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Guatemala, sábado 23 de agosto de 2008

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laColumna:

Desamparo

Las convierten en las responsables.

Raúl de la Horra/Follarismos

Fuente menor Fuente normal Fuente grande
A millones de mujeres en este país se les hace cada vez más difícil seguir pariendo hijos. Entre las razones que pesan para querer evitarlos están: la imposibilidad de alimentarlos (leche, comida y pañales son caros), la imposibilidad de acceder a cuidados médicos (no hay cobertura de salud pública, sobre todo en áreas rurales), imposibilidad de darles una vivienda adecuada, de comprar ropa, de enviarlos a la escuela, de dejarlos en una guardería, etc. Y digo imposibilidad, no dificultad. Además, en un número incontable de casos, abandonadas, sin el apoyo del progenitor o de la familia.

Sin el apoyo del progenitor, pero también sin el apoyo del Estado, que en lugar de velar por sus hijos menos favorecidos y garantizarles salud, educación y condiciones de vida dignas, delega sobre esas madres, de manera casi exclusiva, la carga que en un país civilizado correspondería a la sociedad en su conjunto. E, igualmente, sin el apoyo de las instituciones eclesiásticas, que con su dedo culpabilizador, las convierten en las únicas responsables de la crianza y sostenimiento de los hijos. Es decir, que cientos de miles de mujeres de Guatemala se encuentran en el más grande de los desamparos, portando individualmente la carga sobrehumana de garantizar la sobrevivencia del conjunto de la sociedad.

¿Qué hay de extraño, entonces, que en tales condiciones, varios miles de esas madres, sintiéndose  desesperadas e impotentes, decidan asumir con el sufrimiento, la vergüenza y los riesgos que ello implica, la dolorosa decisión de suspender el desarrollo de un ser en potencia socialmente malvenido que hará peligrar la precaria sobrevivencia de los que ya han nacido? El que no comprenda esto puede llamarse cualquier cosa, menos cristiano.
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6 comentarios:

  1. Raul de la Horra: (2008-08-24 12:59:47 horas)
    Señores: ayer puse un comentario aquí a las once de la noche, espero lo cuelguen del Blog. De lo contrario, les haré un escándalo que se van a a cordar de mi. Por incompetentes.
  2. Raul de la Horra: (2008-08-24 01:14:36 horas)
    A ver si me explico: intento describir una situación que es lo que es y que constituye un problema masivo y grave de primera magnitud, vista la cantidad de abortos clandestinos y la altísima mortandad de madres que arriesgan su vida al realizar uno. Como problema social, no compete sólo a los individuos, tomados como tales, resolverlo, pues es un problema de Estado y de sociedad, un problema que nos concierne a todos, como nos concierne exigir en tanto que ciudadanos que se resuelvan las causas de la violencia, del desempleo, de la desnutrición y de la salud, etc., independientemente de si en nuestra vida privada intentamos con fortuna diversa poner en práctica los valores de la moral cristiana. El asunto aquí es que el Estado tiene la OBLIGACIÓN de educar y de poner los medios para que millones de mujeres tengan, efectivamente, OPCIONES, y no se vean obligadas por ignorancia, por falta de anticonceptivos, por falta de educación y de medios, a abortar. Las opciones, ese ejercicio de la LIBERTAD que usted, Karen Cancinos, menciona y practica, y que supone un alto grado de responsabilidad y una noción muy elaborada de lo que es la vida, la sexualidad, la responsabilidad, etc., son las opciones que toda sociedad debería (al menos así sucede en las sociedades que practican los derechos humanos fundamentales, al otorgar igualdad de oportunidades educativas y de salud a todos sus ciudadanos) poder dar a TODOS los habitantes, y no sólo a los que han tenido la suerte -como usted y como yo- de tener acceso a una buena educación (estratos medios y superiores de los sectores urbanos, sobre todo). Los valores de responsabilidad, de respeto a la vida, etcétera, que usted menciona y que yo comparto, son valores que se aprenden a través del ejemplo y en la escuela. Y es al Estado a quien compete dar las directivas de toda educación en el país, incluyendo las que conciernen al ejercicio de una sexualidad responsable. Estas no son sólo atribuciones de usted o mías en tanto que padres o esposos, sino obligaciones de la sociedad entera, de la comunidad humana en su conjunto. Por eso vivimos en sociedad, de lo contrario, mejor irnos a vivir a una montaña a comer raíces y olvidarnos de toda civilización. Un ejemplo de lo más simple e ilustrativo: para usted y para mí, es normal saber lavarnos las manos, usar agua potable, tener medidas elementales de higiene. Lo cual nos evita unos cuantos cientos de enfermedades. Pero para millones de personas en nuestro país, lo crea usted o no, no es así: no tienen agua potable, no saben lavarse, no conocen las medidas y reglas más elementales de higiene. Y luego los niños mueren de lombrices, malaria, etc. Más del 70 % de enfermedades mortales en el mundo rural podrían evitarse con el sólo hecho de que las personas tuvieran los medios y aprendieran a usar el agua. Las lombrices, en tales poblaciones, no es una opción: es una obligación! Pues con la sexualidad y la procreación sucede algo similar. De modo que aquí no se trata de asuntos de fe ni de religión. Se trata de algo mucho más concreto y básico, que nos concierne a todos, a nuestro destino como sociedad y al tipo de sociedad que vamos a heredarles a nuestros hijos. No sé si esta larga explicación permita entender mejor el fondo de mi artículo, pero en todo caso es mi deseo. De todos modos, gracias por sus comentarios, y que tengan un feliz fin de semana.
  3. Raul de la Horra: (2008-08-24 00:03:32 horas)
    A ver si me explico: intento describir una situación que es lo que es y que constituye un problema masivo y grave de primera magnitud, vista la cantidad de abortos clandestinos y la altísima mortandad de madres que arriesgan su vida al realizar uno. Como problema social, no compete sólo a los individuos, tomados como tales, resolverlo, pues es un problema de Estado y de sociedad, un problema que nos concierne a todos, como nos concierne exigir en tanto que ciudadanos que se resuelvan las causas de la violencia, del desempleo, de la desnutrición y de la salud, etc., independientemente de si en nuestra vida privada intentamos con fortuna diversa poner en práctica los valores de la moral cristiana. El asunto aquí es que el Estado tiene la OBLIGACIÓN de educar y de poner los medios para que millones de mujeres tengan, efectivamente, OPCIONES, y no se vean obligadas por ignorancia, por falta de anticonceptivos, por falta de educación y de medios, a abortar. Las opciones, ese ejercicio de la LIBERTAD que usted, Karen Cancinos, menciona y practica, y que supone un alto grado de responsabilidad y una noción muy elaborada de lo que es la vida, la sexualidad, la responsabilidad, etc., son las opciones que toda sociedad debería (al menos así sucede en las sociedades que practican los derechos humanos fundamentales, al otorgar igualdad de oportunidades educativas y de salud a todos sus ciudadanos) poder dar a TODOS los habitantes, y no sólo a los que han tenido la suerte -como usted y como yo- de tener acceso a una buena educación (estratos medios y superiores de los sectores urbanos, sobre todo). Los valores de responsabilidad, de respeto a la vida, etcétera, que usted menciona y que yo comparto, son valores que se aprenden a través del ejemplo y en la escuela. Y es al Estado a quien compete dar las directivas de toda educación en el país, incluyendo las que conciernen al ejercicio de una sexualidad responsable. Estas no son sólo atribuciones de usted o mías en tanto que padres o esposos, sino obligaciones de la sociedad entera, de la comunidad humana en su conjunto. Por eso vivimos en sociedad, de lo contrario, mejor irnos a vivir a una montaña a comer raíces y olvidarnos de toda civilización. Un ejemplo de lo más simple e ilustrativo: para usted y para mí, es normal saber lavarnos las manos, usar agua potable, tener medidas elementales de higiene. Lo cual nos evita unos cuantos cientos de enfermedades. Pero para millones de personas en nuestro país, lo crea usted o no, no es así: no tienen agua potable, no saben lavarse, no conocen las medidas y reglas más elementales de higiene. Y luego los niños mueren de lombrices, malaria, etc. Más del 70 % de enfermedades mortales en el mundo rural podrían evitarse con el sólo hecho de que las personas tuvieran los medios y aprendieran a usar el agua. Las lombrices, en tales poblaciones, no es una opción: es una obligación! Pues con la sexualidad y la procreación sucede algo similar. De modo que aquí no se trata de asuntos de fe ni de religión. Se trata de algo mucho más concreto y básico, que nos concierne a todos, a nuestro destino como sociedad y al tipo de sociedad que vamos a heredarles a nuestros hijos. No sé si esta larga explicación permita entender mejor el fondo de mi artículo, pero en todo caso es mi deseo. De todos modos, gracias por sus comentarios, y que tengan un feliz fin de semana.
  4. Anibal Perez: (2008-08-23 13:39:02 horas)
    Raul ya fue suficientemente claro en tan pequeño espacio; todavia se requiere alumbrar a este pueblon con los conceptos de embarazo, aborto, feto, cigoto, salud y educacion sexual, derecho al placer, responsabilidad personal y compartida y, sobre todo, señalar a las instituciones moralmente represoras y retrogradas de las taras que defienden, promueven e impulsan y mandarlas, literalmente, al bote de basura de modo que, como pais y como individuos, empecemos a avanzar en la senda de la armonia. Este columnista es a todo dar.
  5. Karen Cancinos: (2008-08-23 13:32:03 horas)
    Raúl, entiendo la imposibilidad, como usted dice, para muchas personas de hacerse cargo de niños... yo NO soy madre porque así lo he elegido, precisamente porque no quiero traer a un chiquito al mundo, o a dos, o a diez, a sufrir precariedades

    en cuanto al apoyo del progenitor al que se refiere, Raúl, usted, como padre que es, sabe que una no hace bebés sola... me parece que no es anticristiano ni antiestatista insistir en la responsabilidad de cada adulto en cuanto a sus decisiones... yo, como mujer crecidita, por elemental sentido de supervivencia (y no por mojigatería como pudiera alguien pensar), uno, no salto a la cama con cualquier irresponsable, y dos, no hago hijitos con un fulano con quien no hay vínculo serio ni compromiso

    discrepo con "la carga que en un país civilizado correspondería a la sociedad en su conjunto"... Raúl, le pareceré horrendamente egoísta, pero yo no me siento responsable de niños que no son míos, porque sé que no soy responsable de las elecciones ajenas, más cuando hablamos de decisiones adultas de engendrar/concebir

    en cuanto a "las instituciones eclesiásticas, que con su dedo culpabilizador, convierten en las únicas responsables de la crianza y sostenimiento de los hijos" a las mujeres que usted pinta como víctimas, pues no sé cómo funcionen las iglesias que no conozco, pero la católica, cuya fe practico, insiste una y otra vez en la importancia del matrimonio tradicional como ámbito idóneo para la crianza de niños (que es como decir que insiste en la corresponsabilidad de ambos progenitores, hombre y mujer)... simplemente no es correcto afirmar que la iglesia católica pretende o promueve que los niños vengan al mundo a hogares monoparentales

    así que, Raúl, no me llame anticristiana por discrepar con cada una de las líneas de su escrito de hoy, y permítame decirle, con la admiración que tengo por su pluma y con el afecto que su persona me inspira, que es usted quien no comprende los principios de una fe que, hasta donde sé, no comparte ni profesa

  6. Ricardo Berganza: (2008-08-23 07:38:16 horas)
    La ecuación es más o menos así: A más pobres más riqueza (parece estúpido, pero incluso los centros hegemónicos de poder procuran hacerse de su proporción de pobres). Los pobres son mercancía. Si se les mantiene educativamente pobres, también son electores, consumidores, y en gran oferta son solo una mercancía más, que dicho sea de paso, hay que mantener al menor precio para tener "competitividad". Eso sí, algunos que vayan a la escuela, algunos tendrán oportunidades, pero la mayoría deben seguir así. Mientras tanto, para que no se desesperen, inventemos historias para adormecerlos, digámosles que hay una mano invisible del mercado que les regresará riqueza cuando las empresas tengan suficiente libertad para producirla. Digámosles también que no se deben preocupar por algunas carencias terrestres, pues al morir irán directo a un paraíso... eso sí, para esto último no está de más que den algunas ofrendas/limosnas en cómodas mensualidades, que al fín y al cabo pobres ya son, y un abono para la vida eterna no les hará gran diferencia.
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