Obviar la resolución de un conflicto puede agravarlo, multiplicarlo o exasperar la venganza.
Mario Fuentes Destarac
Las sociedades primitivas se caracterizan por la ausencia de un sistema de justicia eficaz. Luego, estas comunidades viven bajo la constante amenaza de que las disputas y confrontaciones puedan degenerar en una agresividad progresiva, interminable y destructiva del tejido social.
La manera en que estas sociedades rompen la espiral de represalia, venganza y agitación, la cual pone en riesgo su propia existencia, es a través de la escogencia de chivos expiatorios, cuyo sacrificio refrene la conflictividad creciente y restaure la armonía. En lugar de que los habitantes se ataquen entre ellos, sacrifican a uno solo, que, generalmente, es un individuo que no puede defenderse y cuya desaparición no supone resarcimiento alguno.
Por el contrario, las sociedades modernas cuentan con un sistema de justicia eficaz, que dirime los conflictos e impone sus decisiones. Por supuesto, cuando el sistema de justicia goza de respeto y credibilidad, se rompe el círculo vicioso de la repetitiva venganza y se reduce la necesidad de recurrir al chivo expiatorio, para devolver la tranquilidad social. Es previsible la aplicación de la ley.
Un sistema de justicia eficaz supone la existencia de jueces independientes e imparciales, al servicio de todos, cuyas decisiones se apeguen a la ley y a la equidad. De ahí la importancia de contar con jueces dignos, probos, ilustrados y, sobre todo, respetados. Por cierto, el respeto se gana únicamente a base del testimonio de vida. Por sus actos los conoceréis, dice el Evangelio. El acceso a la justicia es clave en la administración de justicia, porque garantiza que quien clama justicia será atendido y complacido, que el conflicto será dirimido y que la decisión final será justa, legal y legítima. Por supuesto, todas las disputas (sean leves, graves o gravísimas) ameritan resolverse, porque todas tienen el ingrediente de la discordia y la ira reprimida. Obviar la resolución de un conflicto puede agravarlo, multiplicarlo o exasperar la venganza.
En Guatemala, la falta de acceso a la justicia es el Talón de Aquiles del Estado de Derecho. Ésta redunda en que los conflictos no se resuelven y en que impere la impunidad. Luego, la ira social es tremenda, lo que se traduce en confrontación, violencia, temor y linchamiento (el sacrificio ritual primitivo).
En mi opinión, los jueces de paz deberían jugar un papel más protagónico en materia de acceso a la justicia, porque son las autoridades judiciales que están más cerca de las poblaciones. Al efecto, deberían ser electos para ser respetados, confiables y fiscalizados, como ocurría cuando los alcaldes eran a la vez jueces de paz, y tener competencia para conocer delitos con penas de prisión de hasta tres ó cinco años, y no sólo con sanción pecuniaria (multa), como ocurre actualmente.
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3 comentarios:
Jorge Velásquez: (2008-08-18 20:02:22 horas)
Gracias por su solidaridad Sr. Fratti. Sabe, constantemente oigo dentro de mí la preciosa voz de mi amada Claudina Isabel que me dice:
“Papi, por nada abandones mi causa, no dejes de luchar por mí ni por las mujeres de Guatemala; ‘esfuérzate y se valiente, no temas ni desmayes.’ Se la ‘voz del que clama en el desierto’ y que en nombre de las mujeres de todo el mundo grita al viento y a los oídos sordos: ¡¡Por favor no nos maltraten, por favor no nos mutilen, por favor no nos violen, por favor no nos maten, por favor no nos desmembren!! ¡¡¡Protéjannos!!! Has que el mundo te escuche, oblígale a escuchar, no permitas que cierre los oídos: susúrrale, grítale, exígele… no le dejes descansar… Que entienda que es sangre inocente la que esta siendo derramada, que son seres humanos los que están muriendo, creación de Dios, hechura suya. Busca y rebusca la justicia, persíguela y la alcanzarás. ‘Y no temas a los que matan el cuerpo, más el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.’”
juan fratti: (2008-08-18 16:36:36 horas)
Sr. Velaquez, me solidarizo con Ud. Creo que vi su caso en un documental de la BBC, llamado "Guatemala, Paradise of Killers". Puede que que en Guatemala nunca le hagan justicia, pero creo que puede (Me imagino que ya lo hizo), llevar su caso ante la CIDH, por DENEGACION DE JUSTICIA, pues su caso es bastante emblematico. Que lastima que el pais se este hundiendo entre el fango, y nos arrastre a todos en su voragine, pero como dijo Ruben Dario, aun en el fango, los diamantes brillan, y ud. es uno de ellos. Siga adelante, las generaciones futuras se lo van a agradecer.....
Jorge Velásquez: (2008-08-18 13:22:48 horas)
Lic. Destarac:
A continuación le narro a grandes rasgos el calvario que se padece en Guatemala en la lucha por alcanzar la justicia.
EN BUSCA DE LA JUSTICIA
Convencido de que la justicia te será vedada y luchando contra todas las probabilidades, emprendes la pelea por alcanzarla, por hacerla prevalecer. La mereces, la merece Claudina Isabel, la merece su madre y su hermano, la merece su abuelita, la merece su familia, la merecen todos aquellos que la amaron y que aun la aman, la merece Guatemala. Necesitas desesperadamente el bálsamo que ella provee, ese bálsamo que puede calmar el dolor que ahora sientes… que puede sanar las heridas que te ha dejado la pérdida de Claudina Isabel. Pérdida tan repentina, desgarradora, terrible y brutal… Si tu gobierno fue incapaz de proteger su vida, que al menos sea capaz de hacerle justicia, y con ello empezar a detener los ríos de sangre que recorren la nación.
Buscas que el nombre de Claudina Isabel sea reivindicado ante esa gran parte de la sociedad guatemalteca tan injusta, morbosa y cruel, que sin conocerla la juzga y condena y que escudándose en su propia mediocridad y cobardía justifica su muerte. Sociedad hipócrita, apática, insensata, necia y enferma, que desconoce que con su indiferencia e irresponsabilidad esta cavando su propia tumba.
No apartas de tu mente aquellas hirientes palabras proferidas por la investigadora del SIC, que visitándote en tu casa y sin el menor recato y respeto, acusan a Claudina Isabel como la culpable de su propia muerte.
El amor, el dolor, el furor y la rabia se encienden en ti y crecen hasta convertirse en la fuerza que te impulsa a actuar, perseguir y alcanzar la justicia ̶Dentro de ti hay confusión y revisas tus palabras: ¿perseguir y alcanzar la justicia? Acaso no es ella la que me debe perseguir y alcanzar a mí ̶ Es entonces que recuerdas que vives en Guatemala y que aquí las cosas son al revés, distintas, diferentes, anormales, que aquí no reina la lógica, sino lo irracional.
Te involucras en la investigación del asesinato de Claudina Isabel, y conforme avanzas en ella te llenas de espanto y dolor ante la negligencia mostrada por las autoridades responsables de la persecución penal. Te enteras que ni siguiera fueron capaces de procesar adecuadamente la escena del crimen ni de establecer la hora aproximada de su muerte.
Una y otra vez te reúnes con los encargados del caso, que han sido muchos, tú lo sabes, y éste no avanza, tanto así que a tres años del asesinato los resultados obtenidos son nulos.
Constantemente eres expulsado del sistema de justicia y debes soportar que frecuentemente la memoria de Claudina Isabel sea irrespetada, y tu maltratado. Tu frustración y tu rabia crecen día con día… descubres que el sistema esta montado para desgastarte y hacerte cejar en tus esfuerzos.
Te reúnes con cuanto funcionario puedes –Secretario General, Secretario Ejecutivo, Investigadores de Campo, Jefe de Fiscalía de Delitos Contra la Vida, Secretario y Sub-Secretario Privado, Fiscal General, Secretario de Coordinación Técnica, Coordinador de la Secretaria de Coordinación Técnica, Encargado de la Secretaria de Coordinación Técnica –todos del Ministerio Público- Presidente de la República, Ministro y Vice-Ministro de Gobernación, Comisario General de la Policía Nacional Civil, Ministra de Gobernación, Presidente de la Corte Suprema de Justicia- y aun así el caso no avanza, les cuentas tu historia y no obtienes más que promesas huecas y vanas, gritas por ayuda y se tapan los oídos. Ante esa actitud te preguntas: ¿Qué harían ellos de estar en tu lugar? ¿Cómo esperarían ser tratados? ¿No estarían igual que tú, frustrados, desesperados, decepcionados…? ¿O es que ellos son diferentes a ti… y en su caso la justicia sí se aplicaría, sería complaciente y carecería de la venda que cubre sus ojos para inclinarse conforme convenga? Meditas y dices en tu corazón: ‘Es evidente que no han perdido a una hija en las circunstancias en que yo perdí a mi amada Claudina Isabel.’
La indiferencia te hace reflexionar que más que estar interesados en tu caso, están interesados en ti, en saber cuanto sabes y que has hecho para así poder contrarrestarte. Te confundes, ya no sabes en quien confiar y recuerdas una vez más que el sistema esta hecho para expulsarte, que vives en Guatemala.
Te agotas, quieres renunciar, abandonarlo todo, tomar el camino fácil y no aquel que esta lleno de obstáculos, esos obstáculos tan crueles, tan obscuros, tan vacíos de conciencia y corazón que no traen más que dolor y sufrimiento.
Y estando derrotado y sin aliento decides dejar la causa de tu hija, renunciar a ella, abandonarla y con ello pasar a ser un guatemalteco más sin conciencia y corazón: mediocre, cobarde, hipócrita, apático, ciego, insensato, necio, enfermo, indiferente e irresponsable.
Está decidido, dejas la causa. Tranquilizas tu conciencia diciéndote que hiciste todo lo posible, que durante tres años luchaste sin descanso día a día, que el sistema no se puede vencer, que no puedes nadar contra la corriente, que una golondrina no hace verano, que vives en Guatemala y que aquí la justicia constantemente te expulsa y te dice: “no me busques más, que en Guatemala, tu país, es imposible encontrarme.”
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