Hugo Chávez acaba de declarar que Fidel Castro es su padre. Asegura que constantemente lo llama y le dice lo que tiene que hacer. Hugo lo obedece solícito, como un hijo bueno que admira la sabiduría de su anciano progenitor. “Más sabe el diablo por viejo que por diablo” ha dicho entre risas el venezolano. Chávez ríe mucho, canta, y provoca mucha risa. Fidel se ríe menos, porque tiene una dentadura postiza huidiza, y jamás canta, porque lo hace muy mal y padece de un miedo atroz al ridículo, pero le manda cartas y “papelitos” para iluminarlo.
Chávez recibe esas lecciones y sugerencias con gran ilusión y las comenta en su reality show semanal ¡Aló, presidente!
En estos días, Castro le explicó a Chávez cómo construir un nuevo sistema financiero internacional. Es verdad que Cuba es un país arruinado, pero Fidel insiste en que sabe mucho de finanzas internacionales. Puede ser. Según la revista Forbes, su fortuna situada en el exterior está entre las mayores del mundo. A esa plata la llaman en Cuba “las cuentas del Comandante”, y todos en la Isla esperaban que la usara para ayudar a paliar la reciente catástrofe provocada por los dos ciclones, pero a Fidel no le pareció una buena idea.Para Fidel fue una bendición que a estas alturas de su vida apareciera Hugo Chávez y se declarara su discípulo, hijo amado, y apóstol del socialismo colectivista, en una época en la que esas arcaicas creencias habían sido jubiladas. Su tragedia personal era que en Cuba, desde hace años, ya nadie le hacía caso. Hugo Chávez, a su vez, es un huérfano crónico en busca de una figura paterna a la cual vincularse.
Hace 20 años, se declaró hijo de Norberto Ceresole, un argentino fascista que había mezclado el peronismo con el Islam y predicaba las virtudes del Libro verde de Gadafi. Chávez era muy feliz con Ceresole, hasta que lo repudió y adoptó a Fidel como padre.
Es curiosa la manera que tiene Chávez de forjar sus alianzas políticas. Lleva estos vínculos al plano familiar. Además de sus hermanos Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega, ya habla de mi hermano Putin, y de mi hermano Ahmadineyad, el tiranillo iraní empeñado en borrar del mapa a Israel. No está claro si a estos hermanos los colocó bajo la paternidad de Fidel Castro, o si sólo son hermanos por parte de madre, o por parte de Bolívar, de cuyo ADN también se apropió.
¿Qué le pasará a Chávez cuando Fidel Castro muera y dejen de fluir los papelitos y las ideas delirantes? ¿Se sentirá desamparado y caerá en un estado de profunda melancolía, o saldrá a adoptar a otra figura paterna que le compense su profunda inseguridad? No lo sé. América Latina no es un territorio propicio para el análisis político. Allí hay que gritar “¡Prozac o muerte!”.
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