El presidente George W. Bush está usando una buena parte de su tiempo en consultas con líderes europeos sobre cómo poner fin a la crisis financiera global. Debería pedirle consejo a México y a otros países latinoamericanos que lograron recobrarse de sus debacles financieras.
Varios economistas internacionales dicen que Estados Unidos podría aprender algunas lecciones de la crisis financiera mexicana de 1994, que sacudió a los mercados mundiales y que terminó con un enorme paquete de rescate de Estados Unidos y el FMI.
Claudio Loser, que era director del departamento latinoamericano del FMI durante la crisis mexicana, escribió esta semana en el boletín informativo electrónico Latin American Advisor que un informe del FMI de 2005, sobre las crisis bancarias latinoamericanas, nos demuestra cómo la historia se repite.
Si tomamos las palabras “México” y “1994” en ese informe del FMI y las reemplazamos por “Estados Unidos” y “2008”, las similitudes son notables.
“La oleada de quiebras bancarias en México en diciembre de 1994 se produjo luego de un período de liberalización financiera y de proliferación de créditos bancarios, y en ausencia de adecuada regulación y supervisión bancaria”, decía el FMI en el 2005. “Cuando la mala calidad de las carteras de préstamos de los bancos mexicanos se hizo evidente, las cotizaciones de la moneda, las acciones y los precios inmobiliarios cayeron en picada, reduciendo todos los valores y provocando grandes pérdidas a los bancos”.
Para detener la hemorragia financiera mexicana, el entonces presidente Bill Clinton y el FMI rescataron la economía mexicana con un plan de salvataje de US$38 millardos, es decir alrededor del 10 por ciento del Producto Bruto mexicano de ese momento. Eso no fue demasiado diferente, en términos proporcionales a la economía nacional, del reciente plan de rescate de $700 millardos aprobado por el Congreso de Estados Unidos, sumado a otros paquetes de estímulo aprobados por el Gobierno norteamericano, según dice Loser.
Una vez que Washington y el FMI desembolsaron el dinero, México mejoró la supervisión del sector financiero con nuevas regulaciones. Eso produjo el colapso de varios bancos, y la fusión de otros, tal como está ocurriendo en Estados Unidos hoy. Aunque el rescate bancario mexicano estuvo acompañado de serias acusaciones de corrupción, México se recuperó y pagó su deuda a Estados Unidos y al FMI a principios de 1997, dos años antes de su vencimiento, con una ganancia neta para el Tesoro de Estados Unidos.
¿Qué lección tendría que aprender Washington de México?, pregunto a Loser.
“La principal lección es que los paquetes de rescate financiero y las nuevas regulaciones no son suficientes si no se adopta un plan de austeridad con recortes del gasto público para poner la casa en orden”, me dijo Loser. “México lo hizo y ahora lo tiene que hacer EE.UU.”.
Loser señala que hacer estas cosas de inmediato podría empeorar la actual parálisis económica, pero Washington tendrá que adoptar estas medidas en los próximos meses. Entre otras cosas, Washington tendrá que pensar en reducir excepciones impositivas a grandes corporaciones, disminuir los programas de ayuda social y aumentar los impuestos.
Mi opinión: estoy de acuerdo. Washington debe aplicar el mismo remedio que prescribió a los países latinoamericanos durante sus respectivas crisis financieras y, adoptar un plan de austeridad con reducciones del gasto del Gobierno (yo empezaría por los subsidios agrícolas). Si no se aplica un paquete de austeridad, el rescate actual no mitigará los temores de Wall Street y el resto del mundo.
Me preocupó al ver el debate presidencial del martes que el senador Barack Obama y el senador John McCain continuaron haciendo grandes promesas, como si en el mundo no hubiera pasado nada.
¿Acaso McCain realmente cree que podrá darle a las familias un crédito impositivo de US$5 mil para cubrir los costos de servicios médicos en el nuevo clima económico? ¿Acaso Obama realmente cree que el próximo gobierno podrá lograr asistencia médica para 45 millones de estadounidenses que no tienen seguro de salud?
Se están engañando y nos están engañando a nosotros. El tercer debate presidencial debería cancelarse para ser reemplazado por una prueba con un detector de mentiras en la que Obama y McCain deberían contestar si creen realmente que podrán cumplir sus respectivas promesas económicas. Probablemente saldrían reprobados.
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