El escritor ruso más famoso del siglo XX, Alexandr Soljenitsin (o Solzhenitsyn), Premio Nobel de Literatura 1970, disidente empedernido de Stalin y la desaparecida Unión Soviética, falleció cerca de Moscú, en la tierra a la que volvió tras la Perestroika, pensando que “Rusia sigue lejos del país que soñé”.
Méndez Vides/Viaje al centro de los libros mendezvides@itelgua.com
El escritor ruso más famoso del siglo XX, Alexandr Soljenitsin (o Solzhenitsyn), Premio Nobel de Literatura 1970, disidente empedernido de Stalin y la desaparecida Unión Soviética, falleció cerca de Moscú, en la tierra a la que volvió tras la Perestroika, pensando que “Rusia sigue lejos del país que soñé”.
El escritor nació en 1918, y estudió física y matemáticas, materias que enseñó a escolares mientras escribía sus famosas novelas. Sus estudios de Letras los hizo por correspondencia. Fue soldado en la Segunda Guerra Mundial, y siendo capitán fue arrestado por haber escrito una carta en la que criticaba a Stalin, por lo que fue procesado en 1945 y condenado a 8 años de trabajos forzados.
Cumplió su condena y tras ser rehabilitado oficialmente pudo ejercer la docencia en el campo de la ciencia en una escuela secundaria.
En 1962, publicó Un día en la vida de Iván Denisovich, novela con la que cobró fama internacional, donde cuenta la vida de un condenado a diez años de prisión, en lo que por supuesto asumimos que está viva su experiencia personal. Obra en la cual dejó una penúltima oración inolvidable: “Ha pasado un día, un día que nada ha venido a oscurecer, un día casi feliz”. Porque no importa lo terrible de su situación, sobrevivir es un hecho estimable, y el protagonista busca el lado positivo en medio de todo lo terrible que puede ser una condena a trabajos forzados (metáfora de la existencia común), durmiendo en una barraca repleta, pero feliz de poder disfrutar una ración extra de salchichón, satisfecho porque ese día no le tocó ir al calabozo, compró tabaco, no descubrieron la herramienta que tenía escondida y se libró de la enfermedad, y siempre hay espacio para tener un día “casi feliz”.
El libro se hizo famoso en Occidente, momentáneamente por la ignominia que la obra delataba del régimen soviético, pero la obra encantó realmente por esa visión ingenua y saludable, sin resentimientos, de quien está expuesto a todas las desgracias y todavía puede reír.
Ocho años más tarde, tras la publicación de esta pequeña novela, se le concedió el premio mundial más cotizado.
El autor se trasladó a Estados Unidos, de donde regresó a su país tras el cambio en la política que provocó Gorvachov, pero se dice que no fue recibido con honores, sino se lo mantuvo alejado, por cuanto su obra reveló lacras privadas que molestaron a muchos, y porque a su vuelta, tras 20 años en el exilio, encontró una patria en decadencia. A los 89 años murió Soljenitsin, pensando quizá que su vida tormentosa no fue más que un día en la vida, un día en el cual fue casi feliz. Adiós al maestro ruso.
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