Creo que fue la escritora Rosa Montero quien dijo que si visitas una ciudad tres días, podrías escribir un libro. Y si tres semanas, un artículo largo. En cambio, si te quedas tres años, no podrás escribir ni un carajo, porque terminarás confundido con el paisaje.
Algo similar me sucede ahora en Madrid. Hacía tanto que no visitaba la ciudad, que el encuentro me ha catapultado hacia descubrimientos que no cabrían en diez tomos de la Enciclopedia Británica. A un subdesarrollado tercermundista como yo, esto de andar caminando libremente por las aceras sin sentirme amenazado por perros de presa de apariencia humana dispuestos a saltarnos al cuello en cualquier esquina (y que me perdonen los perros de presa, que son criaturas más nobles que muchas personas), es una experiencia digna de figurar en los anales de lo demencial para un guatemalteco.
¿Cómo describirlo en palabras? Madrid es, en estos últimos días del verano, un generoso hervidero de culturas y sensibilidades a cual más sorprendentes. Por ejemplo, en la calle donde me hospedo, entre semana, desde las ocho de la noche hasta más o menos las dos de la madrugada, hay una reverberación de voces españolas, dominicanas, africanas y chinas hablando amenamente de todo y de nada en las esquinas y en los portones de las casas, y los bares están a reventar.
La situación se me antoja enigmática y hasta obscena. ¿Cómo es posible que los españoles hayan podido generar las condiciones para que una sociedad así sea posible? A mí, francamente, me causa una envidia terrible y un rencor muy guatemalteco observar que, a pesar de los problemas de este país, y de los problemas que atraviesa el mundo, toda esta gente se comporte como si la vida fuera una fiesta. Pero el asunto es: ¿acaso no podría serlo?
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5 comentarios:
G. Corbeau: (2008-09-06 18:25:55 horas)
Son folladeras, maese Raúl: Si no logró hospedaje en un hotel, casa de pensión o casa particular y lo hace en la calle, entonces, a la hora de dormir, debe cuidarse de los carros que circulen por la vía por Ud. adoptada, no sea que alguno de los gachupas, africanos, latinoamericanos o chinos que también disfrutan del buen aire de los madrides, lo atropellen con sus vehículos. Esperemos que salga bien librado de tan terrible experiencia y, en consecuencia, algún día llegue a añorar el terruño chapín. ¡Felices vagaciones!
Amanda Salguero: (2008-09-06 11:25:11 horas)
Ya sé que los días no alcanzan, pero si te llegara a caber en el itinerario no dejes de disfrutar una cena en el restaurante La Favorita, además de la buena comida (que abunda en todas partes) los meseros y cocineros te deleitan con un repertorio de arias y un brindisi que se queda corto. No recuerdo la dirección, pero si preguntas alguien te podrá referir, es muy famoso. Que sigas disfrutando!
D
mariel schlesinger: (2008-09-06 11:17:57 horas)
Después de tu artículo, Raulinskis, me da pavor esos aperitivos que nos vamos a recetar con A. en estos próximos días! Qué véritgo, que manera más horrible de comprender nuestra orfandad! Muchas veces preferimos ser avestruces! , no ? Como dice Sabinas, nos vemos en la Puerta de Alcalá.
raul osegueda: (2008-09-06 05:26:28 horas)
La vida es una fiesta,lo que pasa en guate es que el lugar no es adecuado para fiesta.
Manuel Aler: (2008-09-06 03:33:17 horas)
Bienestar, bienestar generalizado, maestro.
Es cierto, no todos son ricos, pero no todos son pobres.
La mara tiene esperanza de mejorar. Aquí, en la fincona; por mucho que trabajés, tu suerte está hecha (elaborada por otros): te quedás en donde te pusieron. Punto.
Por mucho que los de la Marro digan que no es así y por mucho que el Zar visite a Aznar; los hechos, hablan.
5 comentarios: