Su edad es la razón para que Rodolfo de León Molina dejara la Corte Suprema de Justicia (CSJ). Ya no es magistrado, “por de pronto”, asegura él. Advierte que dará la batalla.
Por: Mirja Valdés
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Desde el medio día del martes, la puerta de la oficina de Rodolfo de León Molina permaneció cerrada. El ex magistrado de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) conocía, a través de las noticias, que la Corte de Constitucionalidad (CC) revocaba el amparo que lo mantenía en el cargo. El punto de discusión había sido su edad; la ley de la Carrera Judicial dicta que el retiro es obligatorio para los magistrados a partir de los 75 años. De León cumplió 76 el 31 de enero de 2008. El miércoles, empleados del Organismo Judicial (OJ) hacían cola en su puerta para la despedida, una muy emotiva donde algunas y algunos lloraron. “Así es el sistema”, “se va por su edad, no por corrupto”, le decían. Después de ocho meses de amparos y resoluciones quedó fuera, “por de pronto”, insistió el abogado en esta entrevista hecha en dos momentos: el martes, poco después de enterarse del dictamen, y el miércoles, al despedirse de sus compañeros de trabajo. Dará la batalla, asegura. Sus colegas, ex magistrados algunos, apoyan su salida y otros opinan que la Constitución lo ampara. En lo que coinciden es que su caso sienta un precedente para futuras postulaciones de candidatos a magistrado, de poner más atención a esos pequeños detalles como la edad. Sus colegas lo describen como un abogado respetable y con una carrera limpia. ¿Por qué defiende su posición de continuar en el cargo cuando llegó a la edad límite?–Porque estoy en lo correcto. Los miembros de las comisiones de postulación en todas las ocasiones han tenido a la vista mi currículum, saben mi edad. Según la ley de la Carrera Judicial llegó la hora de retirarme, sin embargo, en la Constitución de la República dice que son cinco años los que debo permanecer en el cargo y la Constitución es superior a cualquier ley ordinaria, incluso a esta.Usted pudo advertir esta situación, aun así aceptó la postulación de cinco años más como magistrado de la Corte Suprema de Justicia (CSJ).–Se supone que los diputados conocen esas leyes que ellos mismos crearon, y ellos no me eligieron a ciegas, le repito, tenían a la vista mi currículum. Ellos sabían que la Constitución me protegía porque no da límites de edad, solo dice que el período en el cargo será de cinco años. Estamos ante la paradoja de que ellos me nombraron, no revocaron mi nombramiento, quiere decir que mi nombramiento sigue vigente. No declararon mi plaza vacante, lo que significa que debería continuar ocupando la plaza.Su argumento es que la Constitución es superior a cualquier ley, ¿por qué no la entienden los demás de esa manera?–Porque cuando hay intereses grandes de por medio las interpretaciones que se hacen son de acuerdo a esos intereses, muy poderosos por cierto, y opacan la verdad. Pero para eso están las leyes y los tribunales.Hay algo más, esta ley no existía cuando ingresé a las magistraturas en 1994 a la Sala Primera de lo Contencioso y Administrativo, sino hasta el año 2000 que entró en vigencia. Según la ley de jubilaciones, a los 65 años es obligatorio el retiro, excepto cuando se ocupan altos cargos, y como siempre he ocupado altos cargos no tenía razón alguna para jubilarme, hasta que entró esa ley y vino el problema. Entiendo que ya un colega suyo (Rolando Cabrera) renunció al cumplir los 75 años, entonces no puede alegar retroactividad aduciendo que la ley no existía cuando usted comenzó como magistrado.–Cuando cumplí los 75 años no estaba vigente la ley de la Carrera Judicial, porque la CC la había suspendido. Por esos días, tres abogados presentaron una inconstitucionalidad de esa ley, precisamente por el Artículo 30 (referente al límite de edad), de tal manera que cuando cumplí 75 años la ley estaba suspendida y yo seguía con mis derechos, debía continuar mi trabajo como hasta ahora.¿Esa es su interpretación?–No es mi interpretación, es la interpretación de la suspensión de la misma. Ahora bien, después como de año y medio, la CC declaró sin lugar la inconstitucionalidad y fue cuando ya los medios con la influencia de poderes realmente increíbles que hay en al país, vieron un punto vulnerable. Desde enero (cuando cumplió 76 años) me atacan día y noche, sábados y domingos en todos los medios de comunicación, sin excepción.¿Día y noche, sábados y domingos?–Cuando estas personas supieron mi edad empezaron a atacarme a través de los medios, primero de una forma burlona y cínica, por medio de caricaturas diciendo que yo había llegado a la edad y que debía retirarme. Incluso, escribieron y dijeron que en mi retiro me darían no se cuántos millones ¿sabe que conseguí?, que empezaran a llegar parientes y amigos pidiéndome préstamos (ríe), a contarme sus tribulaciones y sus penas para que yo los ayudara. ¡Yo no he recibido nada!Bueno, y en otra publicación titularon “Dinosaurio no se quiere ir”, eso fue humillante. O cuando en un noticiero sacaron declaraciones del doctor Vladimir (Aguilar) y yo de fondo, mudo. Cuando se avocó al juzgado de Trabajo lo vieron como una de esas clásicas movidas sucias de abogados.–En primer lugar, es un asunto laboral, por lo tanto no podía avocarme a un juzgado penal ni civil, sino a uno laboral, y era el que tenía más a la mano. Se decía que ese decreto del Congreso lo aplicarían inmediatamente, entonces, ¡era una situación de urgencia! Debía velar por mis derechos y la Ley de Amparo, precisamente dice, “cuando la persona sienta que está amenazada en sus derechos puede presentar el amparo en cualquier tribunal”, hasta en un juzgado de paz. No veo malicia, ni ninguna razón para poder creer de que hay algo fuera de lo correcto y de lo legal.El juzgado concedió provisionalmente el amparo y lo trasladó a la CC. Todo está en orden, ahora estoy en manos de la CC. Son 13 magistrados, pero afuera se habla de dos grupos y que su salida deja en desventaja al grupo de los 7, al mayoritario. ¿Es cierto?–Los grupos se han formado por simpatía, eso sucede en todas partes. Hay dos grupos que en el curso del trabajo no se notan, discutimos los problemas en el seno de la CSJ y de acuerdo con criterio votamos unos a favor, otros en contra, y razonamos nuestros votos. Cuando está de por medio elegir personas, por ejemplo, quien actúa aislado pues obviamente no cuenta. El que cuenta aquí es el que está con el grupo mayor.Tuve la suerte de estar apoyado por el grupo mayoritario, eso se vio en una de las últimas sesiones que trató, precisamente el problema de la jubilación en la Oficina Nacional de Servicio Civil. El grupo minoritario votó en contra mía y el grupo mayoritario a mi favor. Creo que están un poco desubicados en matemáticas, ahí está la prueba, nueve votaron a favor mío y tres en contra. Eso le da a entender como están los grupos. ¿Qué va pasar? Eso ya no me corresponde a mí analizarlo, serán otras personas. Por de pronto estoy fuera. Usted fue el primer presidente de la actual Corte. ¿A qué dificultades se enfrenta un presidente de la CSJ?–El problema básico es que tiene bajo su responsabilidad a 7 mil empleados. Segundo, pues las necesidades en trabajo son grandes en este país, y en mi teléfono la mayoría de llamadas era para pedirme empleo, no descansaba, alrededor de 250 trámites de familiares, amigos, conocidos, recomendados, en fin...Claro, también es un cargo satisfactorio donde pude conocer el lado humano de los jueces, de los auxiliares… ¿Qué conoció de ese lado humano?–Los jueces están sometidos a diversas presiones, las partes llegan con su verdad ante ellos. Uno falla de acuerdo a su conciencia y al análisis correcto de la ley, alguna de las partes tendrá que sentirse defraudada. Ellos, como cualquier ser humano tienen satisfacciones, sufren, lloran… Es penoso, porque uno va perdiendo amistades.¿Perdió amigos haciendo su trabajo?–Ciertamente tuve personas que no querían o no comprendían mi forma de trabajar o que por intereses trataron de quitarme de aquí. No tengo rencor contra nadie, les decía a los periodistas que espero que mis compañeros trabajen en conjunto con el doctor Vladimir.¿Y usted lloró alguna vez en este proceso desde que celebró su cumpleaños 76?–No, soy un hombre de fe. Estoy tranquilo porque nadie puede tachar mi gestión ni de que actué fuera de la ley.¿Cómo se siente ahora?–Abrumado, obviamente. Humillado. Pero tengo mi moral siempre en alto, tengo mis convicciones y mis principios y por eso no accedí a renunciar, sino hasta que ya jurídicamente se resolviera esto.¿Qué hará ahora?–Por de pronto voy a descansar un poco y seguiré el proceso de amparo para que esto tenga un final feliz.¿Dará la batalla?–Sí, ¡claro! porque estoy obrando por principios y convicciones. No me interesa tanto el puesto, pero sí defender mis principios y tengo que defender la independencia del Organismo Judicial, porque es una cuestión de ética jurídica que yo tengo que cumplir por mi propia conciencia. |
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