En los meses por venir se tratará de explicar la crisis financiera que azota al mundo, aunque con intensidad diversa, según las regiones del planeta. Se hablará de titulación, de paquetes de hipotecas buenas prime y malas subprime, entremezcladas en instrumentos financieros de dudosa calidad que al devaluarse provocaron la rápida descapitalización de instituciones tan prestigiosas como Lehman Brothers, Dexia, etcétera.
¿Cuál fue el pecado original que llevó a tal cataclismo financiero, más aún, en época de general crecimiento de la economía mundial?
Durante años, los tipos de interés vigentes en los mercados financieros internacionales han sido excepcionalmente bajos. Esto llevó a que los bancos vieran sus beneficios decrecer puesto que: a. Daban préstamos a bajo interés. b. Pagaban simultáneamente algo a sus ahorrantes de manera que su beneficio (“a” menos “b”) disminuía cada vez más.
A alguien, entonces, en Norteamérica, se le ocurrió que los bancos tenían que hacer lo siguiente para mejorar sus beneficios: a. Dar préstamos más arriesgados, por los que podrían cobrar más intereses. b. Compensar el bajo margen de beneficio aumentando el número de operaciones efectuadas (1,000 por poco es más que 100 por poco).
En cuanto a lo primero (créditos arriesgados), decidieron: a. Ofrecer hipotecas a cierto tipo de clientes: los ninja (no income, no job, no assets; o sea, personas sin ingresos fijos, sin empleo seguro, sin propiedades). b. Cobrarles más intereses, por haber más riesgo en dichos préstamos. Por otra parte, se pensó en aprovechar el boom inmobiliario del mercado norteamericano, y fue así que alegremente los prestamistas concedieron créditos hipotecarios por un valor superior al mercado, ya que –se especulaba– esa propiedad en pocos meses valdría más que el valor del préstamo original. Y fue así que surgieron las denominadas “hipotecas subprime” por tener mayor riesgo de impago vis a vis de las hipotecas prime adecuadamente garantizadas. Frente a una economía norteamericana que iba en crecimiento, ese plan marchó adecuadamente durante algunos años. Los ninja pagaban razonablemente los plazos de la hipoteca y, además, como el banco les había dado dinero en exceso de lo que valía su casa, habían podido comprarse un carro, hacer reformas en la casa y eventualmente irse de vacaciones con la familia.
Todo ello a crédito. Finalmente, propios y extraños estaban felices, ya esos billones que recorrían el mundo vía la compra–venta de las subprime dejaban beneficios substanciales a propios y extraños por igual y ayudaban, además, a la economía estadounidense y, de retopón, a la economía mundial.
Pero lo bueno no es eterno, y los mercados son volubles. Y fue así que un día los ninja, debido a vicisitudes de la economía norteamericana, dejaron de pagar sus casas y empezaron a devolverlas a sus prestamistas. Las hipotecas subprime devaluadas se volvieron basura , el sistema financiero internacional se tornó ilíquido y todo ello estalló en las narices de expertos y legos por igual… Y lo demás será historia.
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