Es casi obligatorio referirse al retorno del ex presidente Portillo. Para la gran mayoría de nosotros, su regreso se produjo sorpresivamente. No obstante, su reaparecimiento quizás no tiene nada de sorpresivo en el fondo, ya que seguramente se trata de una estrategia legal de defensa muy bien planificada. Ya ganó el primer escollo, logrando no ir a la cárcel mediante el pago de una fianza que pareciera irrazonablemente baja en relación al monto de los fondos cuya sustracción se le imputa.
Se le acusa del delito de peculado. Este delito lo comete funcionario o empleado público que sustraiga o consienta que otro sustraiga dinero o efectos públicos que tenga a su cargo por razón de sus funciones. Se castiga con prisión de tres a diez años. Sin embargo, ahora se empieza a oír ya que un presidente no tiene dinero o efectos públicos a su cargo al ejercer sus funciones. Y por ello no es posible que cometa este delito. Si esto fuera así, el Ministerio Público habría cometido entonces un “craso error” al pedir la extradición por un delito que, por este tecnicismo, materialmente no podría cometer el acusado. Pero esto finalmente lo deberá decidir un juez.
El tema desatará pasiones. Portillo fue vitoreado por algunas personas al entrar a los tribunales. Pero por otra parte, al leer en la edición electrónica de elPeriódico la noticia, habían más de 80 comentarios en el blog respectivo, la gran mayoría de ellos con manifestaciones de franca desaprobación hacia el ex presidente pero a la vez, confiando muy poco o nada en que se haga justicia en este caso. En otras palabras, la mayoría piensa que, dados los niveles de impunidad en Guatemala, todo esto es parte de una gran mascarada político-jurídica muy bien orquestada.
Tienen así una brasa caliente en sus manos tanto el MP como los tribunales competentes de nuestro país. La de lograr que, mediante el respeto pleno a los principios del debido proceso y de un juicio justo, la acusación que llevó a pedir la extradición de Portillo avance en sus próximas etapas y llegue a dictarse sentencia. Ya veremos si dicha sentencia es absolutoria o condenatoria. Pero debemos confiar en nuestro sistema de administración de justicia. Ojalá, por el bien de todos, que todo esto no sea sólo una fachada bien planificada. Si el tecnicismo antes mencionado provocara una sentencia absolutoria, ¿continuará el MP investigando otros posibles delitos que se le imputan a Alfonso Portillo?
Agregar comentario:
5 comentarios: