Dependíamos sólo de nosotros mismos. Había que invertir.
Lucrecia de Palomo
Era el año 1971. Recién casada, mi meta era comprar una pequeña casa para poder tener la seguridad del techo que tanto ansiamos las mujeres. Los ingresos familiares escasos pero un potencial de trabajo riquísimo. Hicimos cuentas y empezamos a buscar. Con un préstamo de un banco –en el cual depositábamos nuestros pocos ahorros– sería suficiente para iniciar. La casa deseada la encontramos en la zona 12, muy cerca de la Universidad de San Carlos. Con toda la certeza de la juventud, iniciamos nuestros trámites para conseguir la tan ansiada hipoteca. Pero no, aduciendo que éramos muy jóvenes, que los ingresos familiares debían ser mayores para que el banco, aparte de que tenía la hipoteca de la casa, tuviera una garantía. No conseguimos el préstamo y el proyecto quedó para después.
Hoy viendo retrospectivamente el hecho, me alegro que eso haya pasado, pues comprendimos con facilidad que no había que ahorrar, sino invertir en lo nuestro, pues dependíamos tan sólo de nosotros mismos. Es así como casi 40 años después, con nuestro esfuerzo logramos muchos más de lo que esperamos en ese momento. Nuestra historia es la de muchos guatemaltecos con las instituciones financieras. Conocemos cómo brillantes ideas para iniciar empresas se pierden por falta de capital, cómo jóvenes que salen al mundo laboral cada año a buscar empleo no lo encuentran, pues no hay suficientes empresas que los alberguen. Cómo cientos de miles de familias no tienen techo propio porque no encuentran el financiamiento apropiado a sus necesidades.
Con las pérdidas que hoy estamos observando en la Bolsa de Valores de Nueva York notamos que muchas instituciones financieras nacionales en lugar de invertir los ahorros en nuestra patria, dinero ganado aquí, se lo llevaron a invertir afuera en transnacionales que poco o nada aportan a la nación. Es por ello, en gran parte, lo que estanca el crecimiento económico, por lo que quienes quieren un poco de dinero para una casa, negocio o inversión no lo tienen. Con esta política que viene de muchísimos años atrás, podemos darnos cuenta que son miles de jóvenes, que como hace tantos años nosotros, ven sus ilusiones perdidas; nosotros tuvimos la suerte de tener trabajo, educación y un mundo no tan competitivo como hoy, pero ellos caminan y caminan buscando un empleo que no se da porque las empresas pequeñas, que son la mayoría de nuestra economía, no tienen el capital para crecer o para empezar.
Lo bueno de esta crisis mundial, al darnos cuenta cómo funciona la Bolsa, es que tal vez ahora nuestros financistas decidan apostarle a quienes les dan su dinero en ahorros e inviertan realmente en Guatemala. Es tal vez el momento de volver a recordar la Bolsa de Rusia y la pérdida de millones de quetzales que provocó su debacle y con ello gente honrada que creyó que había trabajado para su vejez, vio perdida su seguridad. Llegó la hora de, como dicen algunos eslóganes de publicidad nacional, “darle una manita” al trabajador que cree en su futuro, es hora de “creer e invertir en Guatemala”.
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1 comentarios:
alfonso villacorta: (2008-10-04 09:44:44 horas)
Fue lo que hizo meyer, darle una manita a MDF y ya ve, O lo que le paso a bancafe, comercio, etc que resultaron ser tan inseguros como autocasa.
El problema no es si son nacionales o extranjeros, es si son confiables o seguros.
1 comentarios: