Después de arrebatárselos a sus traficantes, la cárcel es la única forma de salvarles la vida.
Por: Paola Hurtado
El centro de rescate de animales silvestres en Petén es el lugar que acoge a las aves, mamíferos y reptiles decomisados. Es un recinto de 1.2 caballerías, a diez minutos de la isla de Flores, que cura y rehabilita a los animales para que vuelvan a su hábitat. Los sobrevivientes deben pasar varios años tras las rejas antes de conseguir la libertad. La capturaEl 70 por ciento de los animales silvestres que se capturan en la selva son recién nacidos. Son más fáciles de atrapar y adaptarse a los humanos.Los traficantes ubican en la selva los árboles con nidos de aves. Si pueden, trepan el tronco. Si no, lo talan y escamotean los pichones. Con los monos necesitan buen pulso. Las crías viven colgadas del cuello de su madre. El cazador le dispara a la mona para que caiga del árbol. Ya muerta, le arrebata al hijo, si sobrevivió al golpe. Para trasladarlos a los centros urbanos, los contrabandistas esconden las presas de distintas formas. A las aves las sedan con diazepán o alcohol para que no hagan ruido. A los animales más grandes los esconden entre el motor de los vehículos, en botes de aceite, en cajas de baterías, en maletas y en canastos sobre las parrillas de los buses. DecomisoEl Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap) y la División de Protección a la Naturaleza (Diprona) mantienen puestos de control para detectar el tráfico ilegal de flora y fauna. Los montan en la selva petenera y en las carreteras para detener y registrar al azar los baúles de vehículos particulares y los maleteros y parrillas de buses. Se calcula que así logran interceptar el 30 por ciento de animales traficados. Pero muchas veces los guardarrecursos descubren tarde a los animales: cuando ya han muerto de intoxicación, asfixia o deshidratación.Las aves, mamíferos y reptiles que se detectan cuando acaban de ser capturados se regresan de inmediato a su hábitat. El resto se moviliza al centro de la Asociación de Rescate y Conservación de Vida Silvestre (Arcas), una organización no gubernamental que está bajo la supervisión del Conap. El ingresoEl 90 por ciento de los huéspedes en Arcas son producto del tráfico ilegal. El resto, son especies que perdieron su hábitat por los incendios forestales, la expansión de las poblaciones humanas y el avance de la frontera agrícola, explica Fernando Martínez, el director del centro de rescate.Al ingresar a Arcas, los animales son puestos en cuarentena. El 20 por ciento muere en la primera semana, debido al trato que padecieron antes. A los malheridos o con enfermedades crónicas les practican la eutanasia. La mayoría de pichones llega sin plumas y deben pasar varias semanas en una caja que funciona como incubadora. Después, los trasladan a las jaulas de la sala de crianza. Los cuidadores los alimentan ocho veces al día a través de jeringas con comida licuada. A los monos les asignan una nodriza humana, generalmente un voluntario extranjero, que los cría con leche de soya y cereales. Si los monos bebés no reciben afecto y atención mueren en pocos días. La rehabilitaciónDespués del período de observación, los animales pasan a jaulas más amplias. Los loros, que alcanzan la adultez a los tres meses, comienzan a volar de una rama a otra. Vivirán allí de seis a ocho meses. Los monos aprenden a comer por sí mismos y desarrollan habilidades lúdicas. Tienen que transcurrir tres años para que pasen a la zona de preliberación.La preliberaciónLos psitácidos (aves prensoras) pasan por una última jaula donde ya no tienen contacto con humanos. La jaula de los loros tiene 45 metros de largo y 6 de alto. Un cuidador los alimenta a las 4:00 de la mañana para que no lo vean. Les deja las ramas con frutos silvestres en una plataforma que eleva hacia las copas de los árboles. Los loros pulen las maniobras de vuelo. A los monos los envían a un recinto de 2 mil 500 metros cuadrados circulados por un cerco eléctrico. Después de seis años de convivir juntos, los primates ya tienen identificado a un macho dominante y conforman un grupo social. El grupo es liberado en el mismo lugar.La liberaciónLos animales que llegaron al centro de rescate demasiado acostumbrados y dependientes del humano no podrán ser liberados. Tampoco los que sufrieron daños irreparables, como las guacamayas que hay en el centro, sin una ala o sin una pata, o los felinos que han llegado y cuyos dueños les arrancaron las uñas (y con ellas, el primer falange) para que no los lastimen.Estos huéspedes son entregados a coleccionistas privados (como zoológicos) o reproductores autorizados por el Conap, explica Julio Madrid, director del Departamento de Vida Silvestre del Conap en Petén. “Liberar animales que no pueden cuidarse por sí mismos, es como lanzarle hamburguesas a sus depredadores”, compara. Arcas y Conap liberan las especies en las áreas protegidas de Petén con menos presencia humana. En promedio, un psitácido vive de dos a tres años en el centro y el mono, seis años. Pero las poblaciones de liberados se reponen rápidamente: mientras los conservacionistas les devuelven el hogar a los animales, los traficantes están saqueando nidos en otra parte de la selva. Se calcula que el 70 por ciento de los animales silvestres capturados muere durante la captura y el cautiverio. |
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