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Guatemala, domingo 05 de octubre de 2008

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Domingo:

Agua, cuánta más agua

El cambio climático es un hecho, como lo es que al país le está tomando tiempo adaptarse.

Mirja Valdés

Fuente menor Fuente normal Fuente grande
Ampliar imágen EP Foto:  Archivo En época de lluvia los evacúan, en el verano regresan a ocupar áreas en riesgo.
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Yojana Miner

Antropóloga, con una maestría en Comunicación.
Directora de Comunicación Social de la Conred.
Los últimos seis años los ha dedicado a la investigación de comportamientos y percepciones a los riesgos de desastres en áreas volcánicas e inundaciones.

¿Por qué una antropóloga se dedica a observar el comportamiento de personas en situaciones de desastre?

– Todo riesgo tiene dos componentes: amenaza y vulnerabilidad. Las ciencias sociales, en particular la antropología, están dedicadas al estudio de las vulnerabilidades sociales; percepciones, comportamientos y las relaciones sociales aumentan los riesgos de desastres.

¿Por qué la gente no concibe como un problema las inundaciones?

– Porque existen factores externos que son prioridades inmediatas que las poblaciones deben resolver antes: empleo, salud y educación. Estas prioridades son de urgencia diaria y afectan a la mayoría, en cambio los desastres sólo (afectan) a algunos sectores y por temporadas. A diferencia de otras amenazas como deslizamientos y sismos las inundaciones en muchos casos son oportunidades de desarrollo.

¿Quiénes se muestran más reacios a entender la situación?

– La población que nunca ha tenido pérdidas de vidas y bienes por desastres. Las autoridades municipales y departamentales que no han experimentado desastres en sus jurisdicciones minimizan los hechos.

¿Se trata de un comportamiento propio de los guatemaltecos o es como reacciona el ser humano aquí y en China?

– Es un comportamiento basado en aspectos socioeconómicos y socioculturales. Aunque todo ser humano tiende a la preservación de la vida, por lo que no es una reacción normal el comportamiento de estos guatemaltecos ante los desastres.

¿Qué debe ocurrir para que se dimensione el riesgo?

– Programas que promuevan la prevención de desastres. Leyes que castiguen o penalicen a toda persona e institución que incurra en la construcción de los riesgos. Por ejemplo: quien construya mal un puente, quien construya una vivienda sin las normas de construcción antisísmica, o a quien construya en áreas que no son aptas para vivienda. Claro, esto es para que las personas no vean como una opción de vida las inundaciones, como es el caso de Texcuaco, Escuintla.

¿Las inundaciones se convierten en un estilo de vida?

– Las personas que conviven con el riesgo a inundaciones están seguras que año con año las autoridades les prestarán ayuda.

Nadie escapa a los efectos de la lluvia, cuando cae hace que algunos se demoren en llegar a casa; un derrumbe, una calle inundada tal vez. Y a otros porque los dejó sin casa. Llovió más este año, lo confirman los aparatos del Insivumeh.

En 31 de sus 40 estaciones en todo el país muestran que en septiembre las precipitaciones superaron el promedio histórico de lluvias de los últimos 20 años. Es el fenómeno de la Niña explica el meteorólogo César George: “La lluvia de la capital la lleva el viento del sur que acarrea humedad del Pacífico y al calor del mediodía, se precipita. Este año la superficie del océano Pacífico se enfrió casi 2 grados lo que provocó más lluvias de la cuenta, y de junto”.

George es muy técnico en sus explicaciones, pero en resumen considera normal en esta época que en un mes lluevan de 22 a 26 días, entre 10 y 15 milímetros por evento en la capital. Pero el 19 de mayo el agua alcanzó los 95 milímetros sólo ese día. “No soy un estudioso del cambio climático, pero veo que en períodos más cortos está lloviendo más”.

Se requiere de estudios de largo aliento para confirmar este hecho, que de momento queda en observaciones de los meteorólogos, aunque el informe de Desarrollo Humano 2007–2008 advierte que esa es la tendencia. No hay marcha atrás, el significado de “normal” cambiará, decir que en menos tiempo llueve más será lo “normal”, algo que al país le está tomando tiempo adaptarse.

Los titulares de periódicos de hace uno o cinco años lo confirman, son los mismos de junio a octubre: “Deslaves causan estragos” (16 de julio de 2005), “Inundaciones en la capital por lluvias” (4 de septiembre de 2006), “Se mantiene alerta agrícola por invierno” (25 de septiembre de 2007).

Esa es la parte donde nadie tiene control, el clima, pero hay otra donde el hombre ha incidido. Y allí los guatemaltecos ya ayudan de muchas maneras a provocar inundaciones y deslizamientos.

La otra visión

En países como Guatemala no es necesario el calentamiento global para explicar lo que sucede alrededor de las inundaciones, asegura el físico Juan Carlos Villagrán de León. “Tengo la impresión de que los cambios sociales están provocando más desastres que el mismo cambio climático en la actualidad”, dice al teléfono. Villagrán se encuentra en Alemania dirigiendo la sección de Gestión para la Reducción de Riesgo y Alerta Temprana, del Instituto para el Medio Ambiente y la Seguridad Humana de la Universidad de Naciones Unidas. Él creó las alertas tempranas contra inundaciones en riveras de siete ríos del país. Su trabajo es el mismo en Alemania, pero a escala mundial.

Por correo electrónico Villagrán planteó después escenarios que sustentan su tesis. Se remonta a 1954 cuando las zonas 12, 13 y 14 eran áreas de cultivo y el agua de lluvia se filtraba por estos suelos ahora cubiertos de cemento. “El agua de lluvia ya no se filtra, se va por los drenajes –que ya rebasaron su capacidad– por donde velozmente llega hacia los ríos”. Más la basura que los tapa.

Guatemala tiene el doble de habitantes que hace 25 años y la migración a la capital no se detiene, cientos de esos nuevos residentes se instalan en laderas. Antes de 1976, el único asentamiento humano en esas condiciones era La Limonada, en la zona 5. Ahora existen 89 en terrenos del Estado.

“Nuestros procesos de desarrollo no están bien adecuados al entorno en que vivimos, entre montañas, rodeados de volcanes, entre ríos, una zona expuesta a terremotos y huracanes. A eso hay que adaptarse, pero no lo hacemos”. Y de las obras para hacerle frente, algunas son deficientes; este año, por tercera vez se vino abajo el puente sobre el río Caabón que comunica con Panzós.

El referente inmediato de Villagrán en estos momentos es Alemania, donde hace poco se modificó la legislación para que la gente y la industria no puedan establecerse en planicies o sitios proclives a inundarse al menos una vez cada 100 años. Pero acá, de este lado del mundo, el tema de tierras es un nervio muy sensible de tocar.

En los reglamentos de uso de suelo vigentes de las municipalidades no incluyen restricciones respecto a la amenaza llamada inundación. “Porque la población no la considera un riesgo”, explica Yojana Miner, directora de Comunicación Social de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred). Miner es antropóloga y ha estudiado el comportamiento humano ante amenazas naturales. “No lo considera un riesgo porque pocas veces se registran muertes por inundaciones, ocurren en deslizamientos o flujos de lodo y piedra”. Son pobladores que aprenden a convivir con los desastres y no a buscarle solución.

Las inundaciones frenan el desarrollo, pero a la vez resultan una oportunidad de desarrollo con la ayuda humanitaria que reciben cada año estas comunidades (muestra un mapa que señala 40 de estas).

¿Qué hay de la prevención? “Es una tarea que le compete a la Conred”, responden algunas entidades consultadas. “Pero cuando los asesoramos no nos escuchan ni nos creen. Sugerimos medidas y estudios, son ellos quienes deben realizarlos”, se defiende Miner, de la Conred.

En el lugar equivocado

La lluvias las padecen todos. George, el meteorólogo del Insivumeh, contó que días atrás optó por salirse de la cola de automóviles en la ruta a su casa en Villa Hermosa. En menos de un mes ocurrieron dos derrumbes kilómetros abajo. “Muchos dicen ‘antes no ocurría esto’, y yo digo, ‘antes la gente no vivía tan lejos y no se daba cuenta cuando ocurría esto’”. De niño, George vivía en la zona 11, en la colonia Roosevelt, si sucedía un derrumbe o se desbordaba un río no le afectaba.

La presencia humana aumenta las probabilidades de deslaves o derrumbes, aunque no es determinante, asegura Edwin Castellanos, director del Centro de Estudios Ambientales (CEA) de la Universidad del Valle de Guatemala. Se basa en los resultados obtenidos por Alex Guerra en su tesis de maestría en la universidad de Oxford, Inglaterra.

“Alex midió alrededor del lago de Atitlán los deslaves donde había cobertura vegetal (bosque) y donde no la había. Su conclusión fue que la deforestación no fue significativa para la probabilidad de derrumbe”, dice.

De alguna manera, las catástrofes ocurren porque el mismo hombre las propicia viviendo en lugares equivocados. “¿Pero a dónde enviaría a vivir a todas esas personas? ¿Cuánto cuesta trasladarlos a un sitio más seguro?”, se pregunta Castellanos.

Incluso cuando el Estado ha intervenido para ofrecerles un nuevo hogar a esas personas, algunos se mudan pero no abandonan del todo la propiedad en riesgo, o la venden o la alquilan. Otros se quedan allí. “No existe una normativa que prohíba el reasentamiento en estos lugares y que los obligue a salir de allí”, señala Miner, la antropóloga.

Este año el Ministerio de Agricultura calcula las pérdidas del agro en Q86 millones. El municipio de San Miguel Acatán estima un total de Q21 millones para recuperarse de la correntada de hace una semana.

El fenómeno de la Niña explica el exceso de lluvias, pero el próximo año aunque llueva lo mismo que el promedio histórico, ocurrirán deslaves, pérdidas materiales y vidas. Conred como siempre tendrá bastante trabajo en estas fechas.

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4 comentarios:

  1. Carlos Gonzalez: (2008-10-05 23:53:42 horas)
    Cuanta razon tiene don Petronilo; mientras todo se encuentre centralizado en la ciudad capital todos nos veremos afectados pues muchos se deslumbran por las luces de la ciudad y deciden quedarse ahi mientras que otros no tenemos mas opcion que hacer esos viajes obligados para cualquier simple tramite o negocio. Y lo digo yo que soy petenero y habria que ver que tipo de gasto que hacemos los peteneros para trasladarnos a una capital que no me resulta nada bonita pues lo unico que capto de ella es el humo del trafico vehicular que me irrita la garganta y el hecho de que tengo que estar alerta por cualquier vicisitud que pueda ocurrir. Compatriotas, ya dejen de poblar una ciudad que se esta muriendo y que ademas se esta llevando a muchos consigo.
  2. Alex Guerra: (2008-10-05 17:03:57 horas)
    Expandiendo un poco la explicación sobre los derrumbes, muchos son causados por el mismo humano, como es en el caso de los derrumbes de carreteras. Se hacen cortes en las montañas, con pendientes no 'naturales' que tarde o temprano se tratan de equilibrar. Lo malo es que no se toman medidas para estabilizar esos taludes y claro, con cualquier lluvia fuerte hay tramos de carreteras tapadas por derrumbes. Al momento de construir carreteras se deberían exigir ciertos estándares para asegurar no sólo que no se den tantos problemas de congestionamiento sino que se salven vidas.
  3. Petronilo BuenaVista: (2008-10-05 13:39:19 horas)
    El cambio climatico tambien se ve aqui en los EEUU. Los inviernos son mas calientes. El problemas en guatemala esque todos los negocios y servicios para la gente estan centralizados en la bendita Capital, La gente de los departaments para todo tiene que ir a la Capital. Decentralicen los negocios y los servicios para que la gente no tenga que ir a la capital. Ademas esa capital esta bien contaminada. Todos los buses y camiones estan contaminando la captial.
  4. Hugo Silva: (2008-10-05 12:16:32 horas)
    Creo que la situación climática no debe verse solo como cambios que se están dando en la naturaleza. En todo este descontrol natural debemos entender que el ser humano tiene mucho de responsabilidad, es por eso que tenemos que verlo también, como un problema ético.
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