Nací y crecí a orillas del océano Pacífico y actualmente convivo en diferentes puntos de la costa sur en la playa. Y es lamentable ver las malas prácticas de pesca y el consumo masivo de huevos de parlama que tanto lugareños como citadinos hacen en época de desove, bajo la creencia que poseen efectos afrodisíacos, lo cual es falso.
Lo triste es que de un promedio de ocho docenas por cada tortuga encontrada por los parlameros, esporádicamente y a regañadientes, donan tan sólo una docena al tortugario de la localidad para la conservación y preservación de la especie, lo cual es relativo, porque con un mal manejo de la incubación no nacen todos y los pocos ejemplares que nacen y se liberan prematuramente no sobreviven al embate natural.
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