Todo evidencia que esos proyectos han quedado en un segundo plano.
Marta Altolaguirre
Contrario a la aspiración de alcanzar la consolidación de las sociedades civilizadas en las que se guardara la mínima compostura y las cortesías que facilitan el entendimiento, en los últimos tiempos se ha popularizado la insolencia y el desprecio por las formas de la civilidad.
Ejemplo escandaloso de lo anterior quedó expuesto con la última andanada del presidente Chávez, al anunciar la expulsión del Embajador de Estados Unidos en Venezuela.
Paralelamente, estamos retrocediendo desde los avances que se habían alcanzado para resolver conflictos por la vía del diálogo, priorizando la vía diplomática por oposición al uso de la fuerza y de las armas. La progresiva dinámica de acudir a la mediación o arbitraje y, en última instancia, a un órgano judicial competente, se están dejando de lado a favor de la amenaza y de las armas como instrumento de predilección.
Las personalidades abusivas y prepotentes están a la orden del día y parecen retomar la fuerza con la que lograron imponer su voluntad a mediados del siglo pasado. En ese sentido, destaca también el señor Putin, primer ministro de Rusia.
Así, todo indica que vamos de vuelta a la exaltación del poder arrasador a través de la posesión de armas y un renovado militarismo, mientras se exalta con desprecio la decisión de delegar la resolución de las diferencias a instancias especializadas y con capacidad de determinar lo que corresponde, en base a criterios objetivos. Internamente vemos cómo se acentúa la inversión y la legislación que favorece la comercialización, compra y portación de armas, y cómo se amplían los presupuestos destinados a la inversión militar. Ciertamente, el crimen transnacional y su creciente capacidad armada obliga a los Estados a adecuar su arsenal para reprimir a esos grupos y proteger a la ciudadanía, de lo que constitucionalmente es responsable.
Pero, ¿qué pasó con aquellas políticas sensatas que proponían a lo interno el fortalecimiento de las fuerzas armadas mediante la dignificación, capacitación y el equipamiento idóneo? Todo evidencia que esos proyectos han quedado en un segundo plano para retomar la idea de cantidad en vez de calidad, así como el coqueteo con las cúpulas castrenses en asuntos que no son de su competencia y que deben ser resueltos por las autoridades electas.
Hoy se discute en el Congreso la iniciativa que contempla la institución que debe manejar el control de las armas, y hemos visto cómo el Presidente de la Comisión de Gobernación, dueño de armerías, impulsa la ratificación de ese control a favor del Ejército.
Uno no deja de preguntarse cuál será la dimensión real del negocio de las armas, y cuántos millones representa en realidad el ingreso que recibe el Decam por su diligente mecanismo de registro de armas. La decisión debiera adoptarse en el marco de una seguridad ciudadana que se encuentra deteriorada, y que constituye una de las preocupaciones esenciales de la población. Los fanatismos a favor o en contra de las armas y su portación no son los mejores consejeros en este momento. Debe evaluarse la efectividad del Decam y analizar el impacto que tienen las estadísticas relativas al número de armas que circulan sin ningún control, el porcentaje de asesinatos ocasionados por arma de fuego y, según me han comentado, la venta sin control de munición especial capaz de penetrar hasta 2” de blindaje. Otro tema es la conveniencia de dar carta blanca a los pequeños ejércitos particulares, que no siempre protegen a personas honradas y productivas.
En el ámbito internacional también estamos viendo el creciente destino de los recursos de los Estados para alcanzar una capacidad armada superior a la de sus vecinos, en busca de constituirse en el poder supremo en sus áreas de influencia. El caso de Rusia y sus recientes despliegues de fuerza y agresión son un ejemplo que llama a la reflexión hacia un mundo que, de nuevo, se polariza y una nueva correlación de fuerzas que favorece el retorno a las políticas con vocación imperial.
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2 comentarios:
Hector Garcia: (2008-09-16 15:04:22 horas)
Estimada Licda. Altolaguirre:
Lo que usted comenta es importante, especialmente por los niveles de violencia que se viven en Guatemala. Sin embargo, disvirtua su contenido, cuando lo apoya con argumentos que no vienen al caso y si ponen de manifiesto su parcialidad en lo que al campo internacional se refiere. Lo cual hace que se pierda la confianza en su imparcialidad, ya que su articulo en realidad lo que busca es denunciar algo que por demas se basa en exageraciones, mentiras y un total desconocimiemto de lo que realmente occure. Pues no denuncia el ataque injustificado de los Estados Unidos a Irak. Asi yo creo que usted tambien hubiera escrito lo siguiente: "El caso de Rusia y los Estados Unidos y sus recientes despliegues de fuerza y agresión son un ejemplo que llama a la reflexión hacia un mundo que, de nuevo, se polariza y una nueva correlación de fuerzas que favorece el retorno a las políticas con vocación imperial", si realmente quisiera denuciar el armamentismo que a nivel mundia esta ocurriendo y que hara con que en Guatemala se acentue "El poder del mas fuerte.
Carlos Lopez Contreras : (2008-09-16 14:03:48 horas)
Esto es una especie de ley de la jungla. Sobrevive quien tiene las mejores y mas poderosas armas. <
El dinero se convirtió en un fin y no en un medio como debe de ser. El medio ahora es la violencia, la extorsion, la corrupcion y las armas.
Probablemente este sea el siglo de "mas progreso" pero regresamos a la era cavernaria.
2 comentarios: