Jean-François Lyotard ya ha dado tres vueltas en su tumba. Pobre Lyotard.
Por: Rosina Cazali / No lugar rosinacazali@gmail.com
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Jean-François Lyotard ya ha dado tres vueltas en su tumba. Pobre Lyotard. La propuesta de transformar al Ejército guatemalteco en las vías de la posmodernidad descalabra su intento por dar coherencia a toda una serie de fenómenos culturales a los que reconoció como posmodernidad. Hace algunos días, en un canal local, escuché esta nueva estrategia de posicionamiento de las fuerzas armadas de Guatemala. En el afán de mostrar una nueva cara –más allá de la modernidad– se hablaba de una gestión en sintonía con los tiempos. De lo que no se enteraron los ideólogos o asesores de imagen del Ejército es que la idea de posmodernidad, en las enseñanzas de Lyotard y otros pensadores, estaba sujeta a la crítica. No era algo para vanagloriarse, no era un proyecto en sí mismo, sino producto del desencanto de la modernidad, una visión sobre el colapso de las sociedades y la imposibilidad de fundamentar los grandes valores que rigieron épocas pasadas. “Posmoderno indica simplemente un estado de ánimo o mejor, de pensamiento”, decía Lyotard. El filósofo francés consideró que ya estaba pasada la época de los grandes relatos. Criticó con vehemencia los metadiscursos idealistas, iluministas, el cristianismo, el marxismo, el capitalismo, el discurso liberal y neoliberal, como incapaces de conducir a la verdad. Si la vida militar es un metarelato por sí misma, si todo oficio militar depende de un designio preestablecido, de reglas fundamentadas en la obediencia que se extiende en todas las esferas de sus vidas, en jerarquías, estructuras y autoritarismos reconocidos por los siglos de los siglos, ¿no resulta una contradicción catastrófica asociar a un Ejército a los caprichos de la posmodernidad? En una apreciación superficial, propia de las morales posmodernas, ¿esto significa que el Ejercito pedirá a Emilio Méndez el nuevo diseño de los uniformes, que las bandas marciales entonaran chill out o que la nueva arquitectura de los cuarteles será estilo “viva Las Vegas”? Aún cuando se quiera cambiar el perfil del soldado, libros en lugar de armas, palas a cambio de condecoraciones, un Ejército se alimenta de una lógica representada en la unidad granítica. Ejército y escultura indestructible son uno solo, instalados en la historia en forma de héroe victorioso y prócer nacionalista, algo que ha justificado su rendimiento pero también los mecanismos para dar continuidad a un pacto de silencios sobre sus excesos. Y eso no implica lugar para lo posmoderno. Este se regocija en el relativismo, en la desaparición de los monumentos estables porque se apoyan en valores débiles. Esta reinvención del Ejército que apunta a venderse a sí mismo con una imagen evolucionada es delirante. En mi humilde opinión lo único válido es recuperar la aspiración universal al posmilitarismo. |
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