Habían pasado dos días desde el linchamiento en San Raymundo. Perros sin rumbo y vecinos que caminaban aprisa esquivando la mirada, para luego posar sobre nuestras espaldas sus ojos negros, inquietos y nerviosos, como las moscas que abundaban en el pueblo. Parecían haberse puesto de acuerdo para fingir que no nos entendían, que no nos escuchaban o que ni siquiera nos veían y pasaban de largo, ignorando nuestras preguntas. El fotógrafo y yo fuimos a la tienda cerca del parque. Uno siempre puede contar con la plática de un tendero. Nos despachó aguas y tortrix, con solemnidad, lamentando la salvajada.
Atraída por el tema, salió la señora con los brazos lampiños cruzados sobre el abdomen. Con la impostada reticencia de quien no quiere pecar de indiscreta, nos contó lo que a ella le habían contado. Lo agarraron cuando trataba de subirse a una camioneta. Sus dedos desenroscaban la tapa de un bote de pan. Dicen que violó a una niña de cinco años, imagínese usté. El tendero, sentado sobre un banco, se ajustaba la gorra y asentía cada poco. Cuando llegaron las dos niñas de la escuela, con sus calcetas altas, los padres se apresuraron a mandarlas para adentro. Tendrían unos 11 y 13 años, y no tardaron en volver a escuchar tras la cortina. Al hombre primero lo desnudaron, así dicen. Yo podía ver sus mocasines empolvados y escuchar las risas excitadas, sofocadas entre los dedos. Uy, si dicen que le quedó engarrotada la mano, como de gallo, me dijo la mujer, inclinándose sobre el mostrador. El deleite en el detalle. La voluptuosa ronquera en el cuchicheo. La mirada erizada de secretos, idéntica a las de las niñas que salieron remolonas de su escondite para despedirse con cortesía.
El pasado septiembre, los linchamientos volvieron a ese pueblo. Y yo, en vez de ver desfilar ante mí las imágenes carnavalescas, escucho el velado placer de la plática con la tendera y las risillas picosas de las niñas, y siento la comezón del horror recorriéndome el cuerpo.
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1 comentarios:
Carlos Lopez Contreras : (2008-10-06 13:11:32 horas)
Algo muy curioso de este relato es que uno se siente como extraño cuando llega a un pueblo que es parte de Guatemala. No será allí donde debemos ver el origen de nuestros problemas?
1 comentarios: