Con el más profundo de los desconsuelos tiene que verse, necesariamente, lo que ocurriera la noche del 31 de julio en el Congreso. Las más altas autoridades del Organismo que nos representa quedaron burladas y, para ajuste, llevándose también en la colada a otros funcionarios. Si nuestras más altas autoridades no pueden contra el crimen ¿quién, entonces?
Para entendernos es preciso empezar por el principio. Nada de cuanto ocurrió hubiese ocurrido si el Congreso de la República no tuviese los mal llamados “ahorros”, cantidades que, agotado el ejercicio presupuestario, no se reintegran al fondo común, peligroso vicio que debe erradicarse. Pero, en fin, incluso habiendo los mal llamados “ahorros”, tampoco hubiese ocurrido nada si las autoridades del Congreso hubiesen tenido un poquito más de celo por el cuido de lo ajeno y si se hubiesen abstenido de poner el manejo de los recursos en las manos de asesores ilegales. Todo asesor no adscrito a la Procuraduría General de la Nación es ilegal, así de claro.
Tampoco hubiera ocurrido si uno de los bancos que participó en la operación no se hubiese prestado al fraude, pagando cheque del Congreso con una sola firma, cuando eran dos las necesarias.
Sin embargo, se hubiese podido empezar a corregir lo que ocurriera si se hubiese acudido a las autoridades que resultaban competentes y si se les hubiese permitido actuar como debían pero, al parecer, se tomó el rábano por las hojas y no se quisieron ver los delitos perpetrados. ¿Asustaban verdad? Y así se decidió que la posible devolución del dinero podría taparle el ojo al macho, aunque apestara.
No fue llamado el Procurador General de la Nación, asesor y consultor de los órganos del Estado y su único representante, para que se hiciese cargo de recuperar las cantidades “invertidas”. No se puso en conocimiento del Ministerio Público, a quien le corresponde la persecución penal, que se habían cometido delitos por la empresa de inversiones: el pago de comisiones no podría ser otra cosa que mordidas y –tal y como nadie quiere entender que si se resolviese el asesinato de los cuatro policías que fueron “extrajudicialmente ejecutados” en El Boquerón, se estaría resolviendo todo el resto– tampoco se quiso entender que era persiguiéndo las mordidas que se llegaría al fondo y a la recuperación de lo invertido...
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