Riesgos globales y necesidades locales llevan a recuperar el Estado bajo distintas nociones. En la agenda de los riesgos mayores hay tres temas: terrorismo, cambio climático y quiebras financieras. Para lidiar con ellos las sociedades necesitan domesticar un mercado encabritado desde hace tres décadas. Entre los asuntos críticos de las naciones, grandes y chicas, están: exclusión económica, inseguridad y energía asociada al manejo de los recursos naturales y el desarrollo tecnológico. En esta escala el mercado es complemento, no guía racional para responder a los desafíos.
La vuelta al Estado no será como en los años treinta del siglo pasado. Las sociedades que tuvieron chance de sacar lecciones saben que esa ruta tiene sus trampas; además el entorno ofrece cambios notables en el paisaje y la globalización seguirá devorando los límites.
El movimiento de las sociedades va hacia un nuevo espacio que provisionalmente llamaremos “lo público”, el cual reduce la brecha entre Estado y sociedad. Otfried Höffe, uno de los más importantes filósofos alemanes contemporáneos propone el uso del concepto “sociedad cívica” en lugar de “sociedad civil” para superar la tosca contradicción entre ciudadanos en lugar de instituciones y sistemas, buscando su integración: “Los ciudadanos del Estado colaboran activamente en la formación de su comunidad… y (ésta) se torna más claramente una res publica, un asunto general y a la vez público.”
El sujeto de esta comunidad es el ciudadano virtuoso que integra una triple dimensión. En su obra más reciente, Ciudadano económico, ciudadano del Estado, ciudadano del mundo: ética política en la era de la globalización (Katz Editores, Buenos Aires 2007), Höffe habla del ser humano político, en un sentido modesto, que tiende a la convivencia en el quehacer económico y también en la relación entre padres e hijos. Y la humanidad es política en todo el sentido de la palabra, por su interés permanente de vivir bien, lo que sólo puede ocurrir en una comunidad de derecho.
El sujeto político no puede por sí sólo alcanzar la prosperidad de su comunidad, necesita complementarse con el sujeto económico que produce y con el ciudadano abierto al mundo y responsable. Höffe sugiere dos tareas en la etapa venidera: 1) Construir el juramento hipocrático de los nuevos líderes, y 2) integrar la democracia representativa con la democracia directa, cuyo fantasma populista roba el sueño a algunos.
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