Sentí que la cólera se me metía por todo el cuerpo...
Méndez Vides
La primera vez que me robaron el radio del carro no lo pensé ni dos veces, allí mismo me dirigí al taller para cambiar la chapa que había sido violentamente arrancada con un desarmador para abrir la puerta. Con gran habilidad arrancaron lo que les interesaba y dejaron la tapadera, que no les hubiera servido para nada. También se llevaron la mochila de una de mis hijas, pero la tiraron a media calle a la salida del centro comercial, tras descubrir que no contenía sino libros y una calculadora de esas que llamamos de mickey mouse. Lo de la puerta fue lo más caro, y dos días después me dirigí al lugar donde venden e instalan los radios, y les expliqué el asunto. Pedí que me pusieran el más barato posible, que lo que quería era evitar la depresión, oponerme a la realidad de que vivimos en un manzanillo y que basta un descuido para perderlo todo.
El carro regresó a su condición original, otra vez chilero y con música y noticieros para entretenerme en medio de las apreturas del tráfico. Me sentí orgulloso y positivo, porque no me había dejado afectar por el suceso, porque la idea de levantarme lo más rápido posible es motivante. Pero la gracia me duró apenas cuatro días, cuando fui al supermercado y en lo que pagaba cualquier tontería, me la hicieron de nuevo. El lugar era distinto, en el parqueo se lucía uno de esos agentes de seguridad que funcionan como espantapájaros, que sólo asustan a los ladronzuelos más pequeños. Nuevamente arrancaron la misma chapa, con otro desarmador, aunque el daño fue igual de cruel, y esta vez no perdonaron la caparazón del tablero, que rompieron sin pena ni beneficio para llevarse rápido el vulgar radito. Sentí que la cólera se me metía por todo el cuerpo, que era mejor cargar el auto sin compañía ni ruido, para ponerme a pensar en otras cosas, desmoralizado. Así anduve varias semanas, hasta que nuevamente me regresó el orgullo y no quise conformarme con tal destino ni andar cargando la marca del daño, así que nuevamente regresé al taller y pedí el mismo cambio. Otra vez la chapa tan cara, más la pieza de la tapicería que ahora hacía falta. Nuevamente llegué al lugar donde venden los radios, y ya me conocen, y les comenté que aún no terminaba de pagar la compra reciente, pero ya necesitaba otra vez de sus servicios. Ellos se movieron y me pusieron bonito el aparato, uno más coqueto que escogí, para sentir que el cambio había sido beneficioso.
Pero qué les cuento, ya me lo robaron por cuarta vez. Llegué donde los muchachos para que me dejaran ver cómo lo ponían, y en los expertos creí reconocer a los muchachos que me hacían el daño. Seguro no habían sido ellos, pero por su compostura así me pareció. Nadie sabe para quién trabaja.
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5 comentarios:
erick citalan : (2008-08-14 15:20:10 horas)
asi es... se los roban y uno va a la presidenta y alli lo vuelve a ver , tambien a mi me paso yo por ahi tuve un radio, parece cancion, ahora cargo uno todo viejo y no moderno, pero suena y asi no les doy gusto a esas ratas de la presidenta... si hasta los policias van a comprar... ratas de m...
Henry Avila: (2008-08-14 15:17:17 horas)
No es sólo Guatemala. Es Latinoamérica.
Conrado Gonzalez: (2008-08-14 12:22:24 horas)
Pues aqui les va lo que le paso a mi hermano. Pues saliendo de la oficina vio a dos tipos robando los centros de los aros de su carro, y mi hermano en el enojo salio corriendo a los ladrones (no muy inteligente por cierto), pues corriendolos un ladron hacia como que iva a sacar un arma, al final mi hermano le dijo al ladron que le vendiera los centros de los aros !de su carro!, al final corriendo y negociando logro comprar sus partes y las pudo poner en su carro. Como lo ven? ironico verdad? Se vera eso en otro pais?, no solo en Guatemala. Salaudos
luis estuardo espinoza: (2008-08-14 10:47:44 horas)
Interesante el hecho cotidiano que nos relata en su columna, en mi caso, gracias a Dios solo me lo han robado una vez, me rompieron el vidrio de mi vehiculo, y se llevaron no el radio, solo la caratula. Yo queria probar una teoria muy sonada que dice que en la presidenta van a parar todos los radios que se roban, entonces al par de dias por primera vez fuy al mercado la presidenta (yo sabia que actuaba mal, comprando alli uno vuelve funcional este negocia delincuencial, pero queria probar la teoria), y mi sorpresa fue que ahy encontre mi caratula que me habian robado, la misma pues yo le tenia una señal, y me atendieron como un cliente que estuviera comprando en miralflores, con todas las atenciones del caso, y no tuve mas remedio que desenvolsar 350 por MI CARRATULA DEL RADIO, pues si llegaba con mates que era mia, que me la habian robado, lo mas probable es que no salia de ahy vivo.
Lo mas interesante es que estando ahy vi pasar varias patrullas de lo mas trankilo, mientras estas personas comercian con productos manchados en sangre, en fin... asi es tristemente mi Guatemala.
alfonso villacorta: (2008-08-14 10:10:43 horas)
La anecdota me recuerda que, tambien victima de los mismos gajes de condcutor, cansado de comprar radio, recorde que tenia guardado el original del carro, desde cuando lo cambie por uno mejor.
Lo lleve a un tecnico desconocido para que me lo instalara pero le descubrio desperfectos y me dijo que le dejara un anticipo para la reparacion y que volviera en dos dias.
Al volver no habia tenido tiempo y necesitaba otros dias mas. Posteriormente su amabilidad se fue transformando en groseria y alli descubri otra forma de robo. Los asaltantes no siempre son desconocidos, anonimos o violadores de chapas de puertas para obtener un radio. Uno mismo se va a colocar a las fauces del lobo.
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