No, no soy la única ciudadana que se siente invisible.
María Olga Paiz - mopaiz@elperiodico.com.gt
Sin ojos, sin boca, sin manos.
Somos muchos los que vamos por ahí sintiéndonos cada vez más insustanciales frente al autismo de las autoridades. ¿Cómo si no ha de sentirse la madre que denuncia la desaparición de su hijo y ve la indiferencia con la que el policía de turno toma su declaración? ¿O el retirado que ve sus ahorros esfumarse con la quiebra de una banca no regulada? ¿O los migrantes que inyectan 4 millardos a la economía nacional y no reciben ni asesoría legal cuando son apresados en una redada? ¿O las víctimas del deslave que se llevó viviendas (¿podrá llamárselas así) que no han figurado jamás en un catastro? ¿O los niños del cuarentavo piloto asesinado sin visos de justicia? ¿Irrelevante, incorpóreo, inexistente?
Si alguna ve dedujimos nuestra existencia de nuestra capacidad de incidir en la realidad y provocar respuestas en otros, pronto tiene nuestra razón que enjuiciar esa asunción por estos lares. La sensación de irrealidad que nos deja vivir en este país es abrumadora. Alucinante. Quizás a ello debemos la pasmosa naturalidad con que aceptamos, sin más que una graciosa y fingida sorpresa, los trucos del ilusionista del circo visitante que desaparece mujeres y aparece helicópteros en la pista. ¿Cómo asombrarnos si hemos experimentado en carne propia y de forma cotidiana El Gran Truco de tornarnos invisibles, de convivir a diario con gente que también se adivina aparente?
Ensayamos con regularidad desesperados actos con los cuales pretendemos dar testimonio de una existencia que se nos figura cada vez más tenue y más incierta. Algunos pintan cuadros y otros asaltan bancos. Pero no parece que alguien lo note, la quimera por ganar visibilidad en un pueblo de seres sin ojos, sin boca, sin manos.
Quizás no, no es que los demás sean indiferentes. Es que llegaron antes que yo a la conclusión de que este país es una ficción, que sus ciudadanos somos todos unos fantasmas fantoches, y que no viene al caso seguir con la charada…
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