fue. A ella no podía cobrarle.
Ciudad de Guatemala, noviembre 2007
Santiago estaba en su oficina revisando las cuentas de los cobradores que supervisa, cuando alguien irrumpió de golpe. Antes de que pudiera hacer algo, ya había un hombre al otro lado de su escritorio. Santiago notó que el tipo tenía la vena de la frente más gruesa y fruncida que había visto en la vida. Estaba colérico. Colocó un portafolio sobre el escritorio, lo abrió con violencia y sacó una pistola. Santiago temblaba. “Si vuelvo a ver a ese hijo de puta, lo mato a él y te mato a vos también ¿está claro?”. Santiago no atinaba a responder, no sabía de qué hablaba ni quién era. Con medias palabras le aseguró que no volvería a ser molestado, el tipo recogió el arma y salió dando tumbos por la oficina. Santiago, que ya empezaba a ver toda su vida en la memoria, respiró de nuevo.
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12 comentarios:
Carlos E Castro: (2010-01-07 22:31:33 horas)
Realmente falta mucha responsabilidad moralidad y ética en los comerciantes que con tal de recuperar la cartera vencida y/o morosa recurren a empresas de cobro que para hacer su trabajo atropellan, agreden y delinquen contra el deudor... Hace falta una buena ley que ponga un hasta aquí a esas "empresas" cuya base de su trabajo es la vulgaridad, el desprecio hacia el ser humano y aquello que dice "el fin justifica los medios"... Dicen ser empresas pero en realidad son grupos de delincuentes pues para cobrar amenazan, extorsionan, coaccionan, hostigan y chantajean a la gente... Me parece que a nuestra sociedad adolece de una crisis de valores pues si bien es cierto es irresponsable quien habiendo asumido una obligación de pago no la cumple; también cierto es que valerse de mecanismos ilícitos para hacer el trabajo de cobrar es "delictivo"... Estas empresas hasta en el rídículo caen pues amenazan con hacer cosas ridículas e intimidan al deudor con cosas que hasta imposibles son... Lo malo es que les cuento que el MP ni trámite da a las denuncias de los agraviados... Sin embargo, mi consejo es que las personas que sean blanco de estas malas e inmorales prácticas de cobro, lo denuncien y exijan que se les aplique la ley
CARLOS JUAREZ: (2008-08-05 15:35:39 horas)
Creo que en este pais los ciudadanos se quieren dar el lujo de vivir bien y no vivir de acuerdo a su capacidad de pago o de compra, en virtud que cada uno se tira unos pedos que da miedo y esto es el resultado de este tipo de presiones. A nadie nos gusta que nos esten cobrando pero para pedir cosas no tenemos TATA eso si que nos den credito pero no nos gusta cumplir EJEMPLO: si no pagamos el agua, nos cortan el servicio. si no pagamos el telefono, nos cartan el servicio, ENTONCES creo YO que deberiamos primero priorizar si podemos comprar tanta BABOSADA que se nos ocurre y se nos antoja por estarnos comparando con los vecinos o familiares.
Israel Ortiz: (2008-08-04 23:16:08 horas)
Si las tarjetas de crédito y los préstamos no fueran buén negocio, los bancos, hace décadas que lo hubieran dejado, pero los banqueros cada véz son mas ricos y el pueblo cada véz mas pobre, la verdad es que no hay empléo y la situación económica es muy dura.
Si bién es sierto que el deudor adquiere obligaciones, no pueden los señores banqueros ahorcarlos para que paguen, pues con mejores tratos, con educación, negociación e inteligencia, podrían incrementar ese porsentaje de recuperación de la cartera de crédito. El que no va a pagar, por mas papelitos o fotos que le saquen, igual no va a pagar, pero el que es responsable, aún con problemas hace lo posible para ir pagando, pero si lo ahorcan cómo pretenden que lo haga, por favor señores no maten a la gallina de los huevos de oro, que aunque se tarde en darles dinero, es lo que les dá de comer.
Me pregunto entonces. ¿Por qué cada véz es mas facil adquirir un préstamo o una tarjeta de crédito, si les cuesta tanto recuperar la inversión?
susana alvarado: (2008-08-03 19:09:38 horas)
Aquí va mi comentario otra vez porque a veces no funciona...
Que buen reportaje!
Pero falta una cosa...ahora seria bueno hacer un reportaje tipo Adam Curtis sobre los bancos...y lo que creo que es la raíz del problema: EL DINERO ES DEUDA, o puesto de otra manera, SIN DEUDAS NO HAY DINERO.
De que otra manera se harían de dinero los bancos si no tienen para respaldar lo que dan (no es solo en Guatemala, es legal que un banco preste dinero que no tiene)? dando mas dinero en préstamo, dinero futuro, que alguien se compromete a devolver mas un "poquito" mas so pena de muchas penas...porque de donde sale el "poquito" mas? de abrir un hoyo para tapar otro?
Solo un economista o un loco creería que esto se puede sostener interminablemente.
Recomiendo el documental: Money as Debt de Paul Grignon: www.moneyasdebt.net/
Es tiempo de hacer una revolucion pero no contra ningun gobierno, como las que estan grabadas en la memoria colectiva de nuestros pueblos (esas que igual se pierden) y son idealizadas pero vacias! Ahora tiene que ser contra el real explotador, el real esclavizador: los bancos/el sistema financiero!
A ver si me quieren publicar este comentario...a ver.
susana alvarado: (2008-08-03 18:31:22 horas)
Que buen reportaje. Pero falta una cosa...ahora seria bueno hacer un reportaje tipo Adam Curtis sobre los bancos...y lo que creo que es la raiz del problema: EL DINERO ES DEUDA, o puesto de otra manera, SIN DEUDAS NO HAY DINERO. De que otra manera se harian de dinero los bancos si no tienen para respaldar lo que dan? dando mas dinero en prestamo, dinero futuro, que alguien promete devolver mas un "poquito" mas y asi sucesivamente...y de donde sale el "poquito" mas? de abrir un hoyo para tapar otro? Solo un economista o un loco creeria que esto se puede sostener interminablemente. Recomiendo el documental: Money as Debt de Paul Grignon: www.moneyasdebt.net/
Es tiempo de hacer una revolucion pero no contra ningun gobierno, como las que estan grabadas en la memoria colectiva de nuestros pueblos (esas que igual se pierden) y son idealizadas pero vacias! Ahora tiene que ser contra el real explotador, el real esclavizador: los bancos y el sistema financiero!
juan perez alarcon: (2008-08-03 18:26:48 horas)
Muerto si hay uno bueno al menos lo que me contaron en octubre del 06 la verdad no hay derecho que se pasen de la raya con tanta artimaña sucia desgraciadamente la gente necesita dinero creo tambien que los bancos deberian de investigar mas antes de dar prestamos hace un par de años no me daban credito por ningun lados todo por un pinche finiquito que jamas recogi y la deuda estaba saldada varios años atras que puede hacer uno en este caso me podria indicar sra. sandoval
Pavel Sarceño: (2008-08-03 16:27:05 horas)
Me parecio muy buena nota porque yo tambien trabajo en ventas y muchas veces me a tocado que ingeniarmelas para que las personas me pague lo que me deben.
att. Pavel Sarceño.
Carlos Aguirre: (2008-08-03 13:09:43 horas)
Estas empresas acosadoras, a través de su personal cometen el delito de coacción, y deberían de ser moderadas por la acción del MP, de oficio;
pero con el nuevo Fiscal General, quuien ya demostró ser un miedoso al llegar corriendo al llamado del presidente del Congreso, más miedo le va a tener a las empresas.
Ana Luisa Mencos: (2008-08-03 11:08:11 horas)
Bien se ve que hay personas que no les importa cómo llevan el pan a su casa. Es cierto que quienes se endeudan están totalmente obligados a pagar lo que prestan, pero esa forma poco ética que describe la columnista, la cual utilizan algunas personas, bancos y empresas para cobrar es el colmo.
José A. Calderón : (2008-08-03 10:16:20 horas)
Los reportajes periódisticos siempre presentan limitaciones por su misma naturaleza, pero este fue puntual, preciso, oportuno y ameno. Felicitaciones Marta Sandoval.
Humberto Sagastume: (2008-08-03 06:20:49 horas)
Los Señores cobradores tienen que cumplir con su trabajo, sin embargo no pueden actuar al margen de la ley ni excederse en sus funciones, ya que ellos podrian ir a parar presos o en el peor de los casos tal como menciona en el parrafo "ciudad de Guatemala, noviembre 2007" resultar muertos.
Cada vez la situación está más dificil para todo y para todos, pero cuidado de no actuar al margen de la ley, acosando, intinidando, insultando, llevandose objetos sin orden judicial, difamando, etc. porque les puede salir el tiro por la culata.
Las denuncias por todo lo anterior se ponen en el MP no en la DIACO. En la mayoria de casos no es que el DEUDOR no quiera pagar, es que no puede pagar. El desempleo en Guatemala llega al 77% y sigue creciendo.
Ramsés Rosales: (2008-08-03 01:52:22 horas)
Yo creo que en esto hay un abuso por parte de estos "cobradores".
Mi vecina quien se encuentra desempleada y con una serie de problemas, fue visitada por uno de estos abusivos, y como no lo atendió, se dio a la tarea de pegar volantes en toda la cuadra y en una tienda que concurre todo el vecindario a comprar, para que supieran que ella debía y que se tenía que presentar a la oficina de ellos.
Otro amigo quedo a deber 40 quetzales al nidero de ladrones del desaparecido "Grupo Pro" y posteriormente le visitaron otros "ladrones" de una oficina de cobros requiriéndole por esa cantidad más de cinco mil quetzales por los conceptos siguientes: gastos administrativos, honorarios del abogado solo porque toco los papeles, intereses moratorios, intereses sobre el capital adeudado, así como el capital. Lógicamente los envió por un tubo y les pidió encarecidamente que lo demandaran para que cuando le notificaran la demanda, depositaría en la caja del Organismo Judicial el capital, es decir los 40 quetzales, y que el señor Juez determinara cuánto tenía que pagar de intereses. Lo amenazaron que su nombre aparecería en la internet, campos pagados, entre otros, pero a la fecha ya no lo volvieron a visitar.
Creo que si los acreedores deben, lo que tienen que hacer los cobradores es demandarlos, y sino logran cobrarles es el riesgo que tomaron las entidades financieras para las que trabajan, por estar dando dinero prestado. Es el riesgo de su negocio.
Por aparte los consumidores de crédito también deben saber sus obligaciones y derechos, y no ceder a los "abusos" de estos "largos" que se aprovechan de la ignorancia de la gente deudora.
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