Un recorrido por la Ciudad Vieja de Jerusalén- el sitio donde se congregan lugares de enorme importancia para las tres principales religiones monoteístas del mundo.
Beatriz Colmenares
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Beatriz Colmenares
La ciudad vieja, vista desde el Muro de los Lamentos. Al fondo, la Cúpula de la Roca. El minarete corresponde a una mezquita.
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La Ciudad Vieja de Jerusalén abarca menos de un kilómetro cuadrado. Sin embargo, quienes la visitan pueden pasar días enteros recorriendo sus calles -una serie de laberintos, callejones y túneles- una y otra vez. A las campanas de iglesias llamando a misa, se suman los cantos del muecín convocando a la oración. Ello sucede mientras presurosos judíos caminan hacia el Muro de los Lamentos, uno de los más sagrados sitios de su religión, mientras pasan a la par de ventas de cualquier producto imaginable.
No hay en el mundo un sitio que pueda asemejarse a la Ciudad Vieja de Jerusalén, cuyos primeros cimientos se erigieron hace más de tres mil años, en tiempos de los reyes David y Salomón (este último, constructor del Templo Judío) y la cual se vio transformada por invasiones babilónicas, persas, romanas y árabes. Tradicionalmente ha estado dividida en cuatro barrios aunque los actuales nombres -Armenio, Cristiano, Judío y Musulmán- se introdujeron hasta el siglo XIX.
Es, en esencia, una ciudad amurallada. Las actuales, fueron levantadas en 1583 por el sultán otomano Suleiman El Magnífico. Estas cuentan con 43 torres de vigilancia y ocho puertas, de las cuales únicamente una –la Dorada- está cerrada al público. La misma fue clausurada por los musulmanes en el siglo VII y sólo se abrirá, según indica la tradición, en el Día del Juicio Final.
La mayor parte de turistas cuando visitan la Ciudad Vieja por primera vez ingresan por la puerta de Jaffa, donde los taxis pueden entrar sin ningún problema. La Puerta de Damasco, una de las más bellas, da directo al Barrio Musulmán; en la de Herodes entraron los Cruzados en 1099; la de Los Leones (o San Esteban, por ser el sitio donde murió el primer mártir cristiano) conduce al Monte de los Olivos y al de Getsemaní; la de Estiércol (o de los Moros) es la más pequeña; partes de la de Sión (que da directo al monte del mismo nombre) fueron botadas para poder dar acceso a un monasterio francisco y la Nueva (abierta en 1887) se construyó para peregrinos cristianos.
Es preferible, si usted va por su cuenta, que vaya armado con un mapa detallado de la Ciudad Vieja, ya que perderse es realmente muy fácil. Y más recomendable aún solicitar información en la Oficina de Turismo ubicada cerca de la puerta de Jaffa para realizar una visita guiada por los principales sitios de este pequeño universo.
Una vez empieza a recorrer las sinuosas calles y subir sus peldaños, empezará a, literalmente, seguir tras los pasos de la historia. Como ejemplo, en esta área, antes de incursionar en los barrios, está la Torre de David, construida por Suleiman en el sitio donde antes estuvo un palacio construido por Herodes El Grande. Historia sobre historia.
Barrio Armenio
El Armenio es el más pequeño de los barrios y con el menor número de residentes. Está lleno de pequeñas iglesias, cuenta con un monasterio y con la catedral del Apóstol Santiago, quien fue decapitado en este lugar. El templo sólo está abierto dos horas al día (de 6:30 a 7:30 y de 15:00 a 15:30), lo cual es importante tomar en cuenta si desea visitarlo.
En este barrio, hay museos de historia de la comunidad, constantes referencias al genocidio del que aseguran fueron objeto por parte del Imperio Otomano en 1915 y gran cantidad de tiendas de cerámica, cuyo estilo y elaboración es muy parecida a la mayólica.
La presencia de monjes armenios, sin embargo, se siente mucho más allá de su barrio. Controlan parte del Santo Sepulcro y tienen presencia en otros lugares santos. Se estima que la comunidad armenia se estableció en Jerusalén en el año 400, y hoy viven alrededor de 500 en esta parte de la ciudad.
Barrio Judío
Ubicado al suroeste de la Ciudad Vieja, el Barrio Judío es el más elegante de todos. Cuenta con impresionantes edificios de apartamentos, cafeterías bajo los árboles y tiendas de artículos de lujo, ubicadas casi todas éstas últimas en el Cardo, una calle de tiempos romanos de la que aún se conservan columnas y parte de las calles originales de adoquín.
Es en esta parte donde se puede apreciar mejor los sucesivos estratos históricos que conforman la ciudad y su herencia romana. Entre sus principales atractivos figuran la Casa Quemada (que data de tiempos de la construcción del Segundo Templo, en el año 538a.c.) y por supuesto, el Muro de los Lamentos.
Para ingresar a lo que queda del Templo de Salomón, es preciso pasar por puntos de control de seguridad, colocados en las cercanías. Se revisan los bolsos de los turistas y se pasa por debajo de máquinas de rayos X, pero éstos por lo general son muy rápidos y no representan mayor problema para el visitante. El Muro de los Lamentos está dividido en dos: una parte (la mayor) para los hombres (todos deben colocarse una kippa sobre sus cabezas) y la menor, para las mujeres. En el shabbat (viernes por la tarde y sábado durante el día) no se permite tomar fotografías ni fumar en la plaza. Sin embargo, estar en ese sitio durante ese lapso de tiempo reviste al lugar de un atractivo especial.
Explanada de las Mezquitas/ Monte del Templo
En este sitio, sagrado tanto para judíos como para musulmanes, está ubicada la Cúpula de la Roca, quizás la estructura más representativa de Jerusalén, la cual fue construida sobre los cimientos del Templo construido en tiempos del Rey Salomón.
Los turistas deben de tomar en cuenta que sólo se puede acceder por la Puerta de Estiércol (o de los Moros) y es preciso ser objeto de la más exhaustiva de las revisiones en la Ciudad Santa.
Las mujeres deben llevar cubiertos los hombros. Nada de pantalones cortos para ambos sexos. El sitio está bajo custodia de las autoridades musulmanas, pero la seguridad corre a cuenta de la Policía israelí. Los judíos no pueden ingresar, por orden del Rabinato de Jerusalén y los rótulos alertando de esta prohibición no pasan desapercibidos.
Los turistas no musulmanes tienen prohibido el ingreso tanto a la Cúpula de la Roca (dentro está la piedra sobre la cual, según la tradición, Abraham iba a sacrificar a su hijo) como a la Mezquita de Al Aqsa, la tercera más sagrada del Islam. Tampoco se puede ingresar durante las horas de oración, por lo que lo más conveniente es visitarla en la mañana, de 7:30 a 10:30 a.m.
Barrio Musulmán
Una vez se sale de la tranquila Explanada de las Mezquitas, el visitante se adentra en el caótico mundo del Barrio Musulmán. La mezcla de olores, sabores, colores y sonidos es impresionante. Dos calles, la Souq Khan ez-Zeit y la El Wad son mercados, llenos de pequeños cubículos en donde se venden mascotas a la par de especies a la par de relojes a la par de almohadones a la par de... ya se habrá hecho una idea.
Los vendedores hacen lo posible por hablar el idioma del quien ven pasar. Acérquese a sus puestos de venta sólo cuando le interese realmente algún artículo, porque es muy difícil zafarse de los hábiles vendedores del Souq. Regatear es un deber en este sitio. Y puede hacerlo sin mayor problema en español o español mezclado con inglés.
Barrio Cristiano
Es muy difícil diferenciar al Barrio Cristiano del Barrio Musulmán. Y de hecho, los puestos de venta árabes están omnipresentes durante todo el paso por la Vía Dolorosa, donde está colocada, la que según la tradición, el Vía Crucis. Algunas estaciones están ubicadas a la par de una tienda. Todas van, gradas arriba, hacia el más sagrado de los sitios para los cristianos de este lugar, el Santo Sepulcro.
Esta iglesia, (un amplísimo templo cuya custodia comparten cristianos, griegos ortodoxos, armenios, egipcios coptos y etíopes) es un enorme laberinto, cuya primera fase fue construida por órdenes de Santa Elena en el siglo III, y en la que están ubicados las últimas cinco estaciones del Vía Crucis, por ser este el lugar en donde, según la tradición fue crucificado y enterrado Jesucristo y donde también tuvo lugar la resurrección.
Además de las estaciones (la XII “Jesús muere en la Cruz” es particularmente impresionante, por ser íconos ortodoxos de tamaño natural), también se cuentan capillas y oratorios. Visítelo en la tarde/noche. De abril a septiembre el templo está abierto hasta las 21:00 horas y la afluencia de peregrinos es menor. Eso sí, tenga muy bien claro cómo llegó al lugar para poder identificar la puerta de salida de la Ciudad Vieja sin mayor problema.
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4 comentarios:
MANN PELLECER: (2008-08-24 21:57:33 horas)
Menos mal que Marjorie Koplowitz escribió, porque ella es la persona guatemalteca a la que me referia y que podría darnos un buen tour por todo Israel. Y a gozar de esa experiencia que perfectamente nos transcribió la bella Bea Colmenares.
Marjorie Koplowitz: (2008-08-24 16:27:41 horas)
Increiblemente educativo, ilustrativo y descriptivo el articulo sobre Jerusalem. Yo le agregaria, lo que a mi mas me impresiona cada vez que visito la Ciudad Santa: como se siente uno tan, pero tan cerca de D'os. Estoy segura que esta sensacion la sentimos los miembros de las 3 religiones a las que se refiere. No puede uno morir sin antes haber visitado esta increible ciudad!
MANN PELLECER: (2008-08-24 15:18:24 horas)
Marjorie Berkowitz, que vive en Tierra Santa podría ser nuestra guía de turistas, para que no pase de perderse como dice Beatriz Colmenares que con facilidad puede suceder. Bello articulo
mannpellecer@yahoo.com
MANN PELLECER: (2008-08-24 14:45:03 horas)
Hasta donde llega la terquedad, la soberbia e irrespeto de estas tres religiones.
Adoran y hasta se rasgan la ropa por alabar al mismísimo D’OS,
¿por qué insisten en seguir siendo tres, si D'os es uno? ¿o será que estas, con sus intransigencias se aman mas a sí mismas, que a D'os nuestro Señor mismo?mannpellecer@yahoo.com
4 comentarios: