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Guatemala, domingo 24 de agosto de 2008

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Domingo:

Ellos las vuelven locas

Mike y Yoshua trabajan en la única profesión donde se recibe la paga dentro de los calzoncillos: son “strippers” profesionales y juegan a excitar a las mujeres moviendo la pelvis y frotándose los bíceps. Una profesión que escandaliza a más de uno, pero que divierte a muchos.

Marta Sandoval

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Se llama “Mike”, o al menos ese es su nombre artístico. El real prefiere guardárselo, junto a su otra vida, la vida que lleva de día. La que la oscuridad de la noche esconde es muy distinta, empieza su jornada con ropa y termina sin ella. Sólo una diminuta tanga cubre su cuerpo, que se consume en las mentes de una tribu de mujeres al borde de un ataque de nervios, como diría Almodóvar. Gritos, dedos de uñas largas recorriendo su piel, billetes que se sostienen gracias a la eficiencia del elástico de su ropa íntima, música a todo volumen y alcohol en exceso. Mike sonríe y muestra los músculos, que no son tan grandes, pero motivan; como respuesta recibe una docena de manos tratando de tocarlo. A veces, cuando regresa a casa, nota los surcos que unas uñas filudas han dejado en su espalda. Mike es stripper desde hace diez años, un trabajo que le apasiona y en el que juega a ser policía, militar, bombero o El Zorro, todo lo que quería ser de niño en una sola profesión.

Yoshua es moreno, de ojos rasgados y nariz perfilada, su cuerpo fornido y su pecho cuadriculado, recuerdan a los guerreros mayas. Por las mañanas trabaja en una fábrica de tabla yeso, pero de noche baila para provocar. Y las mujeres responden. Durante su espectáculo, las chicas pueden tocarlo, silbarle y apretar sus glúteos como si fueran de plastilina. La más desinhibida, o delgada, recibe un baile de cerca, donde la cargan, mientras ella se abraza al fornido cuerpo con manos y piernas, un baile erótico que hace sudar, donde muchas mujeres se olvidan de los tabúes, el recato y los consejos de la abuela.

Cuando hay show, Yoshua sale con una maleta cargada de disfraces. Esa maleta, Mike la tuvo escondida por mucho tiempo. No se atrevía a decirle a su madre que ganaba dinero mostrando su cuerpo ante un grupo de mujeres extasiadas. Por eso, lavaba su ropa cuando ella no estaba y le decía simplemente que trabajaba en una discoteca. “Pero las mamás siempre presienten todo y terminó por saberlo”, confiesa. “No le pareció, es una mujer de muchos valores y muchos principios, le costó aceptarlo. Pero una madre siempre va aceptar a su hijo como sea. Ella sabe que es mi vida, que eso no es un trabajo malo, y que es un tipo de arte”, cuenta el chico de 30 años, que en el día trabaja en una ONG, “es una institución que ayuda a las personas, es todo lo que puedo decir al respecto”, concluye.

Mujeres al ataque

“Mirá, te voy a contar algo”, advierte Mike con cara circunspecta, “una mujer excitada es mucho peor que los hombres”, su mirada revela que ha tenido experiencias fuertes. Una noche, mientras acercaba sus glúteos a una chica en efervescencia, sintió un pellizco fuera de lo común. Dio un salto y volvió la vista para descubrir una cara de lujuria, con una tenaza para hielo en la mano; acababa de agarrarle una nalga, el dolor era fuerte y sintió que sangraría en cualquier momento.

“Hasta cierto punto, tratamos de ser profesionales. No dejamos que nos toquen la parte íntima o nos falten al respeto. A veces quieren aruñar o pegar y no lo permitimos”. Pero no siempre lo consiguen, a Yoshua, una mujer se le tiró encima como fiera para tratar de morderlo. “Me la tuve que quitar como pude”. Prohibido morder, lamer, aruñar o pellizcar, aunque claro, hay quienes se saltan las prohibiciones. “Pasa mucho también, que uno quiere quitarse la ropa despacito y cuando sentís ya te desnudaron ellas”, cuenta Yoshua.

“También tratan de bajarnos la tanga. Nosotros siempre nos quedamos en tanga, y generalmente tienen broche a los lados y la desabrochamos jugando, pero nunca llegamos a quitarla por completo, es sólo un juego para emocionarlas. Entonces debemos tener mucho cuidado al acercarnos, porque en un descuido nos la quitan y nos dejan con todo al aire”.

¿Desnudarse por completo? “No, eso no es parte del show. El espectáculo termina en tanga o si las mujeres son más recatadas, en bóxer, pero dejar todo a la vista nunca. Se pierde la magia. Se trata de dejar algo a la imaginación, estar totalmente desnudos hace que se rompa con la sensualidad”, dice rotundo Mike, pero Yoshua titubea y cuando se le pregunta si él lo haría a cambio de dinero, ríe, esa risa nerviosa que delata siempre al que quiere esconder algo y no puede. Termina por confesar que una vez lo hizo, “pero fueron dos segundos y me tapé”. Era el cumpleaños 50 de una señora adinerada, vivía en la zona 10, y había reunido a todas sus amigas para algo más que partir un pastel. Yoshua llegó de vaquero, y notó que la cumpleañera estaba fuera de sí. Pedía más y más canciones. Su cuenta aumentaba y ella quería más. Hasta que se le ocurrió cuál sería su mejor regalo: “te lo quiero ver”. La suma fue subiendo tanto que Yoshua no tuvo más que bajarse la tanga. “Me dio un poco de clavo”, sonríe tímido. Esa noche salió con Q2 mil repartidos entre los bolsillos y los calzoncillos.

¿Yo, objeto sexual?

Las chicas los ven con lascivia, les hacen proposiciones indecorosas, les gritan piropos a veces pasados de tono. Si fueran mujeres, la gente diría que los tratan como objetos sexuales. Pero, ¿acaso no lo son? “La verdad sí, pero me gusta”, Yoshua no se queja. Mike opina lo contrario, “tanto como objeto sexual no. Sé bien que al show llego a provocar a las mujeres, pero cuando termina hago mi vida normal”.

¿No se sienten discriminados porque una mujer con su misma profesión no se deja tocar, se desnuda menos y cobra más? Yoshua lo piensa dos segundos y responde: “No, discriminado no. Lo que pasa es que ellas, de mujeres, se arriesgan más. A pesar de que se les dice a los hombres que no las toquen siempre hay más de algún borracho que se pasa. Además, les dicen palabras obscenas y las ven de una forma ofensiva”.

¿Y a ustedes no? “Sí, siempre, les agarra la locura y no se controlan. Pero uno de hombre qué pierde con que le toquen las nalgas, no pasa nada, no te va a ofender eso, pero a una mujer sí la ofende. A las mujeres se les tiene que respetar en ese sentido, si a ella se les toca se sienten violadas”, aclara Mike.

¿Ustedes nunca se han sentido violados? Los dos ríen a carcajadas, corroboran que la pregunta es en serio y Mike responde: “No, cuando se quieren pasar de la raya uno las para. Cuando ves que ya va la mano a agarrar, ya sabes que uno se hace el quite y listo. Sabes cómo defenderte mejor”.
Por 45 minutos de baile cobran Q700 o Q1,200 si se contrata a dos bailarines. El striptease es ocasional, hay semanas en las que trabajan todos los días y otras, menos afortunadas, donde sólo tienen una o dos presentaciones. Les contratan en despedidas de soltera, el Día de la Secretaria o convivios. Aunque no sólo esas son ocasiones propicias para llevar a un hombre a desnudarse, Mike recuerda una compañía que solicitó sus servicios para premiar a sus trabajadoras porque rompieron un récord de ventas. Para contratarlos basta enviar un mail a mikerc2008@yahoo.es. “Estoy consciente de que este trabajo es temporal, a los 40 años ya no voy a poder hacer esto, o cuando quiera formar una familia y tener hijos tendré que dejarlo”, dice Mike, no sin cierta preocupación, porque le encanta su trabajo. “Bailar, fiestas y chavas, ¿a quién no le va a gustar?”, recalca Yoshua. Pero no todo es como parece. “La gente se imagina que tenemos muchas mujeres. Pero no es tanto así. Se puede conectar bastante, pero no lo hacemos”, agrega Yoshua. “Al principio te ves fascinado con ese mundo, se te puede dar todo muy fácil. Pero a la larga va pasando, te vas valorando, sabés que no podés estar con cualquiera y que primero que todo te tenés que respetar a ti mismo. Ahora, yo lo veo como un trabajo y nada más”, puntualiza Mike. Antes de irse a un show, Mike escucha las palabras de su novia: “papi, pórtate bien por favor”, y asegura que lo cumple. Termina el show, toma sus cosas y se va.

¿Proposiciones de ir a la cama? “Muchas. Nos llaman y nos preguntan qué incluye el servicio, nosotros especificamos que es sólo el baile, y a veces ofrecen cargo extra por darles algo más… ya sabes… pero no lo hacemos. No somos prostitutos, somos bailarines”.

Su público está compuesto por mujeres de todas las edades. Desde jovencitas de colegio, que hacen “coperacha” para pagarse una noche de diversión, hasta señoras mayores. “Cuando yo empecé a bailar eran señoras de 30 y tantos o mayores”, recuerda Mike. “Pero ahora se está perdiendo el tabú y ya las más jovencitas se animan a pedirlo”. Yoshua ha bailado, incluso, frente a su propia madre. “Siempre me ha apoyado. Mi mamá lleva en su bolsa fotos mías y le gusta enseñárselas a la gente”. La madre de Mike no es tan amplia, pero su hermana sí, de hecho ella lo contrató una vez.

Lo que sí dejan claro es que no hacen presentaciones para gays. Sólo para mujeres. Alguna vez han bailado frente a público mixto, y de los hombres sólo han recibido insultos, burlas, o limones lanzados con asombrosa puntería.

Para ser stripper hay que tener tres aptitudes, asegura Mike: buen cuerpo, carisma y saber moverse. Aunque para conseguir el cuerpo que tienen han dejado cientos de horas en un gimnasio; ahora van menos, tres veces a la semana si hay suerte. El trabajo más los estudios (Mike cursa Derecho en la Universidad de San Carlos) hacen que el tiempo sea corto.

Experiencias han tenido muchas, buenas y malas. Yoshua recuerda la peor: “Una vez estábamos bailando con lentes oscuros. Y yo vi a una chava entre el público y me acerqué a bailarle bien pegadito, me agaché frente a su cara y de todo. Pero cuando me quité los lentes, me di cuenta que no era una mujer. Todos le bailamos, fue horrible”.

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6 comentarios:

  1. María Fëmbrumm: (2011-10-19 23:54:03 horas)
    Cada quien debe dedicarse a lo que le gusta, mis felicitaciones para estos chicos.
  2. Gabriela González: (2008-08-25 10:42:14 horas)
    Inmoral o no, para mi Mike es el mejor , lo admiro ya que su autoestima lo tiene muy en alto. Baila muy bien y es el amor de mi vida. Además es un gran ser humano, estudioso y ama la vida, no juzguen sin antes conocer a las personas , además inmorales somos todos los seres humanos al momento de tener malos pensmientos, no sean envidiosos.
  3. Gaby: (2008-08-25 10:37:50 horas)
    Inmoral o no, para mi Mike es el mejor , lo admiro ya que su autoestima lo tiene muy en alto. Baila muy bien y es el amor de mi vida. Además es un gran ser humano, estudioso y ama la vida, no juzguen sin antes conocer a las personas , además inmorales somos todos los seres humanos al momento de tener malos pensmientos, no sean envidiosos.
  4. Dario Rojas: (2008-08-24 17:40:54 horas)
    Me parece de bajisimo profesionalismo un articulo de esta indole. Celebrando que un par de inmorales se encueren enfrente de mujeres sin escrupulos. Hoy si me decepciono el Periodico.
  5. mario lopez: (2008-08-24 16:52:31 horas)
    tanto relajo por un par de patojos que se ofrecen en tanga. mas parece anuncio sexual. o que la clienta que escribio esto les ayudo a hacerce publicidad. aqui hace ya mas de 10 anos que existen. que gran novedad!
  6. Wendy Vásquez: (2008-08-24 12:04:04 horas)
    Porqué tanta emoción por un bailarín "profesional" en tanga? pareciera que en Guate no hay hombres para tanta mujer o que los hombres de las mujeres que se excitan con los strippers no les sirven de mucho.
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