El 15 de septiembre desconocidos hicieron estallar dos granadas entre el público que participaba en las celebraciones de Independencia en Morelia, Michoacán; 7 personas fueron sacrificadas. Días antes, 25 trabajadores fueron secuestrados y sus cadáveres decapitados quedaron abandonados en el Estado de México. Nadie duda en calificar estos atentados bárbaros como terroristas. Es probable que al identificar los grupos responsables el gobierno de Felipe Calderón convoque al Consejo de Seguridad de la ONU pidiendo que sean incluidos en la lista de terroristas. Uno de los efectos de esa acción sería que las redes patrimoniales asociadas a tales organizaciones serían confiscadas.
Hay un clamor en México para que se ataque el flanco económico del crimen organizado. La sospecha es que los autores de esos atentados contra civiles son narcos (¿Cártel de Sinaloa? ¿Los Zetas?), que han sido declarados por Calderón como principal amenaza a la seguridad nacional. Este sería el desafío más abierto y brutal de los cárteles contra el Estado mexicano. Los especialistas coinciden en que la represión armada será insuficiente. Es demasiado el dinero del que disponen los cárteles de la droga que les permite contratar ejércitos privados, comprar armas y, quizá lo más grave, elevar su poder corruptor sobre las autoridades.
Ahora mismo, el Ejército mexicano está en la primera línea de fuego contra el narco, pero sólo no podrá ganar esta guerra. Cuando un ejército regular no gana una guerra contra fuerzas irregulares, quiere decir que la está perdiendo. Y al revés: grupos irregulares ganan mientras no están derrotados. Los intensos operativos militares en México están desfasados de la judicialización de casos y eso puede provocar frustración (“más tardan los capos en ser capturados que en ser liberados”) o bien despertar la tentación de acudir a las ejecuciones sumarias, lo cual, como bien sabemos en Guatemala, es la derrota de una institución, llámese Ejército o Policía: cada ejecución extrajudicial cava una tumba para la autoridad del Estado.
Las experiencias exitosas de lucha contra las mafias en Italia y Colombia indican que el Estado necesita otras tres patas, además de la acción operativa: protección efectiva de testigos, arrebatar el dinero “negro” de sus redes y un pacto entre la clase política para hacer creíble su compromiso ante la sociedad, que sólo de esa manera estará dispuesta a colaborar.
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3 comentarios:
Roberto Ximenej: (2008-09-22 10:55:52 horas)
Solo una aclaración.
El ejercito de México, no tiene la cola que tiene el Guatemala. Con esa cola este se vuelve en un Dragón que usaría las otras patas solo para alimentarse.
Edgar Siliezar: (2008-09-22 09:30:48 horas)
Vamos por el mismo camino aqui en guatemala, el crimen organizado de mexico, (grupo Z) ya esta instalado en el oriente del paiz.
Edgar Siliezar: (2008-09-22 09:26:13 horas)
y no estamos tan lejos que aqui en guatemala tambien pase lo mismo, pues los mexicanos ya estan en territorio guatemalteco los Z , y ellos agarren el poder del crimen organizado.
3 comentarios: