El cobarde atentado contra Yuri Mellini, director del Centro de Acción Legal Ambiental y Social (CALAS) es prueba de cómo los grupos poderosos, amparados en la ley que permite la tenencia de armas, y cobijados por la impunidad, maniobran contra quienes se atreven a oponerse a sus abusos.
En ámbitos diferentes, desde el campesinado que lucha por la tierra, las mujeres, los pueblos indígenas y en la resistencia ecologista, se han registrado ataques similares contra dirigentes e integrantes de estos movimientos sociales. El mensaje es claro, quienes cuestionen los proyectos de explotación, extracción, privatización, van a padecer persecuciones y agresiones. Es la misma mecánica que han puesto en práctica siempre: uso de la fuerza bruta con el objetivo de impedir cambios sociales y seguir acumulando sin medida.
La democracia guatemalteca continúa siendo un sueño que encuentra más cortapisas que posibilidades. Quienes han tenido la sartén por el mango están emperrados en mantener sus privilegios a costa de lo que sea, sin medir las nefastas consecuencias que en algún momento podrían afectarles.
Pero la historia sigue su marcha y los pueblos crecen y se transforman. Ahora la gente ha cobrado conciencia de los riesgos que corremos todos al agotar las fuentes de vida. Por eso hay oposición a la minería, a la instalación de megaproyectos, la manipulación de semillas, la contaminación, la tala de bosques y otros desmanes que ya han provocado tragedias. Si los inversionistas persisten en ignorar las demandas populares, si los empresarios no se ajustan a las medidas de protección ambiental, si los agro-industriales extienden más sus plantaciones, parece que no va a quedar salida para esta problemática que a todos nos toca padecer. Poner oídos sordos y continuar en la carrera destructiva y de violencia es coartar toda posibilidad de bienestar colectivo.
A lo largo y ancho del continente hay movimientos que se oponen a que los presupuestos militares se incrementen, estimulando guerras y conflictos. Y aunque gobiernos lacayos sigan obedientes las órdenes imperiales, hay multitudes que exigen la paz, que se les den oportunidades, que se establezcan gobiernos equitativos, que se luche contra la exclusión.
En estos días, cuando se va a llevar a cabo en Antigua Guatemala una sesión del Tribunal Centroamericano del Agua para presentar casos de contaminación y mal uso de las fuentes hídricas, balear a alguien que ha trabajado, como Mellini y CALAS, por establecer leyes ambientales adecuadas para la soberanía del país, es un acto que pone en evidencia la incapacidad del Gobierno de garantizar la vida, y la impunidad que protege a los grupos que tienen como orientación las políticas económicas neoliberales que han provocado mayores desigualdades que nunca, y con ello, más sufrimiento y menos esperanza para el futuro. Va nuestra solidaridad para el doctor Mellini y para quienes luchan por la buena vida con justicia, libertad y paz.
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