En esta entrevista, la escritora nos hace cómplices de la lectura de su último poemario , “Frágil como el Amor”.
Por: Oswaldo J. Hernández
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Poeta, dramaturga, ensayista… en realidad, los apelativos quedan cortos ante la escritora guatemalteca Luz Méndez de la Vega. Ahora, tras haber recibido del Gobierno de Chile la valiosa distinción de la Medalla Presidencial Conmemorativa del Centenario del Nacimiento de Pablo Neruda en 2004, ha sentido la motivación por retomar su pluma. El resultado: un nuevo libro denominado Frágil como el amor, editado por Artemis Edinter, en el que puntualiza y dedica una revivida admiración por el poeta chileno. ¿Cuál ha sido el compromiso que la llevó a realizar “Frágil como el Amor”? – De 1998 a 1999, luego de mis poemarios Helénicas y Toque de Queda, me dediqué a escribir textos académicos, y una antología de poetisas guatemaltecas. Pero, en 2004, cuando recibí el honor de estar entre los cien escritores a quienes el Gobierno de Chile otorgara la Medalla Conmemorativa por el Centenario de Pablo Neruda, pues pensé en dejar un testimonio más de mi agradecimiento y mi admiración por el gran poeta, dedicándole un poemario. Sin embargo, su edición se fue rezagando, hasta que, gracias al editor Jesús Chico y la Editorial Artemis Edinter, fue publicado en ocasión de la Feria del Libro 2008. “Frágil como el Amor” cuenta de cuatro partes. La primera, “Huellas en la Arena”, recurre a las intermitencias luminosas, ¿qué sentido posee la “luz” para Luz Méndez de la Vega? – Precisamente porque me llamo Luz me siento inhibida en el uso de esta palabra y casi siempre busco una que la sustituya. Es una cuestión muy personal y psicológica, pues. Cuando niña, una maestra, al reprenderme mis rebeldías acostumbraba ironizar: “En vez de Luz, debías llamarte Oscuridad”. Flavio Herrera hizo, con esto, un precioso hai-kai que juega con mi nombre… Espero, esto, valga como respuesta. “Testimonios” es la segunda parte de la obra. El recuerdo, el olvido. ¿Hay metáforas en la evidencia y desgaste de la vida? – Testimonios abarca un grupo de poemas con datos biográficos reales, y que están ligados a un sentimiento de anticipada nostalgia por su inevitable esfumarse en el tiempo, o bien con la tristeza de lo ya perdido. En los poemas Urbana y Taller de Reparación su coincidencia con la realidad de mi concreto entorno y lo prosaico de su temática, está atemperado por un evidente sentimiento de ternura hacia la presencia familiar casi humanizada de las cosas, por su largo tiempo de compartir la vida conmigo. El tiempo en “Relojes” y “Calendarios” tiene una percepción profunda. ¿Cómo reconocer nuestra transitoriedad, claro, a través de la poesía? – Proponerme abrir algún ojo indiferente ante la relación del paso trascendental de las agujas del reloj, en cuanto a nuestra existencia, es el tema dominante de la parte Relojes y Calendarios. Las agujas del reloj marcan el instante en que nacemos y en el que morimos. Los relojes nos señalan que somos más efímeros que el paso de sus agujas de un segundo a otro, porque seguirán girando cuando ya no estemos. Luego, la última parte de la obra: “Claroscuros”, con una forma rigurosa que en Luz Méndez de la Vega, se percibe fresca, reinventada. ¿Existen nuevas búsquedas para Luz Méndez de la Vega? – Claroscuros es un intento de simbolizar la paradoja de la vida y la fusión de sus opuestos: la noche que hace esperar el día y la esperanza que redime la desilusión. Mi intención fue el mensaje de vivir intensamente cada momento de gozo o dolor como pruebas de existencia frente al destino de caminar hacia el olvido y la muerte. Creo que es una temática con validez, por ser tan humana como la poesía; además lleva a una reflexión más profunda sobre el problema de la existencia. En cuanto a mi trabajo, pese a todo, estoy terminando una obra histórica-literaria sobre símbolos desconocidos en la vida y obra de Saint-Exupery. Se trata de una investigación conjuntamente con mi hija Sonia Asturias de Plihal. ¿Qué nos puede comentar sobre la experiencia de “Carta-Botella”, el epílogo que concluye su obra? – Carta-botella fue un intento de hacer poesía con algo tan prosaico como lo son las bibliografías. Tiene el valor sentimental de recordarme mi apasionamiento juvenil por la poesía de Neruda. Su final en parte es autobiográfico; porque, desde hace varios años, guardo un gran caracol rosado que, evocando a Neruda, recogí en una playa. Finalmente, ¿qué tanta fragilidad existe, en verdad, en “Frágil como el amor”? – La fragilidad está en mantenerse alejado de lo espectacular que caracteriza a los recursos de la poesía de las nuevas generaciones. Por otra parte, ha prescindido del fuego pasional, ya sea éste cualquier sentimiento que aún logra sostener a la poesía. Está en presentarse así: sin ayuda de oropeles, elocuencias y sonoridades, sino sólo sencillo, sincero y sentimental. |
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