Carmelo Torrebiarte y Fundesa: dos nombres que se enlazan y, para la historia de esta institución, parecen uno solo. Durante la larga devoción y dedicación que ha tenido Carmelo como plan de trabajo para esta entidad, no utiliza ninguna otra herramienta que dos palabras: sueño y realidad. Así son las aspiraciones que convierten muchos proyectos en obra.
La generosa dedicación de Carmelo a Fundesa dura y perdura a la distancia. Su denodada lucha por sacar adelante los retos que tiene Guatemala, sólo pueden lograrse con apoyo al desarrollo y éstos caen como anillo al dedo en la filosofía que tiene por nombre esta fundación: “Fundación Para el Desarrollo”.
El criterio de una persona conocedora de nuestra realidad, de nuestra riqueza natural y de la interpretación de momentos álgidos son su banco de recursos. Siempre considera el ex presidente de Fundesa, que sólo una estrategia nacional podía favorecer el crecimiento del país. Comentando en una oportunidad las fórmulas de solución para sacar a Guatemala del pantano tercermundista, Carmelo me dijo algo que quedó grabado en mi mente: “Guatemala debe ser la hortaliza del mundo”.
Cuando viajo a Quetzaltenango por el altiplano occidental y miro aquellos lindos paisajes de terrazas llenas de verdura en Almolonga, la “Hortaliza de América”, siempre pienso que Carmelo tiene toda la razón. Ya el banderazo de salida está allí, ya la carpintería artesanal está a simple vista, ya sólo falta quien tome la iniciativa y le den el impulso mayor para desarrollar un proyecto a gran escala. Con agricultores preparados con salud y educación, que cuenten con las más altas técnicas para una producción masiva, es el cambio que necesita el país.
El efecto multiplicador avanzará por sí solo en esta tierra con vocación natural para el cultivo de granos, vegetales y frutas. Patria bendita. Paraíso terrenal. Siempre pienso en lo dicho por Carmelo. Miro cómo la pequeña y mediana empresa es el rumbo natural, elemento original. Solamente hace falta iniciativa. Lo demás es cuenta y riesgo de los agricultores y comerciantes, dedicados como auténticos trabajadores del campo.
Este es un momento oportuno para decir: hacen falta empresarios como Carmelo y trabajadores con apoyo del Estado. Su legado es en obras y no en palabras.
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