Ya el Tribunal Supremo Electoral nos fijó el último domingo del próximo enero para ir a decir sí o no en la cacareada consulta popular... ¿Usted ya sabe cómo va a votar?
Sin dejarnos embaucar, y señalando las cosas con objetividad, en esta oportunidad sólo nos referiremos al remiendo que brotó de la mente de quienes no tienen idea de cómo es el Organismo Judicial o pretenden acabar con uno de los organismos del Estado. Definitivamente, la salida de Rodil y compañía no puede tener como precio la minimización de la justicia.
Veámoslo por partes. El exceso de poder que se le confirió al Presidente del Organismo Judicial por la actual legislatura aparece en las arteras reformas que se introdujeron a la Ley del Organismo Judicial, con lo que la política llegó a su clímax dentro de ese organismo. Entonces, con modificar esa ley bastaba para reducir el poder excesivo y también para regular adecuadamente las funciones de la Corte Suprema de Justicia. La forma como se elige a los magistrados, conforme la Constitución, no tiene absolutamente nada que ver y la manera como ahora se cambia, o sea que intervendrán los rectores de las universidades y que no se permitirán elección fuera de los propuestos en la nómina de la comisión de postulación, no era necesaria para cambiar personas. Mucho menos se ha evidenciado la necesidad de aumentar el número de magistrados.
Pero lo peor de todo es la ocurrencia de que la Presidencia de la Corte Suprema de Justicia y el Organismo Judicial sea rotada anualmente. Aquí resulta que, si usted dice sí, tendremos 13 magistrados designados para un período de cinco años, pero sólo cinco de ellos pueden ser presidente (uno por año). Imagínese lo que se viene. El primero pasa seis meses enterándose de los pormenores del cargo y los otros seis preparándose para entregar, en medio de la lucha por la elección entre los restantes 12, que le piden su apoyo; el segundo año ya tendremos un ex presidente que queda sin ganas de afrontar problemas, y así sucesivamente, hasta completar los cinco años en que no se resolvió nada porque a todos sólo les interesaba el apoyo para la elección.
Con ese obvio comportamiento, el período transcurrirá entre luchas intestinas por el poder, entre dimes y diretes, y con el resultado de yo no me siento con fulano ni con perencejo porque no votaron por mí. Y usted se dará cuenta que quien en verdad gobernará en el Organismo Judicial es el vocinglero sindicato con el cual ningún magistrado querrá malquistarse y perder apoyos, aparte de que es la única fuerza organizada dentro del conglomerado. En resumen, una política deleznable para un organismo del Estado.
Pero puede agregarle a esta reformita todavía el hecho de que será la Corte Suprema la que conozca en el futuro los antejuicios contra los diputados (siempre que usted diga sí), con lo que es indudable que la política se moverá al compás de la elección anual de presidente con el interés que se tenga en los consabidos antejuicios, y por favor que no lo traten de engatusar diciéndole que en el Organismo Legislativo y en la Corte de Constitucionalidad también los presidentes se rotan anualmente, porque ninguna de estas instituciones tiene el engranaje administrativo del Organismo Judicial cuyo preliminar conocimiento, para su ulterior manejo, necesita tiempo y esfuerzo.
Bueno, ahora sólo tocamos uno de los geniales remiendos constitucionales. Usted siga pensando, consulte con la almohada (mejor aún si lo hace con los textos constitucionales), y el último de enero sabrá qué hacer con la papeleta y el crayón que le presten.
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