El nuevo cambio sociopolítico generado por el combustible.
Roberto Gutiérrez
Guatemala, al igual que otros países latinoamericanos, se endeudó más allá de lo prudente en la década de los setenta como resultado de la abundante disponibilidad de recursos financieros de la banca internacional, derivados de las excesivas ganancias obtenidas por el incremento de los precios del petróleo que se dio a principios de esa década. Después de sostener por casi un siglo los precios del barril en cerca de US$20, se dio la guerra de Yom Kippur y el embargo petrolero (1973), disminuyendo la OPEP su producción, trayendo como consecuencia que el costo del barril de petróleo se duplicó, pasando de los US$20 a US$40 el barril, precio que se sostuvo con moderadas oscilaciones durante varios años, hasta que en 2003 empezó a subir hasta llegar a los valores actuales, arriba de los US$100 el barril, alza debida nuevamente a la inestabilidad política y militar en la región, especialmente por la guerra en Irak.
Los beneficios que las petroleras obtuvieron en los años setenta, conocidos como wind profits (o ganancias que trajo el viento), llegaron a la banca internacional, la que se vio compelida a invertirlos en grandes proyectos de infraestructura, como hidroeléctricas, hospitales, carreteras, etcétera, en países del denominado tercer mundo, en proyectos que aun cuando respondían a necesidades reales fueron contratados de manera espuria por gobiernos corruptos. Estos préstamos fáciles y la incapacidad de esos gobiernos de ejecutar obra de manera transparente, produjo un endeudamiento que más tarde condicionó a los países, de manera tal que se vieron obligados a reducir inversiones en asuntos prioritarios, por cuanto debían honrar la deuda contraída con la banca internacional.
En esa época, y por esos financiamientos fue que en Guatemala se construyeron varios hospitales e hidroeléctricas, los cuales tuvieron unos costos muy por arriba del valor real, debido a que el dinero era fácil de obtener para el Gobierno. Y esas obras fueron sobredimensionadas y algunas de ellas mal construidas.
Lo anterior, y la nueva realidad geopolítica posterior a la caída del muro de Berlín en 1989, fueron las causas por las que el grupo de los países más poderosos del mundo estableciera lo que se conoce como el “Consenso de Washington”, el que obligó a mecanismos para reducir la participación de los gobiernos en algunas funciones, generándose un vacío institucional, vacío que fue de alguna manera cubierto por las organizaciones no gubernamentales, ONG, que en campos muy variados vinieron a implementar proyectos.
Hoy, nos encontramos nuevamente bajo la incertidumbre de los efectos que traerá el nuevo cambio sociopolítico y económico generado por el petróleo, pues las decisiones que se tomen pueden afectar el futuro de manera aún imprevisible. Si nos adherimos a la iniciativa de Petrocaribe, indudablemente estaremos comprometiendo el futuro por varias razones, siendo una de carácter estratégico, la duda en cuanto al cumplimiento por parte del proveedor, Venezuela; otra no menos importante, es el endeudamiento de largo plazo que se generará; y quizás más preocupante aún los cuestionamientos que plantea la forma en que se administrarán los recursos, específicamente sobre quién decidirá su utilización y en qué se invertirán los recursos derivados de la venta del producto en el presente, y su cancelación en el futuro. Se habla de hasta Q5 mil millones anuales, y por la ineficiencia comprobada en el uso de los recursos públicos y el latrocinio en los tres poderes del Estado sería una barbaridad el facilitarles más recursos.
En todo caso, la experiencia anterior de los años setenta con el petróleo no fue nada positiva, y la nueva propuesta igualmente aparenta no serlo, por lo que lo más prudente es no comprometer el futuro del país en una aventura riesgosa. Adicionalmente, las pretensiones del Gobierno venezolano de incorporar a su “movimiento bolivariano” a los países de América Latina no se perfila positivo, por el afán imperialista de su líder. Además, hay que tomar en cuenta que su actual poderío económico es insostenible en el tiempo, en virtud que se sustenta en un recurso no renovable como el petróleo.
Estamos ante la segunda posibilidad de caer en la tentación de utilizar recursos “fáciles” derivados del combustible; ojalá se tenga la sabiduría y se tome la mejor decisión, que en mi opinión es no comprometer el futuro por los riesgos evidentes. Quetzaltenango, 13 de agosto de 2008
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2 comentarios:
CARLOS LOPEZ: (2008-08-14 13:29:05 horas)
En los diferentes analisis de la CEPAL, que se refieren a la deuda externa de Guatemala en la segunda mitad del Siglo XX, el peso especifico de la misma comparada con las del resto de America Larina, es el mas bajo. Por diferentes causas, los distintos gobiernos de ese periodo se preocuparon porque la deuda no creciera y por pagar puntualmente los servicios generados. De otra parte, la disponibilidad de los organismos financieros no era proclive a dar con facilidad creditos a Guatemala. Esto por un lado, por el otro, si los calculos elaborados para medir la posible deuda con Petrocaribe son correctos y se situan en 5 mil millones de quetzales anuales, esto no significa que no se pague un monto prudencial y se difiera su pago por uno menor que pueda programarse para proyectos de inversion necesarios justamente cuando los datos disponibles revelan la retraccion en los montos destinados a ese importante rubro por parte de los agentes privados. En concreto: no es acertado referirse a una posible deuda gigantesca que puede pagarse antes de los plazos otorgados, y no aparece de momento la certeza de otras fuentes alternativas de inversion. Por si fuera poco, las noticias ultimas procedentes de USA señalan la posibilidad de que se haya agotado el Consenso de Washington, que se dio en un contexto diferentes al que se presenta hoy como amenaza de crisis global, atentamente,
MANFREDO CASTILLO: (2008-08-14 10:50:37 horas)
Interesante el artículo de Roberto. Creo profundizar sobre este tema, es recomendable leer el libro Confesiones de un Ganster Económico de John Perkins, donde se explica el porque de esas obras farónicas en todos los paises en desarrollo y lo que significó para los que ahora pagamos esas deudas.
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