70 diputados firmaron ayer el “libro de la vida”, una iniciativa que busca evitar leyes que permitan el aborto.
Por: Claudia Palma
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“¡De nuestros ovarios saquen sus rosarios!”, gritaban a voz en cuello un centenar de feministas que ayer se congregaron frente al Palacio Legislativo, para protestar por lo que consideraron una intromisión de la Iglesia y el Estado al permitir la firma de los congresistas del “libro de la vida”, una iniciativa en contra del aborto. Mientras al ritmo de tambores, las inconformes que gritaban afuera “¡Ni la Iglesia, ni los curas, mi cuerpo es mío!”, adentro, en el Salón del Pueblo, monseñor Víctor Hugo Palma les recordaba a los diputados que asistieron a la ceremonia simbólica que habían sido elegidos por el pueblo “para preservar la vida, don divino de Dios”. En la actividad participaron también representantes de iglesias evangélicas y la Junta Directiva. El primer secretario del Congreso, Roberto Alejos, quien se confiesa un “católico practicante y devoto”, les advirtió a sus compañeros que quien no firmara violaba la Constitución que preserva el principio de la vida desde su concepción. No fueron pocos los que hicieron caso a su llamado. Al final de la jornada, comentó con desenfado a una de las activistas: “Tranquilícense, ustedes ganaron la batalla. ¡Si hubiera sido una ley, no pasa!”. Varias activistas fueron expulsadas por asistir a la ceremonia con playeras. La leyenda de estas rezaba: “Estados libres y laicos”. No llegar vestidas apropiadamente, justificó Alejos, fue el motivo para no permitírseles la entrada. Alma Odeth Chacón, del movimiento de mujeres Tierra Viva, opinó que los 65 mil abortos que se producen en el país cada año, ciertamente es un “crimen abominable”, porque estos son el resultado de la falta de acceso de las mujeres a los servicios de salud. “Ni siquiera voy a una iglesia, pero soy mujer y madre y no concibo el aborto como una salida”, contravino, María Rendón, quien llegó organizada con un grupo de vecinas de la zona 12. No me amenaceLos grupos pro vida se dedicaron en los corredores del Palacio Legislativo a convencer a los diputados que no asistieron a la ceremonia para que firmaran finalmente. “No me amenace. Yo tengo mi libre albedrío”, exclamó Inés Castillo, cuando una de las activistas le dijo que su nombre sería publicado entre los pro abortistas. |
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