Luce más viejo que hace cuatro años. Está más gordo que nunca y su mirada refleja una mezcla entre el cinismo y el odio. Tiene una sonrisa iracunda, que lo delata dispuesto a desafiar a todo y a todos. En su rostro no se ve miedo. El ex presidente Alfonso Portillo ha regresado empoderado, así lo delatan las fotografías. Atrás quedó aquel nefasto 18 de febrero de 2004, cuando Portillo huyó del país por la puerta de atrás acusado de peculado por Q120 millones y malversación de fondos. Luego de cuatro años de exilio viviendo a cuerpo de rey, Portillo se entregó voluntariamente a la justicia mexicana y regresó a chapinlandia. Pero no nos equivoquemos. Esta extradición voluntaria es parte de un burdo show político, donde los jueces, Ministerio Público y hasta el mismo Gobierno de Álvaro Colom, realizaron una serie de componendas, arreglos políticos y financieros con Portillo. Tres horas y media fueron suficientes para que Portillo recobrara su libertad. El juez Julio Jerónimo le puso una generosa fianza de Q1 millón, cifra modesta y desproporcionada para el monto que Portillo está acusado de defraudar.
La llegada de Portillo resulta una afrenta para el sistema de justicia, que nuevamente se pondrá a prueba. Pero también es una decepción más para los guatemaltecos que hemos dejado de confiar en el sistema de justicia y las instituciones del Estado, porque estas se han prestado a la politiquería sucia y a las maniobras “huisacheras”. Es evidente que Portillo tenía su circo preparado. Basta ver las pancartas que simpatizantes del FRG portaban a su salida del aeropuerto y los simpatizantes apostados en los tribunales para victorearlo, para percatarnos de la rapidez con la que actúa el partido de la manita, quien demostró su maestría en movilizar masas durante el Jueves Negro, donde fueron capaces de soltar a una turba de maleantes para destruir las calles de la ciudad. También llama la atención, que la mafia corporativa en pleno del FRG, haya abandonado sus labores en el Congreso para apersonarse a las torres de tribunales a expresar el apoyo a su ex presidente. Desde el general chusema Efraín Ríos Montt, hasta los máximos dirigentes del Jueves Negro, Jorge e Iván Arévalo, Arístides Crespo, estuvieron presentes para darle la bienvenida a Portillo.
Por otro lado, no se puede pasar por alto que la plana del Estado Mayor de Alfonso Portillo ha estado vinculada con Álvaro Colom y la UNE. Recordemos que Jacobo Salán Sánchez, mano derecha de Portillo, que también fue vinculado en sus escándalos de corrupción, fungió como parte de la seguridad de Colom en su campaña y este fue el detonante por el que José Carlos Marroquín abandonó el partido. Seguramente, en el Congreso también se realizaron componendas entre los oficialistas y eferregistas para conseguir apoyo en temas críticos, como la agenda legislativa de seguridad, aprobaciones del cuestionado presupuesto de 2009 y apoyo para el nuevo presidente del Congreso. Resulta también dudoso que Portillo haya esperado cuatro años, hasta que hubo cambio de fiscal y Gobierno, para regresar al país.
Antes de que Portillo fuera Presidente, era un hombre pobre. Pero su paso por el Gobierno le dejó muchos millones y amistades peligrosas, que seguramente serán hoy su refugio y cobijo. Gozando de las prebendas que otorga un país carente de jueces justos y morales, Portillo podrá disfrutar, a cuerpo de rey, sus millones.
Seguramente, en las próximas semanas sabremos de los bacanales que organizará en su mansión de Zacapa, donde con un buen tequila podrá brindar acompañado del chicharrón con yuca para saborear el delicioso sabor que tiene la impunidad.
Yo, como periodista, perdí hace muchos años la capacidad de asombrarme. En Guatemala vivimos día a día el realismo mágico, y hemos visto muertos acarrear basura.
Así es que no me sorprenderá ver también en los próximos días, al Pollo Ronco haciendo giras para proclamarse como el Presidente de los pobres que ha regresado para rescatarlos de la tiranía de los ricos y darles la redención eterna. Tampoco me extrañará ver a cientos de ignorantes aplaudirle, olvidándose que Portillo y su mafia son los responsables de que sigamos sumidos en la miseria, porque la corrupción que hicieron, como el dinero del Estado desviado a cuentas de Panamá, los fondos que recibieron de Taiwán y los millones que fueron transferidos al Ejército o cobrados en efectivos por el Estado Mayor de Portillo, son delitos de lesa humanidad.
Ahora, entre otras cosas, le tocará a los tribunales dictaminar qué paso con los Q120 millones que Portillo transfirió para el Ministerio de la Defensa y, que luego fueron a parar en efectivo a manos del prófugo José Armando Llort, ex presidente del Crédito Hipotecario Nacional, financista de campaña de Portillo y ahora flamante testigo protegido en EE.UU. dedicado a acusar a sus socios narcotraficantes.
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