El martes, el aparato propagandístico del gobierno de Álvaro Colom cubrió el Palacio Nacional con gigantescos afiches en los que resaltan los rostros de Oliverio Castañeda, Jacobo Arbenz Guzmán y Juan José Arévalo.
El miércoles agregaron una elefantiásica reproducción del 4o. panel de los murales pintados en 1954, en el Salón del Pueblo del Congreso de la República, por Juan de Dios González, Víctor Manuel Aragón y Miguel Ángel Ceballos, cuyo tema es alusivo también a la Revolución de 1944 y al protagonismo que tuvieron los gobiernos del doctor Arévalo y del coronel Arbenz.
Hasta donde pude averiguar, la iniciativa corresponde al propio Presidente, aunque los detalles de su realización y, posiblemente, la inclusión o exclusión de tópicos y actores de este proceso fundamental de la historia guatemalteca no haya estado bajo su control. Por ejemplo, la infortunada selección de colores que enmarcan las figuras, el rojo y el negro, coincidentemente los que utiliza en su bandera el Frente Sandinista de Liberación Nacional.
Por otra parte, me imagino que aparte de la paleta tonal elegida, los aficionados a la semiótica política estarán ya empeñados en interpretar cuál es la lectura preferente que el actual régimen quiere darnos, al omitir de los protagonistas de la gesta del 20 de Octubre al coronel Francisco Javier Arana y al ciudadano Jorge Toriello Garrido. Sin el concurso del coronel Arana hubiese sido imposible disponer de los blindados y las piezas de artillería de la Guardia de Honor, que fueron esenciales para someter al castillo de San José y que dieron la demostración de fuerza necesaria para obligar al general Federico Ponce Vaides a renunciar de la Presidencia. Y por supuesto, sin Jorge Toriello Garrrido, la gente bien capitalina, uno de los ejes del descontento, no hubiera estado representada en la Junta Revolucionaria, con lo cual el movimiento no hubiese pasado de ser otra asonada militar. Probablemente, si la elección del rojo y el negro fue consciente, el coronel y el ciudadano han sido descartados por ser muy derechistas para este Gobierno que, ya se ve, quiere representarse como de izquierda revolucionaria.
Ahora bien, en términos de relevancia histórica, independientemente de las circunstancias ominosas que rodearon la muerte de Oliverio Castañeda, ¿lo pondría usted a la altura de Arévalo y Arbenz? ¿Puede equipararse el legado como líder estudiantil del malogrado Castañeda a las instituciones y leyes que impulsaron los dos presidentes, para renovar al sistema político y a la sociedad guatemalteca? Yo solamente pregunto…
Haciendo abstracción de los criterios que guiaron el diseño de los banners, es un hecho que Colom desea ser visto como continuador de esa etapa de profundas transformaciones. Aunque no estoy seguro si lo va a lograr un presidente que rebaja impuestos a monopolios mediáticos y que no muestra el menor pudor en utilizar para sus viajes los aviones de corporaciones que dominan el mercado de bebidas y de gas propano en Guatemala.
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