Una de las áreas más enriquecedoras de mi carrera periodística ha sido trabajar de cerca con jóvenes en proyecto de liderazgo Switch de elPeriódico. Es a través de compartir largas jornadas con estos adolescentes que he aprendido a escuchar sus historias, sus sueños, sus frustraciones, pero también sus temores.
Un aspecto más que se sabe: algo muy grave está sucediendo en el entorno juvenil y representa un peligro latente para sus hijos.
“Mi cuate entró a la discoteca de la zona 10; nos tomamos tres tragos y cuando salimos él se sentía muy mal; estaba mareado y vomitaba. Mientras fui a pedir ayuda, él desapareció y fue hasta el día siguiente en la mañana cuando apareció cerca de San Isidro en zona 16, desnudo. No recordaba nada, estaba golpeado y lo habían violado….”. Este es el relato verídico que uno de estos adolescentes que cursa el cuarto diversificado en un conocido colegio privado compartió recientemente conmigo.
Después de este testimonio, brotaron como catarata otros más: “A esta chava de 17 años, que está en mi clase, la invitaron a un trago en una fiesta privada de un bar… dice que no recuerda nada… sólo que al día siguiente apareció desnuda; le habían robado todo, la hicieron pedazos”. Otro caso más, habla de un prestigioso centro comercial de zona 10, donde en un café pusieron un estupefaciente a una joven mujer, que la llevó a un estado de inconsciencia por varios días.
Tras escuchar estos relatos, me he dado a la tarea de conversar con varios comisarios de Policía, quienes me aseguran que registran varias centenas de denuncias interpuestas por menores, que hablan de sustancias puestas en sus bebidas que les causan la pérdida de memoria. El patrón es el mismo: las víctimas son despojadas de sus pertenencias o abusadas sexualmente en bares, restaurantes, discotecas y hasta en fiestas privadas.
Lamentablemente, por temor de los padres no ratifican su denuncia y los delincuentes continúan impunes haciendo sus fechorías.
Para aquellos padres que educan adolescentes, esta es una alerta roja.
Nuestros jóvenes están expuestos a ambientes cada vez más peligroso. Es urgente que los padres regulen y se enteren de los lugares que visitan sus hijos, pero que también los instruyan del peligro que representa aceptar bebidas de desconocidos o pedir tragos no envasados.
Acá algunos datos que he recabado: actualmente, existen drogas utilizadas para abusar sexualmente; la más común es el “date rape”, (de violación durante una cita), que es colocada en la bebida alcohólica de la víctima sin que se dé cuenta.
La más utilizada es el flunitrazepam, conocido comercialmente como Rohypnol, un anestésico quirúrgico que al mezclarse con el alcohol ocasiona un efecto incapacitante para la víctima, quien no puede defenderse de la agresión sexual o de otro tipo.
Tiene efectos sedativos e hipnóticos que además incluyen amnesia, por lo que la víctima no recuerda lo sucedido; puede ser mortal por sus combinaciones con alcohol y otras drogas o medicamentos depresores.
El Rohypnol empezó a utilizarse en Europa en los años setenta, y desde entonces se ha extendido a Estados Unidos y Latinoamérica. Se le conoce también con los nombres de “rophies”, “roofies”, “roach” o la droga de “date rape”. Otra sustancia también utilizada para abusar sexualmente de la víctima es el Clonazepam, que se vende con el nombre de Klonopin y Rivotril. También se usa para intensificar los efectos de la heroína y otros opiáceos.
El mercado de drogas es inmenso, y día a día más substancias ponen en riesgo a niños y jóvenes. Por eso, los padres deben recordar a sus hijos que en una sola cita y en una sola noche pueden, con lo que consumen, quedar embarazadas en caso de ser mujeres contraer alguna enfermedad de transmisión sexual o morir si la dosis de consumo fue excesiva para el organismo.
Ante la creciente amenaza de estos grupos de psicópatas que se dedican a agredir jóvenes, el Ministro de Gobernación debe crear políticas drásticas para controlar, allanar y cerrar estos antros. Mientras tanto, nos toca a nosotros los padres velar por la seguridad de nuestros hijos y quizá regresar a los antiguos modelos de disciplina, donde la experiencia de vida y la palabra de los padres era lo que contaba.
En próximas columnas espero comentarles sobre los peligros que conllevan el uso no regulado de HI5 y Facebook.
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