El gobierno del Presidente Berger vino a resquebrajar el Estado de Derecho con el irrespeto que tuviera por los períodos constitucionales de las más importantes instituciones de control y, así, tras destituir al Fiscal General de la República designó, para remplazarle, a un diputado de la bancada oficial que había figurado en la nómina que, dos años antes, había elaborado la Comisión Postuladora, cuando es el caso que esta se debió reunir nuevamente, y formular nueva nómina. En el caso del Contralor General de Cuentas, el gobierno anterior permitió que viniese a concluir su período constitucional un funcionario que no tenía ni siquiera los requisitos constitucionales para serlo, y en el caso del Procurador General, le destituyó sin más.
Así empezó el circo de aquel gobierno con el decidido contubernio de múltiples sectores e instrumentalizaron todos juntos la persecución penal, para el regocijo y deleite de sus dueños. Para la espuria satisfacción de sus pasiones. Ya en artículo anterior me referí a la patraña que constituye el proceso que se instruyera en contra del ex vicepresidente de la República, licenciado Juan Francisco Reyes López, proceso digno de figurar en la historia universal de la infamia, siendo la imputación, ¡increíble pero cierto!, el haberle dado dinero en préstamo –dinero propio– al Patronato Antialcohólico, con la “intención” –con esta tesis los delitos quedarían definidos por las intenciones, ¿cómo saberlas?– de que este Patronato no le pagara y, entonces, cuando no le pagara, pudiera emprender un proceso judicial para obtener el pago, pago que si el Patronato no hacía, le permitiría llevar a remate el inmueble en que se encuentra instalado el Patronato, remate en el que participaría el Vicepresidente, varios años después. ¿O es que acaso los procesos judiciales ocurren en segundos? Ya quisiera yo ver a quien vino a formular semejante “acusación”, que la defendiese en un foro académico de cualquier universidad del mundo, donde necesariamente haría el más estrepitoso de los ridículos, tal y como lo hizo entre nosotros… ¿Cuál es el delito, amigo lector? En el caso del ex presidente Portillo, los mismísimos personajes formularon la acusación imputándole, en su caso, el delito de peculado, delito que tan sólo pueden cometer los cuentadantes, calidad que –lo sabe hasta un pésimo estudiante de Derecho– no tiene el Presidente.
Lo que hizo el gobierno de Berger es lo que constituye un verdadero circo prostituyendo, como prostituyó, las instituciones de justicia. Veo que aquellos sectores que sirvieron entonces de comparsas, despotrican ahora en contra de los fallos judiciales sin percatarse que, cuando se prostituye la justicia, prostituida queda y que no cabe que se pretenda “revirginizar” la virginidad perdida. ¿O acaso se puede? La verdad de las cosas es que aquel circo que montaran, ha concluido.
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