Me aburre cuando siento que no damos el 100 por ciento de nosotros para hacer la mejor publicidad del mundo, cuando no intentamos hacer lo que creemos que es mejor para las marcas sino lo que es mejor para el cliente, cuando los briefs de cuentas son aburridos y la gente de creatividad me dice que para que los va a leer si no hay nada en ellos. Me aburre cuando la gente de cuentas no compra las ideas y menos quererlas implementar para hacer grandes marcas, cuando creatividad me dice “no jodas es para…” y yo les cuento el caso de Nike, cuando el cliente en lugar de ver la idea y todo lo que se puede hacer para la marca pregunta “¿cómo va a quedar?”, cuando los publicitarios parecemos servidores de clientes y no activadores de marcas. Me aburre cuando voy a un festival en el que debería de respirar publicidad y lo único que respiro es el humo de mi Marlboro, cuando se dice abiertamente que la mayoría de las inscripciones son truchos y no pasa nada, decir esto en público es aceptarlo como algo que está bien, y todos sabemos que no lo está. Me aburre cuando me levanto a la mañana y pienso que tengo que venir a la agencia cuando en realidad debería de estar emocionado por hacerlo.
Una agencia grande no es la que más factura, es la que crea grandes ideas para construir grandes marcas y esto, señores, no depende de los mercados, depende de las cabezas.
También me aburre cuando veo publicidad que no le llega a nadie y a veces ni siquiera la entiendo, entonces me pregunto si esto es para doña María o solo para el ego de unos pocos.
Creo que me aburre lo que a todo publicitario debería de aburrirle y la verdad cuando lo pienso no está bueno.
Trabajamos en una profesión espectacular, la mejor definición es que somos activadores de marcas.
Esta nota no se trata de contarles lo que me aburre, sino de decirles que, si a quien está leyendo esto, le aburre lo mismo, no nos quedemos solo en esto, generemos ideas tan grandes para que nos levantemos todas las mañanas pensando: ¿y ahora cómo mejoro la última? Porque ese es el desafío, no quedarse con el “ya lo logré”, sino plantearse: ¿y ahora cómo lo hago mejor?
De esto se trata lo que hacemos, de entretener a los consumidores y hacer que les dé ganas de comprar cierto producto. No solo por el hecho de comprarlo sino porque al ponerse una playera de “x” marca se sientan que pueden lograr sus sueños. Hacer que sientan que pueden ser los ganadores de la maratón por usar ciertos tenis y si logramos hacer esto para nosotros mismos, vamos a lograr hacer una publicidad que no va a necesitar de jurados sino que va a ser la gente la que nos diga “viste el anuncio de…”. Esta es la única forma que conozco para que la publicidad no me aburra.
Frank Zappa dijo hace tiempo en una de sus canciones “la mente es como un paracaídas, funciona mejor cuando está abierta”.
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