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Walter Peña
Un niño observa fijamente la computadora, en la escuela pública La Alameda, zona 18, donde funciona el programa oficial.
A sus 79 años, doña Olga está de regreso en la escuela. Su cuerpo pequeño y menudo se acomoda a la perfección en los pupitres de tercero primaria del centro educativo Colinas, en la zona 18. Frente a ella, una hoja blanca espera que sus manos le graben el dibujo de un paisaje. A su alrededor hay jóvenes y niños que no se quejan por estar en un salón de clases en día domingo; al contrario, llegaron allí por iniciativa propia. El programa “Escuelas abiertas” está convirtiendo los centros educativos en sitios donde los chicos se divierten y pasan el fin de semana lejos de las drogas, las maras o la violencia intrafamiliar.
En la escuela del sábado y el domingo hay talleres de música, teatro, dibujo, baile de salsa, break dance, ajedrez, deportes, computación o manualidades. El programa, además de alejarlos de problemas, les ayuda a desarrollar su creatividad, a sentirse parte de la comunidad, a valorar sus espacios públicos y “a fortalecer su autoestima”, agrega Bienvenido Argueta, de UNESCO, y uno de los gestores del proyecto.
En la entrada de la escuela, un adolescente encuclillado fuma un cigarrillo. Da el último jalón y busca la cancha. “Yo me la pasaba libando”, dice, sus ojos rojos y caídos delatan que estuvo fumando algo más que tabaco. “Ya sabés que aquí si estás “loco” no podés entrar”, le dice uno de los supervisores de Cohesión Social.
Cada día, cuando a las 5 de la tarde cierran las escuelas, Argueta llama a cada coordinador: “¿Hubo algún hecho de violencia hoy?”. La respuesta hasta ahora siempre ha sido la misma: “Todo tranquilo”.
Las “Escuelas Abiertas” han tenido más éxito del esperado. Además de jóvenes y niños, también llegan adultos a aprender. María está entusiasmada con el inglés; no quita la vista del pizarrón y anota con una mano, mientras con la otra sostiene a un bebé que se ha quedado dormido. El programa lo pueden aprovechar todos, y tantos son los que quieren, que los centros no se dan a basto. En la escuela John F. Kennedy hay 750 solicitudes para el taller de computación y sólo 236 plazas. Mientras que los asistentes al centro Alameda deben compartir una máquina entre tres. Este año van a ser inauguradas 54 escuelas en la ciudad. Las próximas estarán en Mixco. En 2009 el proyecto, que comenzó con 4 escuelas piloto, piensa ampliarse a los departamentos.
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