¿Es adulterio la pornografía ?, me pregunta mi marido. Si lo fuera, habría que considerar infieles a la mayoría de hombres, le digo. Pero puede aflojar la tensión: no me siento traicionada por su ocasional visita a los sitios porn. Con 15 años de casados y tres niños, soy de las que agradecen que las Noches de Climax en Cinemax nos den un rápido calentamiento global, por llamarlo de algún modo. Es como el fast-food del sexo. Hay que admitir, sin embargo, que ese viejo hábito masculino cada vez amenaza más con transgredir la línea de los cuernos en la era del Internet, tal y como leíamos hace unas semanas en TheAthlantic.com. Lejos están los días en que los tíos escondían rimeros de Playboy debajo de la cama. La experiencia virtual es más inmediata e infinitamente más personal, y desafía nuestras balbuceantes intuiciones morales. Más de los que estamos dispuestos a admitirlo, tenemos vidas de fantasía y oropel fuera de la monogamia. Si bien las mujeres no disfrutamos con fruición de la pornografía, acaso esto tenga que ver con nuestra preferencia por el erotismo táctil y auditivo, territorios poco cubiertos por la industria. También incide el tabú sobre la masturbación femenina. Pocas mujeres que conozco admiten la práctica y menos el gusto. En fin, el meollo es cómo saciar la curiosidad y el deseo de variedad sin defraudar la confianza de la pareja con fronteras brumosas e inciertas y virtules. Pues, preguntando. Encontraría irritante, como cualquier mujer de aficionado a las motos o a la numismática, que mi marido gastara, a lo Cook, US$3 mil del presupuesto en su pasatiempo —pero inofensivo. Me indignaría, eso sí, que interactuara con el objeto de sus fantasías. A él le incomodaría, en cambio, que me exhibiera en busca de atención virtual, por aquello de los derechos de propiedad, imagino, aunque no objeta mi afición por la literatura erótica del siglo XVIII. ¿Cornudos, entonces? Sólo si ese mundillo desplazara a la intimidad en nuestra relación. Así que depende.Depende de cada pareja.
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2 comentarios:
Juan Pensamiento: (2008-09-22 13:06:08 horas)
Poco a poco han estado surgiendo compañías que se dedican al porno específico para mujeres, incluso a veces realizado por mujeres. Con esto podrá la autora tener doble gozo: uno, disfrutar del porno en sí, y, dos, dar a su marido sopa de su propio chocolate. Ah, las delicias del matrimonio!!! Por cierto, supongo que sí está relacionado con el género de uno, pero el porno suave de Cinemax (que según entiendo, en cuanto a imágenes y pudores se parece mucho al porno para mujeres) a mis 31 años sólo me parece aburrido y frustrante, como que uno sí necesita cierta dosis genitálica explícita. No sé si esas pelis de cable le funcionan más a mujeres o a quinceañeros que se excita hasta con el escote de Miss Piggy y no dan paz en todo el día a su antebrazo.
Andrés Zepeda (el bobo de la caja): (2008-09-22 09:52:21 horas)
Si las mujeres no disfrutan de la pornografía con tanta “fruición” como los hombres, ello se debe no sólo a los motivos arriba descritos, sino también porque la industria audiovisual porno ha sido y sigue siendo realizada por hombres y para hombres predominantemente.
Además, su producción y distribución estuvo dominada durante años por un oligopolio encabezado por el sagaz empresario Reuben Sturman, de manera que las variantes y evoluciones (estéticas, técnicas, temáticas, narrativas) experimentadas por la industria en sus años de apogeo (de la década de los setenta a la de los noventa) fueron pobres y escasas.
Estas y otras interesantes aristas sobre el negocio pueden conocerse en el reportaje periodístico ‘Porno, Marihuana y Espaldas Mojadas’, de Eric Schlosser.
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