No más agonía, no más dolor, te ha llegado la paz.
Irmalicia Velásquez Nimatuj
Estoy segura que sin proponértelo paraste nuestra vidas, de pronto hemos dejado nuestras cotidianidades porque tu decisión nos obligó a detenernos, para mostrarnos los límites de la vida, las fronteras que una vez cruzadas ya no hay retorno y lo extremadamente humano, carnal y vulnerable que somos.
Nos has obligado a ver hacia atrás reflexivamente, a recordar las bicicletas, la foto familiar, a reír por las travesuras de la adolescencia, a ver las peleas absurdas que terminaban en cómplices concesiones o a buscar la marca que dejó la varicela. Se quedan impresos en la memoria de tu hogar nuestros días juntos –los inmortalizará el tiempo, el recuerdo, los otoños–, las celebraciones íntimas, los momentos sencillamente únicos, las sonrisas honestas, los sueños que se nos fueron y los momentos que estúpidamente perdimos.
Ahora vuela, vete. Acompañamos tu camino con pino, candelas y pétalos de flores, te dejamos libre ¡corre, corre! Sepárate de esta parte material. Tú ya has roto tus ataduras, ya rompiste el círculo que te oprimía. Todos los que te amamos –desde que llegaste a nuestras vidas– estamos sosteniendo y abriendo el cofre de donde hemos desenvuelto las servilletas y hemos sacado uno a uno nuestros momentos envueltos en hojas de milpa de julio y en doblador de diciembre. Hemos mojado el sibac para desatarlo rápidamente, para dejarte partir con el viento, con la lluvia, con el frío, con las hojas.
No dejes de correr, ya llegaste al encuentro con nuestros abuelos y abuelas. Ya ellos con su manojo de llaves se apresuraron a abrir los candados, ya separaron los aldabones, ya te abrieron el portón, mientras ellas te han recibido en sus abrazos, ya ellas te cobijan en su regazo, ya te recuestas en sus nahuas y te cubren con sus rebozos. Están felices de verte joven, de que has llegado vestido de fiesta, mientras nosotros te despedimos y te vemos partir eternamente joven.
Mi hermano, compañero y amigo, aquí queda tu lugar, aquí se inmortaliza tu presencia, aquí seguirán nuestros momentos plasmados en lunas y calendarios. No más agonía, no más dolor, suelta tu carga, ya te ha llegado la paz. Guardaremos tu silla en el comedor, en el trinchante colocaremos tu lonchera, en el cuarto de papá enrollaremos el cáñamo para tu barrilete y en el escritorio colocaremos el micrófono de radio. Y mientras nos separamos te recordamos que aquí siguen tus padres y tus hermanas, luchando, soñando y amándote.
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